Rumiantes

Claves del diagnóstico veterinario ante enfermedades neurológicas

La detección de enfermedades nerviosas exige protocolos específicos. ¿Qué muestras tomar, cómo conservarlas y qué tener en cuenta para mejorar el diagnóstico veterinario en la ganadería?

Por Redacción de MOTIVAR 25 de octubre de 2026 - 10:00

Las enfermedades que afectan al sistema nervioso central y periférico en los rumiantes representan uno de los desafíos más complejos para la sanidad veterinaria y los sistemas productivos. Si bien su frecuencia de aparición suele ser menor en comparación con afecciones digestivas o respiratorias, son de alto impacto económico debido a su elevada letalidad o la posible transmisión al ser humano de muchas de ellas.

Según la última "Guía para el diagnóstico de enfermedades neurológicas de los rumiantes" del INTA Ediciones, "su diagnóstico es complejo ya que requiere la inspección de los órganos que lo componen y de estudios de laboratorio para determinar la etiología", lo que vuelve indispensable estandarizar las técnicas de toma y remisión de muestras a campo.

En el abordaje clínico, la manifestación de estas afecciones suele presentarse de forma diversa y heterogénea según la región anatómica comprometida. Según detallan las pautas de diagnóstico veterinario, "existe un amplio abanico de signos neurológicos: algunos pueden afectar el comportamiento (pica, agresividad), otros el estado del sensorio (decaimiento, depresión, ceguera), otros la posición (ataxia, pérdida de sensibilidad propioceptiva, presión cefálica), y otros los movimientos (parálisis, paresia, pérdida de tono muscular, contracciones clónicas)". Dado que en esquemas extensivos no es infrecuente hallar episodios de muerte súbita sin signos previos observados, el examen clínico debe complementarse exhaustivamente con la caracterización del entorno y del rodeo.

Clasificación etiológica y anamnesis

Para ordenar el abanico patológico, los protocolos vigentes agrupan los trastornos nerviosos en cinco grandes categorías según su origen: metabólicas, tóxicas, infecciosas, parasitarias y misceláneas o de causa desconocida. Entre las metabólicas destacan la hipomagnesemia, la hipocalcemia y la polioencefalomalacia; en el grupo de las tóxicas se incluyen el envenenamiento por plantas tremorgénicas, hepatotóxicos, plomo, organofosforados y Phalaris; mientras que el componente infeccioso abarca desde listeriosis e histofilosis hasta la meningoencefalitis por herpesvirus bovino y la rabia.

En este marco, la recolección de datos epidemiológicos resulta crítica para orientar la sospecha clínica. Debido a ello, "la reseña y anamnesis son imprescindibles al momento de llegar al diagnóstico", considerando factores como la morbilidad, la mortalidad, la categoría de los animales afectados y la presencia de vectores regionales.

Asimismo, se recuerda que patologías de alto impacto zoonótico o sanitario, como la rabia y la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), se encuentran sujetas a normativa epidemiológica estricta, siendo obligatorio "asegurarse de cumplir los requisitos solicitados por la normativa vigente, dando intervención a la autoridad competente en los casos que corresponda".

Protocolos de muestreo en vivo

El diagnóstico en animales vivos clínicamente afectados permite recurrir a diversas herramientas metabólicas y moleculares. Los perfiles bioquímicos en suero u orina facilitan la identificación de fallas renales o hepáticas secundarias, mientras que la sangre entera con anticoagulante posibilita la realización de hemogramas, frotis para hemoparásitos y pruebas de PCR para agentes virales como el virus de la fiebre catarral maligna.

Adicionalmente, el examen coprológico resulta de utilidad para el recuento de ooquistes en casos de coccidiosis nerviosa por Eimeria sp., al tiempo que la evaluación del pH ruminal ayuda a orientar sospechas de acidosis o intoxicación por urea. Sin embargo, cuando se produce el deceso del animal, la necropsia se vuelve la vía definitiva: "es necesario estudiar el SNC ante un caso de enfermedad neurológica", lo que exige abordar y extraer "diferentes secciones del SNC, como encéfalo, médula espinal y líquido cefalorraquídeo (LCR)".

Técnicas anatómicas y bioseguridad

Un aspecto clave señalado en la metodología post mortem es la velocidad de degradación de los tejidos. Aunque el enfriamiento y la fijación temprana son ideales, "el SNC debe inspeccionarse incluso en animales cuya observación sugiera un deterioro marcado del cadáver... ya que generalmente su autólisis ocurre más lentamente que otros tejidos". Antes de la desarticulación craneal, los especialistas recomiendan realizar la extracción de LCR mediante punción con aguja y jeringa "desde ventral de la médula espinal cervical, en la región de la unión atlantooccipital", permitiendo evaluar su turbidez, citología y presencia de microorganismos antes de incidir las meninges.

Para la apertura del cráneo, el protocolo exige remover la piel frontal y realizar cortes óseos estratégicos: dos incisiones longitudinales "2 cm por medial del canto medial de cada ojo" prolongadas oblicuamente hacia el occipital, y un corte transversal "2 cm caudal a los cantos laterales de ambos ojos". Por estrictos motivos de bioseguridad y prevención de accidentes laborales, se advierte de manera categórica que "no se debería utilizar las manos al momento de evaluar la profundidad de los cortes de hueso una vez realizados ya que pequeñas astillas óseas pueden atravesar los guantes y provocar heridas", requiriendo siempre el uso de instrumental quirúrgico.

Conservación y hallazgos patológicos

Durante la extracción completa del encéfalo, es vital seccionar correctamente la duramadre, con especial atención en la "tienda del cerebelo" (pliegue conectivo que separa el cerebelo de los hemisferios cerebrales), la cual "debe cortarse completamente de manera de acceder al encéfalo completo, incluyendo cerebelo y tronco encefálico". Asimismo, en la base del cráneo debe extraerse el paquete compuesto por el ganglio de Gasser, la hipófisis y la rete mirabile, estructuras donde se asientan patógenos específicos como el herpesvirus bovino tipo 5 y el virus de la fiebre catarral maligna.

Para el acondicionamiento, "las muestras para estudios patológicos deben sumergirse en formol al 10 % y conservarse a temperatura ambiente", advirtiendo que la calidad del fijador es determinante para no comprometer la histopatología. El manual subraya la necesidad de remitir el encéfalo completo o dividido sagitalmente, ya que "en caso de remitir fragmentos específicos una porción importante del encéfalo no podrá analizarse, afectándose la probabilidad de llegar a un diagnóstico de certeza". Entre los hallazgos macroscópicos característicos descritos se destacan la hipoplasia cerebelosa por transmisión gestacional de diarrea viral bovina (DVB), la hiperemia frontal por BoHV-5, los focos hemorrágicos en tálamo por Histophilus somni, los granulomas meníngeos de la tuberculosis, la fluorescencia corticocerebral bajo luz UV en polioencefalomalacia nutricional y la pigmentación gris-verdosa en el tallo cerebral asociada a intoxicación por Phalaris spp..

Sobre la guía de diagnóstico veterinario y sus autores

La Guía para el diagnóstico de enfermedades neurológicas de los rumiantes es una publicación que busca aportar información práctica que facilite la extracción de muestras, aporte al diagnóstico a campo y complemente la literatura existente sobre las enfermedades del sistema nervioso.

Sus autores son los investigadores argentinos:

FUENTE: INTA

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