Proteger al ganado de enfermedades devastadoras requiere más que solo indicar qué hacer. Una nueva revisión internacional sugiere que mejorar la bioseguridad en las granjas implica comprender cómo los seres humanos toman decisiones. Este enfoque es crucial para la prevención de brotes y la eficacia de las medidas sanitarias.
Bioseguridad: el comportamiento humano es clave para la sanidad animal
Un estudio internacional revela que la Bioseguridad en granjas depende del comportamiento humano. Es clave para la sanidad animal y la prevención de enfermedades.
Liderado por la española Marta Hernandez Jover y colaboradores de instituciones australianas, el estudio examinó casi dos décadas de investigación global sobre los esfuerzos para incentivar a los agricultores y cuidadores de ganado a adoptar prácticas de prevención de enfermedades. Los resultados revelan una sorprendente laguna: si bien se han identificado prácticas de bioseguridad, pocos estudios han analizado cómo motivar a las personas para que adopten realmente estas medidas.
La Dra. Julia M. Smith, autora principal del estudio y miembro del Departamento de Ciencias Animales y Veterinarias y del Laboratorio de Simulación y Juegos Socioecológicos de la Universidad de Vermont (UVM), afirmó que “la bioseguridad no es solo un desafío técnico. Es un desafío de cambio de comportamiento”. Subrayó la necesidad de comprender qué motiva la acción, qué crea barreras y qué tipos de intervenciones son realmente efectivas para el uso sistemático de medidas de bioseguridad.
Educación y manejo del comportamiento
El equipo de investigación internacional analizó estudios realizados entre 2008 y 2024 en diversos sectores ganaderos, incluyendo la producción avícola, porcina, bovina y ovina. De los 699 registros identificados inicialmente, solo 33 publicaciones cumplieron con los criterios para evaluar intervenciones diseñadas específicamente para mejorar las prácticas de bioseguridad. Estas 33 publicaciones representaron 41 estudios independientes.
La revisión reveló un patrón: los programas educativos dominan el panorama de la bioseguridad. Las sesiones de capacitación, los talleres, las campañas informativas, las encuestas, las auditorías y los planes de acción fueron los enfoques más comunes utilizados para fomentar la adopción de prácticas de prevención de enfermedades. Pero los investigadores descubrieron que la educación por sí sola a menudo resulta insuficiente.
Smith explicó que “el conocimiento es importante, pero es solo una pieza del rompecabezas”. Añadió que las personas pueden saber qué es lo correcto y aun así enfrentarse a obstáculos como el costo, las limitaciones de tiempo, las presiones sociales, las limitaciones de infraestructura o la incertidumbre sobre si una práctica realmente marcará la diferencia.
El equipo examinó las intervenciones de bioseguridad desde la perspectiva del conocido marco de cambio de comportamiento COM-B. Su análisis reveló que la mayoría de los programas se centraban en aumentar el conocimiento y la concienciación, mientras que relativamente pocos abordaban otros factores determinantes del comportamiento, como los incentivos, las normas sociales, los hábitos, las condiciones ambientales y las barreras prácticas.
Impacto en la sanidad animal y la producción ganadera
Una de las observaciones más interesantes del estudio es que incluso hacer preguntas a las personas sobre sus prácticas puede influir en su comportamiento. Los investigadores propusieron una nueva categoría dentro de los marcos existentes de cambio de comportamiento, denominada “cuestionamiento/observación”, reconociendo que las encuestas, evaluaciones, auditorías y observaciones pueden, por sí mismas, alentar a las personas a reflexionar de manera diferente sobre sus acciones.
El estudio también destaca la investigación innovadora que surge del Laboratorio de Simulación y Juegos Socioecológicos de la UVM, donde las simulaciones experimentales permiten a los investigadores explorar cómo las personas responden a los riesgos de enfermedades, las presiones sociales y los mensajes de bioseguridad en entornos realistas pero controlados. Estas simulaciones ofrecen una forma de estudiar la toma de decisiones que sería difícil, costosa o incluso imposible de probar durante brotes de enfermedades reales.
Hay mucho en juego para el mundo. Una bioseguridad eficaz ayuda a proteger a los animales y a las personas de enfermedades como la gripe aviar, la peste porcina africana, la fiebre aftosa y la salmonela, al tiempo que respalda la seguridad alimentaria, la rentabilidad agrícola y la resiliencia del sector.
Los autores sostienen que los futuros programas de bioseguridad deberían basarse más en las ciencias del comportamiento, las ciencias sociales, la comunicación, la educación y el pensamiento sistémico. Asimismo, recomiendan que los investigadores documenten con mayor claridad las intervenciones que utilizan, las razones de su elección y cómo esperan que modifiquen el comportamiento.
Smith concluyó que “las recomendaciones de bioseguridad solo importan si se ponen en práctica”. Al combinar la experiencia en salud animal con los conocimientos de la psicología del comportamiento, se pueden diseñar intervenciones más eficaces, más prácticas y, en definitiva, más exitosas en la prevención de enfermedades, lo cual debería ser una prioridad tanto para la ciencia como para la sociedad.
FUENTE: Diario Veterinario