La avicultura en América Latina experimenta una evolución productiva significativa, impulsada por el progreso genético, la nutrición de precisión y un manejo ambiental optimizado. Estos factores permiten alcanzar niveles de eficiencia antes inalcanzables, aunque el avance no es homogéneo. El veterinario Horacio Gamero analizó este panorama, destacando una industria que empuja sus límites.
Avicultura latinoamericana acelera eficiencia con nueva genética
La avicultura latinoamericana avanza en eficiencia productiva y genética animal. Horacio Gamero destaca conversiones récord y desafíos para Argentina.
Uno de los indicadores más notables es la evolución de la conversión alimenticia. Gamero observa operaciones con promedios mensuales de 1,490 e incluso 1,485, resultados sostenidos y no aislados. Perú y Ecuador marcan referencias productivas, mientras que México, a pesar de la recurrente presencia de influenza aviar, registra conversiones entre 1,50 y 1,55. La discusión se centra ahora en mantener estos niveles de eficiencia como promedios mensuales de las compañías.
La expansión productiva encuentra respaldo en un consumo regional elevado. Tanto la carne aviar como el huevo ocupan un lugar central en la alimentación latinoamericana, y los mercados internos continúan absorbiendo la producción. Sin embargo, la situación exportadora presenta diferencias. Brasil posee una estructura exportadora de escala global, y Argentina también accede a numerosos destinos internacionales. Otros mercados dependen más del consumo doméstico y circuitos regionales, con preferencias comerciales específicas.
Eficiencia y genética animal
La evolución de la genética animal es otro eje central. Una nueva línea genética, presentada recientemente en Perú, muestra características prometedoras. Frente a las líneas existentes, presenta una tasa de crecimiento ligeramente más lenta, del orden de uno a un día y medio para alcanzar un peso equivalente, pero destaca por su potencial en rendimiento de carne de pechuga y pata. Esta evolución intensifica la competencia entre las líneas genéticas disponibles en el mercado latinoamericano. La genética, sin embargo, exige mayor precisión en nutrición, sanidad, manejo e infraestructura para expresar su potencial biológico.
La relación entre sanidad y comercio exterior será determinante. Gamero mencionó el desarrollo de vacunas y estrategias diagnósticas basadas en el concepto DIVA, que permiten diferenciar animales infectados de vacunados. Estas herramientas podrían modificar la relación entre la vacunación contra la influenza aviar y las restricciones comerciales, aunque las condiciones de acceso dependen de las normativas sanitarias y acuerdos vigentes. El crecimiento mundial de la demanda de proteína animal ejercerá presión para compatibilizar estrategias sanitarias con el comercio internacional.
La industria brasileña proyecta duplicar su producción en los próximos 4 a 6 años, impulsada por la disponibilidad de maíz y soja, una industria integrada y una fuerte orientación exportadora. Gamero describió una planta que procesa alrededor de 650.000 pollos diarios, operando con 3 líneas y 3 turnos de faena, incluso los sábados, con gran parte de esa producción destinada a mercados internacionales como Medio Oriente.
Desafíos de la avicultura argentina
En un mercado internacional donde el pollo funciona como un commodity, las diferencias productivas se traducen en diferencias económicas. Gamero señaló que, mientras operaciones de países vecinos alcanzan conversiones cercanas o inferiores a 1,50, buena parte de los resultados argentinos se encuentran entre 1,60 y 1,70. Esta brecha de 100 o 150 gramos de conversión representa un costo que afecta la rentabilidad.
Uno de los principales desafíos argentinos radica en que una parte importante de la infraestructura productiva no evolucionó al mismo ritmo que el ave. El pollo moderno, con su capacidad de crecimiento, genera una gran cantidad de calor metabólico. A medida que aumenta el peso y la densidad en el galpón, la capacidad de eliminar ese calor se vuelve determinante. Por ello, los sistemas de ventilación están cambiando, trabajando con velocidades de aire de 4 a 4,5 metros por segundo, cuando años atrás las referencias eran de 3 a 3,5 metros por segundo. El potencial genético requiere un ambiente acorde para expresarse plenamente.
El peso de la primera semana, que antes se referenciaba en 200 gramos a los 7 días, ahora se busca que sea entre 5 y 5,2 veces el peso de nacimiento, superando los objetivos de 4,5 a 4,6 veces de hace pocos años. Para Argentina, la modernización de las instalaciones se vincula directamente con la competitividad futura. La disponibilidad de crédito, la presión impositiva y la capacidad de inversión son parte de una discusión compleja, pero la tecnificación es indispensable para mantener la competitividad en la avicultura regional.
FUENTE: Cátedra Avícola Latam