Los números sobre la mesa
De acuerdo con los cálculos compartidos por ambos profesionales con MOTIVAR, el costo total estimado de un plan sanitario básico preventivo varía significativamente.
En ese marco, Claudio Sarramone estima que, en promedio, un productor destina alrededor de $21.593 por animal en un esquema de manejo sanitario integral que contempla desde la guachera hasta las vacas adultas.
De la misma manera, Francisco Larghi, en cambio, proyecta un gasto de $30.970 por animal, en un plan estructurado con múltiples vacunas por categoría y refuerzos estratégicos a lo largo del ciclo productivo.
La diferencia responde a las particularidades de cada sistema, al enfoque de trabajo y a las condiciones de los rodeos en distintas partes del país. “El tamaño del establecimiento y el tipo de explotación marcan el plan sanitario”, resumió Sarramone.
Además, advirtió que el costo de la sanidad en un tambo representa, en promedio, apenas entre el 1% y el 2% de la facturación. “El verdadero problema no es el costo del plan, sino la pérdida productiva si no se aplica bien”, subrayó.
Más que un listado de vacunas
Ambos veterinarios coinciden en que sería un error pensar la sanidad como un calendario rígido de aplicaciones.
“Si un campo quiere basar todo en vacunar el 1 de enero y pensar que con eso resuelve el año, va al fracaso”, advirtió Sarramone.
En esa línea, subrayó que ningún planteo puede funcionar sin una base sólida en manejo, bienestar animal e infraestructura. “Cuando haces mal las cosas, ninguna vacuna te va a prevenir. Cuanto mejor hagas las cosas de manejo, más posibilidades tenes de que la vacuna realmente sirva”, explicó.
Larghi, desde Cowix, sumó otra condición esencial: la nutrición. “Un plan sanitario no arranca si el animal no está bien nutrido. Una cosa es alimentar y otra es nutrir. Si no tiene cubiertas sus necesidades básicas para crecer y responder inmunológicamente, difícilmente pueda aprovechar una vacuna”, sostuvo.
Y Sarramone es tajante en su rechazo al concepto del “por las dudas”: “No vacunaría por las dudas. Eso no es medicina preventiva, es falta de profesionalismo”, afirmó.
Guacheras: la primera inversión
En los primeros 60 días de vida, la guachera concentra buena parte del gasto en tratamientos. Según Sarramone, se trata de un promedio de $5.000 por animal, asociados sobre todo a cuadros de diarreas y problemas respiratorios. Esta cifra incluye sal, meflosyl, sulfaprim, suero, entre otras cuestiones.
“El 75% del cuerpo del ternero es agua: cuando se enferma y se deshidrata, la clave es la hidratación. El tratamiento preventivo en esta etapa no son vacunas, sino sales, antinflamatorios, antibióticos, sueros, entre otros medicamentos.
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MV Francisco Larghi, del Grupo Cowix.
Larghi, a su vez, coincide en la centralidad de este período y remarca el rol del calostrado como primera vacuna natural: “El plan vacunal del ternero empieza en la madre, con el calostro. Ahí se transfieren las defensas que después van a determinar la capacidad de respuesta del ternero”.
No obstante, resaltó que además de la atención a las enfermedades respiratorias y digestivas, desde su punto de vista, se trabaja también con las clostridiales y se desparasita por lo que el costo total para protocolos de rutina de un ternero asciende a los $11.578.
Recría y vaquillonas
La recría aparece como un momento de menor incidencia sanitaria, pero decisivo en términos productivos. “La clave está en sostener ganancias de peso constantes, sin excesos de grasa, para que los animales lleguen bien al servicio y sean inmunocompetentes”, detalló Sarramone.
Larghi, por su parte, estructura un plan claro: refuerzos de clostridiales, desparasitaciones y, según la época del año, vacunas para prevenir queratoconjuntivitis.
“En septiembre, con calor, viento y moscas, hay que anticiparse a los problemas de ojos. Esa prevención cuesta mucho menos que la curación”, advirtió.
Cuando las hembras ingresan a servicio, el plan reproductivo cobra protagonismo. “Siempre insistimos en el efecto booster: la primera vez que se aplica una vacuna a virus muertos, hay que repetirla a los 21 días. Eso asegura memoria inmunológica y protección a largo plazo”, explicó el referente de Cowix.
