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Desbordados

La odisea de los productores para evacuar el ganado ante la crecida por El Niño

La crecida del Paraná por El Niño obliga a los productores a evacuar miles de bovinos en menos de 30 días, en medio de severas trabas de transporte y campos secos.

Por Redacción de MOTIVAR 16 de octubre de 2026 - 12:19

El fenómeno climático de El Niño desencadenó una grave alerta hidrológica en toda la región del Litoral argentino. Las intensas y continuas lluvias registradas en el sur de Brasil, Misiones y las cuencas superiores de los ríos Uruguay y Paraná provocaron un vertiginoso aumento de los caudales, obligando a represas como Yacyretá e Itaipú a abrir sus compuertas.

Con registros de altura que superaron los niveles de evacuación en el cauce superior —alcanzando entre 28 y 32 metros en la zona de Iguazú—, una imponente masa de agua avanza hacia el sur de la cuenca, amenazando con anegar la mayor parte de las tierras insulares y campos bajos a lo largo de varias provincias.

Esta creciente desató una dramática carrera contra el tiempo para la actividad ganadera del humedal. Se calcula que el avance de las aguas pone en riesgo directo a decenas de miles de vacunos distribuidos en distintos departamentos ribereños. Solamente en la provincia de Corrientes, en localidades como Bella Vista y Goya, hay alrededor de 60.000 animales afectados en zonas insulares y de carrizales.

En el departamento entrerriano de Victoria, frente a Rosario, se estima que unas 30.000 cabezas deben ser desalojadas de urgencia, mientras que en todo el territorio insular de Entre Ríos la masa ganadera expuesta supera las 200.000 cabezas, lo que llevó al gobierno provincial a declarar la Emergencia Hídrica por 180 días.

Un margen de 30 días para actuar

La clave de la emergencia radica en la velocidad con la que sube el cauce fluvial. Con incrementos diarios que oscilan entre los 8 y 12 centímetros, los productores enfrentan un plazo crítico estimado en 30 días o menos para retirar la totalidad de la hacienda antes de que los sectores más bajos queden completamente tapados.

Aunque en el interior de algunas islas el suelo todavía parece firme y el ganado continúa pastoreando, la previsión hidrológica indica que el pico de la crecida comenzará a sentirse con dureza en las próximas semanas, e incluso en zonas más distantes río abajo, como San Pedro en la provincia de Buenos Aires, el impacto principal se aguarda en un lapso de 25 a 30 días.

A diferencia de crisis históricas como la inundación de 2007, en esta ocasión los ganaderos cuentan con la ventaja de la información meteorológica y satelital anticipada. Este monitoreo preventivo ha permitido a muchos establecimientos comenzar los arreos y achicar los rodeos con cierto margen de maniobra antes de que el río alcance los niveles de desborde.

Sin embargo, los dirigentes rurales advierten que tener datos no resuelve el gigantesco desafío logístico que implica trasladar miles de animales a través de vías navegables en un período tan acotado, al tiempo que temen que el verdadero pico de lluvias asociadas a El Niño se extienda hasta fin de año y los primeros meses del verano.

El cuello de botella marítimo y portuario

El operativo de evacuación varía según la ubicación geográfica de cada establecimiento insular. En las islas más cercanas a las costas o zonas de carrizales, los productores han tenido que recurrir a la desesperada medida de realizar arreos a nado para llevar los animales hacia la orilla continental. En cambio, para los campos ubicados ríos adentro, el transporte depende de forma exclusiva de barcazas de carga. La disponibilidad de estas embarcaciones es extremadamente limitada: en departamentos como Bella Vista solo operan dos barcazas capaces de llevar unos 30 animales por viaje para atender a miles de cabezas, mientras que en Goya apenas operan tres embarcaciones habilitadas de flete.

Una vez que las barcazas están cargadas y navegan hacia la costa, surge un severo obstáculo operacional: la escasez de puertos e instalaciones de desembarco aptas. Aunque las sociedades rurales han colaborado con las municipalidades para habilitar nuevos puntos de atracadero, la infraestructura sigue siendo insuficiente para absorber un flujo masivo e intempestivo de embarcaciones. Esto genera un grave cuello de botella portuario, obligando a los barcos cargados a esperar turno durante valiosas horas para poder descargar el ganado en los camiones, lo que incrementa el estrés animal y retrasa el circuito de rescate de las islas golpeadas por la corriente.

Sin pasturas ni refugio en tierra firme para los bovinos

Lograr trasladar el ganado hasta tierra firme no garantiza la solución del problema, ya que la crisis se traslada de inmediato al continente. La dura sequía que afectó previamente a la región dejó los campos continentales con escasa cobertura vegetal y sin capacidad para albergar a los animales evacuados. La oferta de campos de alquiler o pastajera es sumamente reducida y, en muchos casos, los productores denuncian incrementos desmedidos en los costos de arrendamiento. Ante la imposibilidad de conseguir predios donde mantener a sus rodeos, los isleños se ven acorralados entre enviar la hacienda a feedlots o encarar ventas de urgencia.

Esta liquidación forzada de hacienda acarrea severos perjuicios económicos y financieros para las familias productoras. Al vender animales por pura obligación climática y no por eficiencia productiva, el peso del Impuesto a las Ganancias se incrementa drásticamente, absorbiendo gran parte del capital de trabajo. Además, cuando el agua finalmente retroceda, la recomposición de los rodeos requerirá desembolsos económicos prácticamente inalcanzables. Los dirigentes del sector remarcan que la pérdida de vientres y madres seleccionadas durante generaciones representa un impacto irreparable que conducirá a inevitables casos de mortandad en aquellos animales que no puedan ser retirados a tiempo.

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