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Manejo

¿Cómo controlar las diarreas en los terneros de rodeos de cría?

Los Dres. Giraudo y Lombardelli remarcan la importancia del diagnóstico de laboratorio para tomar decisiones de manejo en la cría de terneros.

2 de septiembre de 2026 - 13:04

La diarrea neonatal sigue siendo uno de los principales desafíos sanitarios de los rodeos de cría, no solo por la diversidad de agentes infecciosos involucrados, sino también porque su aparición depende de múltiples factores vinculados al ambiente, el manejo, el calostrado y la exposición de los terneros a los patógenos.

Frente a esta complejidad, los Dres. José A. Giraudo y Joaquín Lombardelli advierten que identificar un agente aislado no siempre explica por sí solo el origen de un brote y remarcan la importancia del diagnóstico de laboratorio para orientar las decisiones sanitarias.

Su propuesta pone el foco en un abordaje integral: reducir la exposición de los terneros a los agentes infecciosos, maximizar su resistencia mediante un correcto calostrado y la vacunación preparto, y actuar de manera temprana sobre los animales enfermos. En ese esquema, el manejo de los lotes de parición, la segregación por edades, la hidratación y el uso racional de antibióticos aparecen como herramientas centrales para disminuir la morbilidad y la mortalidad.

Agentes infecciosos más frecuentes

Numerosos agentes infecciosos han sido recuperados de terneros con diarrea. Entre los más frecuentes se encuentran bacterias como Escherichia coli y Salmonella spp., virus como Rotavirus y Coronavirus, y protozoarios como Cryptosporidium spp., siendo el Rotavirus el principal causante de los cuadros en nuestros rodeos.

El Rotavirus y el Cryptosporidium son agentes comunes a la mayoría de los rodeos de cría, y pueden recuperarse incluso de terneros sanos, en rodeos que no están atravesando un brote de diarrea. Conocer el nombre del agente aislado en un ternero enfermo puede explicar la causa inmediata de su enfermedad o muerte, pero rara vez explica por sí solo el origen del brote, ni aporta una solución completa para su tratamiento, control o prevención.

Además, es habitual que en un mismo brote se recuperen varios agentes en forma simultánea, lo que sugiere que más de un patógeno suele estar involucrado. El rodeo de vacas adultas actúa comúnmente como la fuente de estos patógenos de un año a otro, contaminando el ambiente de parición para la temporada siguiente.

Dado que distintos agentes pueden producir cuadros clínicos muy similares, pero requieren medidas de control y tratamiento diferentes, un diagnóstico basado solo en la observación clínica nunca reemplaza al diagnóstico de laboratorio. Confirmar cuál o cuáles son los agentes responsables del brote le permite al veterinario actuante orientar con precisión las medidas de control, decidir si está justificado vacunar y definir un tratamiento racional, evitando por ejemplo el uso innecesario de antibióticos frente a un brote de origen viral o parasitario.

Por eso es fundamental que, ante cada brote, el veterinario actuante colecte materia fecal de 3 a 5 terneros con diarrea -en lo posible sin tratamiento previo y en la fase aguda del cuadro-, en bolsas o recipientes plásticos individuales, correctamente identificados y conservados en frío, y las remita sin demora a un laboratorio de diagnóstico. Sin esta información, cualquier plan de control corre el riesgo de estar mal dirigido.

Factores que predisponen a la ocurrencia de las diarreas

Las diarreas deben considerarse como una enfermedad multifactorial. Alguno de factores que determinan el porcentaje de terneros enfermos y la gravedad del cuadro son: los partos en ambientes muy polucionados, malos calostrados (más frecuente en vaquillonas), cambios brucos de temperatura ambiental, hacinamiento, ausencia de vacunas, co-infecciones entre agentes patógenos, convivencia de terneros paridos con mucha diferencia de edad.

¿Cómo controlamos las diarreas?

Debemos atender a tres principios básicos de prevención y control: Reducir la exposición a los agentes patógenos, maximizar la resistencia no específica y específica y el tratamiento de los terneros enfermos.

