En los ambientes rurales, donde la producción ganadera convive con depredadores silvestres, el perro protector de ganado es una herramienta clave. Estos canes no son de arreo ni están entrenados para atacar, sino que su función es disuadir la presencia de pumas, zorros y otros carnívoros, protegiendo eficazmente majadas y rodeos para reducir pérdidas y fomentar la coexistencia.
Perros protectores mejoran la producción ganadera y la convivencia
El INTA impulsa el uso de perros protectores para la producción ganadera, reduciendo ataques de fauna silvestre en un 94% y promoviendo la coexistencia.
En la Patagonia argentina, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha desarrollado protocolos de cría e incorporación de razas específicas para esta función. La experiencia en el Campo Experimental Pilcaniyeu se centró en ejemplares como el Maremmano-Abruzzese y el Montaña del Pirineo, seleccionados por su capacidad de permanecer junto al ganado y reaccionar ante amenazas.
El principio fundamental es que el perro considere a la majada o al rodeo como parte de su propio grupo social. Desde cachorros, se busca que desarrollen un vínculo intenso con la especie a proteger, un proceso conocido como impronta. Su comportamiento, que incluye patrullaje y ladridos, busca impedir que el depredador tome contacto con el ganado, priorizando la prevención sobre el combate.
Crianza y producción ganadera
La especialista Franca Bidinost, del INTA Bariloche, enfatiza que el éxito depende de tres pilares: genética adecuada, impronta rigurosa y capacitación del productor. Es crucial que los cachorros permanezcan con la especie a proteger desde las primeras cuatro semanas de vida, afianzando el vínculo. Los ejemplares deben ser de razas con instinto de protección, no de arreo, y se recomienda la castración para evitar distracciones o problemas con otros perros.
Estos perros, de gran porte (entre 30 y 45 kg y 50 a 70 cm de alzada), se distinguen por su temperamento equilibrado e independencia. Su entrenamiento no busca el ataque, sino la autonomía para patrullar, detectar riesgos y responder sin órdenes constantes. El objetivo es que el animal se desplace con la majada sin generar estrés ni lesiones.
Convivencia con la fauna silvestre
La ONG Wildlife Conservation Society (WCS) también impulsa proyectos con perros protectores en la Patagonia, buscando solucionar el conflicto entre la producción ganadera y los carnívoros, respetando la fauna silvestre. El biólogo Ezequiel Infantino, coordinador de Certificación y Sistemas de Valor para WCS, destacó una efectividad promedio del 94% en la reducción de la depredación, con casos donde los ataques disminuyeron a cero.
Este enfoque preventivo ofrece una alternativa al control letal de depredadores. Estudios con cámaras trampa y radiocollares confirmaron que las especies silvestres permanecen en su hábitat y se reproducen, pero evitan el ganado protegido. Esto permite una convivencia armoniosa, donde el perro protector convierte el acercamiento al ganado en una operación de alto riesgo para el depredador, sin necesidad de enfrentamientos físicos.
Actualmente, la demanda de estos perros supera la oferta. El costo de un cachorro oscila entre $ 1,2 y $ 1,5 millones, equivalente a 10 a 15 corderos. La provincia de Río Negro ofrece créditos para su adquisición. El INTA mantiene una red de criaderos y, junto con WCS, brinda asesoramiento y capacitación a los productores interesados.
El éxito de esta estrategia requiere el compromiso del productor en el manejo, alimentación y control sanitario de los perros, asegurando su propio bienestar animal. Al integrar estos guardianes, la producción ganadera no solo protege sus activos, sino que también contribuye a la conservación de la fauna silvestre y promueve un modelo de desarrollo más sostenible en las regiones productivas.
FUENTE: Clarin Rural