Las vacas adultas definen la producción del sistema
El momento más crítico en la vida de una vaca lechera es el parto. “Es su mayor inmunosupresión. Si el preparto y el puerperio no se manejan bien, aparecen enfermedades digestivas, metabólicas, mastitis y problemas reproductivos que afectan directamente la próxima preñez”, sostiene Sarramone.
Los datos lo demuestran: una vaca con mastitis demora en promedio 20 días más en preñarse que una sana, y una vaca renga hasta 200 días más. Esto se traduce en pérdidas millonarias que rara vez se contabilizan.
Por eso, en vacas secas y preparto, los planes incluyen vacunas reproductivas, clostridiales y dosis específicas para prevenir diarreas y neumonías en los terneros por nacer. “Cada peso invertido en esta etapa se multiplica en litros de leche en la próxima lactancia”, remarcó Larghi.
Las condiciones que sí definen el éxito
Ambos coinciden en que el costo de un plan sanitario no puede analizarse aislado de la eficiencia del sistema.
“Dos tambos con la misma vaca y comida pueden tener resultados sanitarios y productivos distintos. La diferencia la hace el recurso humano”, sostuvo Sarramone, aludiendo a la capacitación del personal.
Capacitación, bienestar animal e infraestructura son, para él, los 3 ejes que sostienen cualquier programa sanitario. “Podes diseñar el mejor plan, pero si el personal aplica mal una inyección, si las instalaciones no permiten trabajar sin estrés o si el animal no tiene agua disponible, todo se cae”, enfatizó.
El verdadero problema es la pérdida productiva de un plan mal aplicado
Larghi coincide: “Confort no es solo sombra. Es acceso al agua, descanso y un ambiente donde el animal pueda tener un comportamiento normal. Solo así responde bien a un plan vacunal”.
Por su parte, Sarramone agregó que el rol del veterinario no puede reducirse al de “sanitarista”: debe ser un asesor integral, con formación en recursos humanos, economía y comportamiento animal, capaz de transmitir conocimientos a todos los niveles de la empresa.
Dinámica y obligatoriedad
Otro punto central es que un plan sanitario no puede ser estático. Sarramone explicó que el clima, la endemia de la zona y los cambios en el manejo obligan a ajustar protocolos cada año. “El mes es solo una referencia, lo importante es el contexto epidemiológico y productivo”, subrayó.
En Argentina, lo único obligatorio es la vacunación contra aftosa, brucelosis en hembras y carbunclo (dependiendo de la zona). Todo lo demás debe diseñarse a medida del establecimiento.
En el caso de la parasitosis, insistió: no hay que aplicar antiparasitarios de rutina, sino diagnosticar con análisis de laboratorio y decidir en base a evidencia. “El parásito se controla, no se receta”, resume.
Alta producción, alto desafío
Una vaca de 60 litros de leche dura en promedio solo 2 partos, mientras que una de 20 litros puede llegar a 7. Cuanto más alta es la exigencia productiva, mayor es el riesgo sanitario, reproductivo y metabólico.
Manejo y nutrición, claves más allá de las vacunas.
La comparación es clara: “Una vaca de alto rendimiento es como un atleta de élite: más eficiente, pero también más vulnerable”, graficó Claudio Sarramone.
Además, detalló que, para producir 1 litro de leche, se necesitan casi 400 litros de sangre. “Si yo tengo que formar 50 litros de leche, algo normal de toda la lechería de hoy, es un camión de sangre por día. Imaginate toda la sangre que pasa por día por el hígado, corazón, riñón y pulmón”, explicó.
La cuenta final
¿Entonces, cuánto vale un plan sanitario básico preventivo en lechería?
Según los cálculos de los veterinarios consultados, entre $20.000 y $30.000 por animal, dependiendo del enfoque y del sistema. Pero, más allá de los números, lo que queda claro es que no se trata de un gasto, sino de una inversión que condiciona directamente la productividad futura.
“Todo lo que hagas bien en el preparto y en los primeros 20 días posparto define la lactancia de la vaca”, insistió Sarramone. “Y todo lo que inviertas en nutrición y confort se traduce en mejores respuestas inmunológicas”, agregó Larghi.
La conclusión, en definitiva, es que la sanidad pesa poco en los costos, pero mucho en los resultados. ¿No?