1) Reducir la exposición a los agentes

En los rodeos con endemismo de diarrea y con manejos convencionales, a medida que transcurre la parición aumenta en número de terneros enfermos, la severidad y disminuye la edad de los afectados.

Para reducir la exposición a los patógenos es necesario adoptar medidas de manejo, como tener en el campo lotes limpios chicos o un lote grande (que puede dividirse con alambre eléctrico doble), destinados a la parición o lactancia. Entendemos por lotes limpios a pasturas que no han tenido pariciones ni lactancia el año anterior o lotes con cultivados anuales.

Las vacas preñadas se deben incorporar en un lote de partos pocos 1 a 2 semanas antes del mismo. Una vez paridas estas vacas retirarlas cuando su ternero pueda ser arreado (24-48 hs de nacidos). Estos animales con sus crías al pie incorporarlos a un lote de lactancia donde permanecerán un mínimo de 30 días. Sería conveniente trabajar con rodeos de entre 70 y 100 vacas y que los terneros que nazcan no tengan más de 15 días entre ellos.

En épocas de parición en lotes de lactancia no se recomienda utilizar pastoreo rotativo y las aéreas destinadas a la alimentación (lugares para administrar rollo, bateas para suplementar sales o grano), deben rotarse cada 5 días y separarse de los bebederos.

En diarrea grave, se recomienda rehidratar al ternero por vía endovenosa o intraperitoneal.

En diarrea grave, se recomienda rehidratar al ternero por vía endovenosa o intraperitoneal.

Para minimizar el estrés que produce el movimiento de madres con crías y tener certeza en el aparte de madre e hijo a los lotes de lactancia como indicamos anteriormente, la Universidad de Nebraska experimentó y aplicó un manejo conocido como “Sistema de Parición Sandhills”. Su objetivo es recrear, semana a semana, las condiciones favorables que existen al inicio de la parición: un potrero que las vacas no ocuparon en los meses previos y la ausencia de terneros de mayor edad que puedan contagiar a los recién nacidos.

Para lograrlo, las vacas preñadas ingresan a un primer potrero apenas comienza la parición y permanecen allí durante dos semanas; pasado ese plazo, las vacas que todavía no parieron se trasladan a un segundo potrero, mientras que las parejas madre-cría ya formadas quedan en el potrero de origen.

Esta rotación se repite cada 7 a 10 días (o cada vez que se acumulan alrededor de 100 partos), de modo que en cada potrero conviven terneros con no más de 7 a 10 días de diferencia de edad entre sí. Los grupos de madre-cría de distintos potreros recién pueden juntarse cuando el ternero más chico supera las cuatro semanas de vida, momento en el que el riesgo de diarrea neonatal ya es bajo.

Los dos pilares del sistema son, entonces, la segregación por edad que corta la transmisión seriada de patógenos de terneros grandes a chicos y el movimiento frecuente de las vacas preñadas a potreros limpios que evita la acumulación de patógenos en el ambiente de parición.

Productores que lo aplicaron reportaron reducciones sostenidas en la morbilidad y mortalidad por diarrea neonatal y una notable disminución en el uso de medicamentos, aunque su implementación exige planificar de antemano el número y tamaño de los potreros disponibles, en función de la cantidad de partos esperados por semana.

Los terneros con diarrea deben apartarse junto a sus madres y llevarlos a un lote de enfermería, que, en lo posible, debería ubicar cerca la una manga para facilitar las tareas de tratamiento. Su permanencia en la enfermería debe ser hasta una semana después de finalizada la diarrea.

2) Maximizar la resistencia no específica y específica

• Correcto calostrado: Realizar recorridas periódicas (2 o 3 veces diarias), especialmente en rodeos de vaquillonas. Esta medida es útil para detectar distocias y colaborar con el ternero para que se ponga de pie y mame. Si el ternero no consumió calostro en las primeras 24 hs (por falta de aptitud materna o distocia), si fuera posible, llevar la madre a una manga, sujetarla y permitir mamar por una puerta lateral o de lo contrario ofrecer calostro comercial (ya sea con mamadera o administrar con sonda gastroesofágica).

