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En la entrega de la edición anterior (click aquí) comenzamos a desarrollar lo que sucede cuando el personal vinculado a la ganadería recibe los primeros conocimientos sobre bienestar animal en, por ejemplo, alguna jornada de capacitación específica.
Allí muchas veces se plantea, con toda lógica, la siguiente duda: ¿por dónde se empieza para aplicar estos conceptos y recibir sus beneficios?
En realidad, los humanos pensamos que los animales (todos) perciben al entorno en donde viven de la misma manera que nosotros y esta idea es totalmente equivocada. En resumen: para comenzar a aplicar los principios del bienestar animal en la especie bovina se debe partir del conocimiento de cómo piensan / reaccionan los animales ante nuestros requerimientos / deseos.
Es decir, poder entender cómo funcionan sus sentidos.
En la última edición, abordamos el concepto de “visión” (ya disponible en motivar.com.ar) y, a continuación, desarrollaremos otros dos sentidos.
Se sabe que los animales son sensibles a los sonidos de alta frecuencia, como chiflidos, alaridos y ruidos metálicos.
Por eso y a la hora de trabajar con ellos, se pueden utilizar sonidos suaves como las vocalizaciones amigables por parte del personal y no gritos, ni resoplidos que -en general- cansan a todos los que están trabajando en el corral y solo asustan más a los animales. Podemos iniciar una serie de vocalizaciones de comunicación que estresen a todo el grupo inclusive antes de iniciar el trabajo (Grandin).
Aimar y col (2010), por su parte, afirman que su capacidad para ubicar el origen del sonido no es buena, más si son intermitentes; razón por la cual al oír ladridos o gritos se alteran.
El sentido del olfato es mucho más agudo en el ganado que en los humanos, al tiempo que es dificultoso para nosotros imaginar la información ambiental que los bovinos reciben por medio del olfato.
El ganado tiene un órgano olfatorio accesorio denominado “vomeronasal”, localizado entre la boca y la cavidad nasal. Esta estructura capacita a los animales para hacer ultra finas discriminaciones entre olores que los humanos aún no pueden detectar.
Cuando un toro realiza el fleming (olfatear la orina de la hembra para saber si está en celo y ensortijado de los labios), inspira moléculas de olor dentro del órgano vomeronasal para su identificación (Ana Petryna y G. A. Bavera, 2002).
Asimismo, estudios realizados por Grandin (1984) en cerdos y bovinos indicaron que las señales olfatorias pueden transmitir información sobre la especie, el sexo y la identidad del individuo, pudiéndole informar sobre el estado emocional del individuo. Las mismas se generan por la producción de olores corporales, provenientes de secreciones glandulares que pueden permitir la identificación individual durante interacciones directas entre individuos, y por el depósito de olores en el entorno en forma de heces, orina y secreciones de glándulas perianales.
Estas señales olfatorias persisten, permitiendo que una señal pueda comunicar informaciones durante los períodos de ausencia del emisor.
Cuando -en los alrededores de las mangas- dejamos envases de productos veterinarios, estos generan olores que son fácilmente percibidos por los animales.
Si nuestras tareas se desarrollaron con violencia, la próxima vez que transiten por allí, la sola percepción del olor les generará el mismo miedo y estrés.
Por ello, siempre debemos mantener en perfecto grado de higiene el sector, para que el cambio positivo en el trato no se vea perjudicado por el recuerdo dañoso de las malas prácticas.

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