La confirmación de la presencia de Scrapie (tembladera) en la producción ovina argentina ha marcado un punto de inflexión. Lejos de representar el fin de la actividad, especialistas convocados por la Cámara de Productores Ovinos de Córdoba (CAPOC) coinciden en que el brote es una oportunidad para modernizar el manejo, adoptar nuevas tecnologías y desmitificar temores infundados.
Conocer a fondo al agente patógeno, perder el miedo a las trabas comerciales insalvables y apostar por el salto tecnológico de la genotipificación son los pilares de esta nueva etapa.
Ni apocalipsis, ni riesgo para la salud humana
El primer paso para el productor y la industria es "perder el miedo". El médico veterinario Pablo Sorasio y el experto internacional uruguayo Jorge Bonino coincidieron en que la pérdida del estatus de país libre no debe desencadenar pánico ni llevar a políticas de sacrificio masivo e injustificado de animales.
"Guarda con tomar medidas que nos hagan sacrificar un número importantísimo" de ovinos, advirtió Bonino, recordando que con un programa acertado el sector puede recuperar su estatus sanitario en un máximo de ocho años, tiempo estipulado por los protocolos internacionales para que un país pueda volver a ser considerado libre de la enfermedad.
La razón principal para transmitir tranquilidad es que el Scrapie no es una zoonosis. A diferencia de la encefalopatía espongiforme bovina (conocida vulgarmente como "vaca loca"), esta patología "afecta exclusivamente a la producción ovina y caprina. No representa ningún riesgo para el ser humano, por lo que los rumores sobre el cierre de frigoríficos o la paralización del consumo interno carecen de sustento", consideró Sorasio.
De hecho, el especialista comentó que potencias ganaderas como Estados Unidos, Reino Unido y Brasil producen, consumen y exportan genética conviviendo con el Scrapie endémico de manera exitosa. La recuperación de los mercados no depende de la erradicación total e inmediata, sino de demostrar "transparencia, seriedad, responsabilidad y credibilidad" frente a los socios comerciales.
El desafío del diagnóstico veterinario
Para convivir con la enfermedad y controlarla, es fundamental que el sector veterinario comprenda su complejidad clínica. "El Scrapie es una afección neurodegenerativa antiquísima, reportada desde el año 1700. No es causada por un virus ni una bacteria, sino por un prión: una proteína que tiene mal plegado dentro de su ADN y que el organismo no puede degradar. Este prión se multiplica infectando a otras proteínas sanas y generando una encefalopatía espongiforme, llamada así por la cantidad de huequitos que ocasiona en el cerebro o en el cerebelo", explicó Sorasio.
Esta particularidad patológica hace que el diagnóstico confirmatorio en animales vivos sea casi imposible. Para una detección fehaciente, se requiere una necropsia y el envío del cerebelo y el obex para ser analizados mediante técnicas de laboratorio complejas, como Western Blot o microscopía electrónica.
Un factor que dificulta su vigilancia es la extensa incubación: un animal puede portar el prión sin mostrar signos clínicos entre 2 y 5 años, e incluso se reportan casos de más de 8 años de incubación. Aunque la letalidad directa en la majada es muy baja, rondando apenas entre el 2% y el 5%, el impacto radica en este silencio epidemiológico.
Presentación clínica del Scrapie
A nivel clínico, los veterinarios deben distinguir dos presentaciones:
La forma típica: Se caracteriza por un "rascado que normalmente no para", volviéndose tan urticante que los animales se muerden y lastiman. A esto se suma la pérdida de peso, la incoordinación y una notable hipersensibilidad a la luz y los ruidos.
La forma atípica: Descubierta en Noruega en 1998. En esta variante, el rascado es poco común. Lo predominante es la ataxia, una marcha anormal con problemas severos en el tren posterior, y una "mirada fija perdida".
Bioseguridad en las tranqueras: pariciones bajo control
Al no existir tratamiento ni vacuna, la bioseguridad intrapredial es la barrera más efectiva. Sorasio precisó que el mayor índice de transmisión se da durante el periparto, principalmente "a través de las membranas fetales". Por ello, se recomienda extremar el cuidado ambiental durante las pariciones, evitando que los corderos u otras madres entren en contacto con placentas o líquidos placentarios infectados.
En cuanto a la reproducción, si bien el semen puede transmitir la enfermedad, un dato alentador para las cabañas es que "los embriones para la OMSA están declarados como seguros", garantizando una vía libre de riesgo para el intercambio genético internacional.
Genómica y oportunidad para la industria veterinaria
La respuesta definitiva para el control del Scrapie proviene de la ciencia y consolida a la industria de laboratorios veterinarios como aliados estratégicos e indispensables para el productor. Naciones como Australia y Nueva Zelanda lograron la sanidad mediante el uso de la genómica.
Existen perfiles genéticos en los ovinos (como aquellos con el alelo ARR) que los hacen naturalmente resistentes a la enfermedad típica y evitan su propagación. Actualmente, el sector de laboratorios tiene la inmensa oportunidad de acercar "kits" de genotipificación al mercado argentino. Esta tecnología permitirá certificar líneas de sangre y depurar los rebaños de animales susceptibles.
Con el tiempo, las cabañas basarán su oferta comercial en la venta de reproductores genéticamente resistentes. La llegada del Scrapie a la Argentina empuja a la cadena productiva hacia una profesionalización ineludible, donde la vigilancia clínica veterinaria, la bioseguridad y las herramientas de diagnóstico genómico provistas por la industria serán la clave para afianzar el liderazgo ganadero en la región.