• Uso de vacunas en madres pre-parto: El uso de vacunas reduce la ocurrencia de diarreas y la severidad de la misma. En nuestro país se comercializan vacunas inactivadas con adyuvante oleoso que poseen antígenos de Rotavirus, Coronavirus y Echerichia coli Cepa J5. Deben vacunarse las hembras preñadas (vacas y vaquillonas), aplicando dos dosis a los 60-50 y 30-15 días antes de que inicie la parición. Las vacas adultas se deben revacunar anualmente con dos dosis. Si la parición es muy extendida en el tiempo (4 meses, por ejemplo), aplicar una tercera dosis a los 60 días de comenzada la parición a aquellas hembras sin ternero al pie.

Si la única medida que se aplica es el plan de vacunación, debe tenerse en cuenta que la reducción de la aparición de casos es paulatina y ocurre después del segundo o tercer año de haber iniciado el plan.

Hay Médicos Veterinarios que reportan mejores resultados en vaquillonas, aplicando dos dosis con 30 días de intervalo al inicio del servicio y después las dos dosis pre parto.

3) Tratamiento de los terneros enfermos

En todos los cuadros de diarrea se debe hidratar. Si el cuadro es leve (presentando diarrea pastosa), la hidratación debe realizarse por vía oral (Fig. 2). Si el cuadro es grave (aparición aguda con diarrea líquida) el tratamiento debe ser vía endovenosa. La aplicación de fluidos por vía endovenosa es dificultosa, por lo que recomendamos que lo realice un veterinario o capacitar a los recorredores.

Es conveniente detectar los enfermos lo antes posible y tratarlos por vía oral. En todos los campos se recomienda capacitar adecuadamente a los recorredores para que, cuando sea necesario, puedan hacer los tratamientos por vía oral con sonda esofágica o subcutánea y/o intraperitoneal.

Con respecto al volumen de líquido a reponer, si bien existen fórmulas que consideran el porcentaje de deshidratación y el peso del ternero, en la práctica se recomienda 2 litros de solución rehidratante, 2 veces al día y durante 2 días.

El uso de antiinflamatorios no esteroidales (AINEs) está indicado cuando hay signos de inflamación o dolor. El uso de antibióticos, en cambio, no debe ser sistemático: su indicación requiere un diagnóstico preciso -que incluya examen clínico completo, con toma de temperatura rectal- y debe quedar sujeto a la prescripción de un médico veterinario, reservándose para los casos en que se confirme o se sospeche fundadamente una infección bacteriana concurrente (por ejemplo, fiebre, decaimiento marcado o signos de septicemia).

En esos casos, las familias de antibióticos habitualmente utilizadas son las Fluoroquinolonas, los Anfenicoles, las Aminopenicilinas o las Sulfas inyectables, siempre bajo indicación veterinaria y nunca como respuesta automática frente a cualquier diarrea.

Conviene recordar el orden de prioridades del tratamiento: primero el diagnóstico precoz -idealmente apoyado en un test rápido que permita confirmar el agente involucrado ya desde los primeros casos del brote-, luego el sostén vital -la hidratación oral o endovenosa según la gravedad, que sigue siendo la base insustituible del tratamiento-, y recién después, si corresponde, el tratamiento específico. Para los casos confirmados de Cryptosporidium, en Argentina se dispone de Paromomicina y de Halofuginona, fármacos de eficacia parcial y uso preventivo o metafiláctico, que también deben emplearse bajo indicación veterinaria.

No existe una “bala de plata” farmacológica para las diarreas del ternero: la solución es siempre sistémica, combinando la reducción de la exposición, la maximización de la resistencia y este soporte clínico oportuno.

Acerca de los autores

El Dr. José A. Giraudo es profesor emérito de la Universidad Nacional de Río Cuarto y director del Laboratorio de Salud Animal (LASA).

El Dr. Joaquín Lombardelli profesor adjunto de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

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