Las condiciones de humedad registradas en las últimas semanas están obligando a los productores a reevaluar las decisiones para la siembra de Trigo. Si bien los perfiles de suelo presentan una carga hídrica favorable, el retraso en las labores impone la necesidad de ajustar estrategias para garantizar una adecuada calidad de implantación. Según informó Aapresid, especialistas de distintas regionales compartieron sus perspectivas y recomendaciones.
Estrategias de siembra y elección de cultivares
Ernesto Jauregui, de la Regional Aapresid Guaminí-Carhué, y Franco Petrelli, de la Regional Aapresid Venado Tuerto, coinciden en que la disponibilidad de agua aporta un piso productivo importante. Sin embargo, las demoras en la siembra de Trigo generan desafíos. En Guaminí-Carhué, la elección de cultivares se enfoca en el potencial de rinde y la sanidad, predominando los ciclos largos sembrados tempranamente. Jauregui señaló que la calidad panadera no es una prioridad debido a la baja prima. Por otro lado, Petrelli indicó que en Venado Tuerto la calidad comercial puede generar oportunidades, y predominan los ciclos intermedios largos, que suelen ofrecer mejores resultados productivos dentro de su ventana óptima.
Las fechas de siembra, afectadas por las lluvias, exigen recalcular las densidades óptimas, considerando la capacidad de macollaje de cada material. La calidad de implantación se define mucho antes de la siembra, con la selección de los cultivares adecuados para cada ambiente y objetivo productivo.
Nutrición y fertilización del Trigo
Ante un panorama hídrico que sugiere un buen potencial de rendimiento, la fertilización es un aspecto clave. En el sur de Santa Fe, Petrelli mencionó que el precio de la urea llevó a reducir las dosis en presiembra para corregir en macollaje, esperando una baja en el precio. Esta decisión se respalda en análisis de nitrógeno y nitratos a 60 cm que mostraron niveles adecuados. El objetivo no es aplicar menos fertilizante, sino distribuir mejor la inversión según cada lote. Lo que varía es cuánto se aplica a la siembra y cuánto en macollaje. Para reducir la incertidumbre, varios productores incorporan franjas testigo y franjas de saturación de nitrógeno.
En el sudoeste bonaerense, Jauregui destacó la incorporación de tecnologías de aplicación por ambientes de fertilizantes nitrogenados y fosforados. La disponibilidad de mapas de tosca permite identificar limitantes físicas y ajustar la inversión nutricional al potencial de cada ambiente. Otra práctica es la incorporación de azufre, aplicando carbonato de calcio a razón de 300 o 400 kg/ha cada tres años para toda la rotación, previo al trigo, donde se observa mayor respuesta.
Un error frecuente es la aplicación tardía de nitrógeno. Jauregui explicó que el nutriente necesita aproximadamente 20 días para incorporarse y estar disponible para el cultivo, por lo que retrasar las aplicaciones puede comprometer el potencial. La incorporación en presiembra ofrece los mejores resultados, siendo el mayor temor la falta de lluvias posteriores que impidan su incorporación.
Antecesores y desafíos por humedad
El cultivo antecesor es determinante para una implantación uniforme. En el sudoeste bonaerense, Jauregui resaltó el papel del girasol, que además de favorecer la acumulación de agua y facilitar el manejo de malezas, evita inconvenientes asociados al maíz. En siembras de trigo luego de maíz, se han encontrado deficiencias nutricionales debido a la inmovilización de nutrientes por el rastrojo. En el sur de Santa Fe, la soja sigue siendo el antecesor predominante por su sencillez de manejo y los mejores rindes.
Cuando la siembra se realiza sobre maíz, es crucial revisar la estrategia de fertilización y ajustar los coeficientes de siembra. El exceso de humedad en muchas regiones agrega el desafío del "efecto sándwich", situación que ocurre cuando la cuchilla no logra cortar el rastrojo y termina enterrándolo junto con la semilla. Para evitarlo, se recomienda ubicar las tareas de siembra en días de baja humedad y horarios donde la acción del sol y el viento permitan orear el suelo. Petrelli enfatizó que, ante los retrasos, es prioritario que la semilla quede bien en contacto con la tierra y tapada, respetando las condiciones de trabajo adecuadas.
Jauregui y Petrelli coinciden en que muchos problemas de implantación surgen al tomar decisiones por costumbre y no por diagnóstico. Trabajar con recetas fijas es un riesgo, ya que cada campaña es distinta. En una campaña como la actual, con lluvias que retrasaron las labores, es frecuente encontrar variedades implantadas fuera de la ventana óptima, lo que puede comprometer el rendimiento. Además, la detección y control tardío de enfermedades, como royas y manchas, es un aspecto operativo crítico que requiere atención oportuna.
FUENTE: TodoAgro