¿Vale la pena insistir sobre mensajes que no fueron escuchados en su momento? Más allá del desgaste emocional que la venta cotidiana genera, es el momento de tomar impulso y volver a empezar.
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SUSCRIBITE¿Vale la pena insistir sobre mensajes que no fueron escuchados en su momento? Más allá del desgaste emocional que la venta cotidiana genera, es el momento de tomar impulso y volver a empezar.
Vender no es para cualquiera. Diversos son los motivos que podríamos esgrimir para argumentar este concepto inicial, pero en estas líneas nos centraremos solo en algunos de ellos.
En primer lugar, vale insistir en aquello de que vender no tiene nada que ver con engañar, ocultar o ventajear al otro, tal como en muchas películas suele plantearse a través de diálogos llevados adelante en galpones colmados de autos usados.
“Vender no es una mala palabra. De hecho es uno de los oficios más antiguos de toda la humanidad”, suelen decirnos quienes intentan salir de esa y otras estigmatizaciones ya pasadas de moda.
Más allá de esto, no es para cualquiera por el desgaste físico, mental y emocional que las acciones a realizar para lograr los objetivos comerciales requieren.
“Tenemos que reconvertirnos y pasar a ser vendedores más profesionales, capaces de atrapar emocionalmente a los clientes y lograr que den soluciones a necesidades que ya tienen”, escuchamos también de boca de aquellos que hace años se desenvuelven en el tema y siguen mostrándose apasionados para con el mismo. Se puede vender desde la razón, desde la emoción y hasta desde lo ideológico. ¿O no?
Alguien que ofrece servicios y productos por cuya comercialización logra sus únicos ingresos, debe empezar y terminar el mismo trabajo todos los días.
Bien los vendedores de los laboratorios veterinarios o de las distribuidoras locales podrían dar muestra de lo que representan los cierre de mes, los objetivos semestrales y los estimados anuales, entre otros tantos “calendarios giratorios” que podríamos mencionar.
Un caso paradigmático es el del veterinario del interior del país.
Ese asesor veterinario vende, todo el tiempo y aunque no quiera. Y vale aquí volver a un concepto central: cuando hablamos de vender, nos referimos también al servicio y conocimiento de los profesionales.
En los últimos meses se ha hecho notorio (al menos en las noticias) un cambio de ánimo fundamentalmente en los ganaderos.
Esto es clave, pensando en que a la hora de plantear aquello de la venta emocional o racional, los veterinarios chocaron siempre con el descontento político, económico, social y hasta cultural de sus clientes.
Situación que hoy se ha modificado.
¿Y con eso alcanza para que nos compren? No, en absoluto.
De hecho, ahora es el momento de tomar aire y volver a empezar.
Se vienen épocas clave para ofrecer servicios y tecnologías destinadas a los toros, a los terneros destetados, etc.
Es el momento justo y estratégico de hacer las propuestas.
Poco importa si las deudas en la calle de las veterinarias son cada vez mayores, poco podemos hacer con el cansancio y la frustración de haber fracasado una y mil veces con la comunicación, es ahora el momento de avanzar sobre ese cambio de ánimo, destacando las ventajas “emocionales” de invertir en una producción llamada a tener un gran año.
¿Y si con eso no alcanza?
Habrá que ser racionales, fríos y mostrar los números que expliquen por qué es mejor vacunar, suplementar y desparasitar a no hacerlo… Sí. Otra vez.
