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A estar atentos …

1 de noviembre de 2008 - 00:57

Hace algunos meses que recibimos comentarios de veterinarios de distintas provincias refiriéndose a la muerte de bovinos luego de la aplicación de determinados fármacos. «La semana pasada un productor utilizó un antibiótico larga acción, en envase de 50 c.c. en dos vaquillonas de 220 kilos, con queratoconjuntivits. La aplicación fue intramuscular de 25 c.c en cada una. Tenía seis animales más encerrados, pero el primero salió de la manga, se echó con dificultad respiratoria y murió; otro, con igual sintomatología, también se echó. Allí el productor me llama y cuando llego (esperando el mismo desenlace), el animal se levanta. Lo dejé tranquilo, no hice ningún tratamiento, luego de 30 minutos el animal estaba bien y lo sacamos al potrero», nos comentaban desde Santa Fe.

Más allá del reclamo de este profesional por no haber obtenido respuesta alguna de parte del laboratorio elaborador (situación sobre la cual las empresas deberán focalizarse aún más, para satisfacer de alguna manera las consultas de los veterinarios), el problema existe.

La industria está debatiendo el tema y el Senasa está al tanto de esta situación.

Según los especialistas consultados, no se trataría de un problema de toxicidad, sino posiblemente de una respuesta de hipersensibilidad desencadenada luego del uso de determinados productos.

Si bien algunos ubican a las oxitetraciclinas larga acción como el principal grupo de productos afectados, otros incluyen también a un grupo de antiparasitarios.

Se plantea entonces la necesidad de realizar un trabajo estadístico serio que permita encontrar la causa y la solución al problema. Los productos con los cuales reaccionan los animales son los mismos o muy similares a los que se aplican desde hace muchos años, sin haberse manifestado con anterioridad una situación de este tipo. Por otro lado, se sabe que los animales que han muerto por estas razones se encontraban en distintas regiones, con distintos climas y bajo diferentes sistemas de producción. Ni siquiera compartían, a nivel general, el mismo tipo de alimentación. Es muy probable que exista algún factor común que sensibiliza previamente a todos los bovinos que luego son afectados.

Habrá que analizar entonces cuál es este elemento, cómo llega al animal y de qué manera evitarlo, para que esta realidad no se masifique, generando más problemas que los que ya causó.

No se trata en absoluto de una situación alarmante, ni mucho menos. Tal vez sea esta una oportunidad para diagramar un sistema de farmacovigilancia coordinado por la autoridad sanitaria y que cuente con la participación activa de veterinarios privados y laboratorios.

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