La campaña gruesa comienza bajo un escenario climático que obliga a mirar de cerca el pronóstico. Con reservas de agua superiores a lo habitual en buena parte de la región agrícola, El Niño tiene un 90% de probabilidades de alcanzar una intensidad fuerte durante la primavera y podría sostener esas condiciones durante el verano.
El Niño acelera y pone a la campaña ante un escenario extremo
El Niño tiene un 90% de probabilidades de ser fuerte en primavera y un 70% de mantenerse así en verano, con lluvias por encima de lo normal.
El panorama llega después de un agosto marcado por fenómenos de alto impacto en distintas regiones de la Argentina. Hubo nevadas intensas en la cordillera, precipitaciones muy superiores al promedio en el Litoral y tormentas con granizo y fuertes ráfagas en Santa Fe y Misiones.
El resultado es un mapa productivo con abundante humedad en los suelos justo cuando comienza la siembra de los cultivos de verano.
“Donde llovió, llovió fuerte, y por eso la humedad del suelo llegó a niveles superiores a los habituales en una parte importante de la región agrícola”, explicó Adela Veliz, docente de Climatología y Fenología Agrícolas e integrante del Centro de Información Agroclimática y Ambiental (CIAg-FAUBA).
Más agua que en otros eventos fuertes
Para dimensionar el escenario actual, Veliz trazó una comparación con la campaña 2015-2016, cuando los cultivos de verano también se implantaron bajo la influencia de un Niño fuerte.
En aquella oportunidad hubo excesos de humedad en el norte argentino, la Mesopotamia, el Litoral y el oeste bonaerense. Ahora, según la especialista, el patrón presenta similitudes, pero alcanza una superficie mayor.
Los excesos se extendieron hacia el centro-norte del país, llegando al norte de Córdoba, La Pampa y buena parte de la Patagonia. En tanto, el sudeste bonaerense presenta actualmente condiciones cercanas a los valores normales.
Esta disponibilidad de agua puede convertirse en un punto favorable para algunas regiones si las lluvias de la primavera siguen patrones similares a los observados durante otros eventos fuertes.
Agosto dejó temporales y daños productivos
El último mes dejó además una sucesión de eventos extremos. Silvina Maio, docente de Climatología y Fenología Agrícolas de la FAUBA, destacó que las nevadas intensas en la cordillera central mantuvieron cerrado el paso Cristo Redentor durante 34 días consecutivos.
En el Litoral, las precipitaciones superaron ampliamente las medias históricas de agosto en localidades como Concordia, Corrientes y Resistencia. A esto se sumó la crecida del río Uruguay y el impacto de las sudestadas sobre el Río de la Plata.
En Villa Paranacito, Entre Ríos, por ejemplo, productores ganaderos debieron trasladar animales hacia sectores no inundados ante las dificultades para el drenaje de las áreas bajas.
También se registró viento Zonda desde Mendoza hasta Jujuy, mientras que el sur santafesino atravesó tormentas con granizo y ráfagas fuertes.
Misiones fue otra de las provincias golpeadas. Entre el 29 y el 31 de agosto, un fuerte temporal provocó importantes daños. Según Maio, en Gobernador Roca fueron destruidos casi 200 invernáculos, mientras que en San Pedro hubo pérdidas para productores hortícolas, yerbateros y tabacaleros.
El Niño gana intensidad y los modelos coinciden
El escenario hacia los próximos meses está marcado por lo que ocurre en el océano Pacífico ecuatorial.
“El Pacífico ecuatorial no para de calentarse desde fines del verano”, señaló Leonardo Serio, docente de Climatología en la FAUBA.
Según explicó, en junio se confirmó la fase cálida de El Niño y durante agosto las temperaturas se ubicaron por encima de los valores habituales, llegando a superar los 3,5 °C en la costa occidental de América.
Los cambios no se limitan a la temperatura del océano. También se debilitaron los vientos alisios y aumentaron las tormentas en el Pacífico central. A su vez, ya se observan señales características del fenómeno sobre el clima regional, con mayores precipitaciones desde el centro de Chile hasta Uruguay.
La atención ahora está puesta en la evolución durante la primavera y el verano.
“Los modelos dan un 90% de probabilidad de que este sea un Niño fuerte durante la primavera y un 70% de que se sostenga fuerte en el verano”, aseguró Serio.
Incluso, las proyecciones indican que el calentamiento del mar podría continuar hasta noviembre, con temperaturas capaces de superar las observadas en eventos históricos de gran intensidad como los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
Qué puede pasar durante la primavera
La intensidad del fenómeno será determinante para establecer cómo se distribuyen las precipitaciones y las temperaturas en la Argentina.
Históricamente, El Niño suele favorecer mayores lluvias sobre el Litoral y el este de la Región Pampeana. Sin embargo, los antecedentes muestran que los eventos más intensos no necesariamente generan el mismo comportamiento en todas las zonas.
En primaveras asociadas a Niños fuertes se registraron condiciones más o menos secas en Entre Ríos, el centro de Santa Fe y el sudeste bonaerense.
En cuanto a las temperaturas para septiembre, octubre y noviembre, las perspectivas indican valores algo superiores a los normales en el norte argentino. En la franja central y el norte patagónico, en cambio, existen posibilidades de una primavera más fría que lo habitual.
Respecto de las precipitaciones, el NOA y el sudoeste de la Patagonia presentan mayores probabilidades de recibir menos agua que el promedio, mientras que para el centro-norte se proyectan valores normales.
Para buena parte del resto del territorio argentino, la tendencia se inclina hacia precipitaciones superiores a las habituales, especialmente en el extremo noreste y Cuyo.
Con los perfiles ya cargados en numerosas regiones y una campaña gruesa que empieza a ponerse en marcha, la evolución de El Niño volverá así a convertirse en una variable central para las decisiones productivas de los próximos meses.
FUENTE: SLT