Las consecuencias de estos trastornos de salud postparto son profundas, impactando "no solo en esas semanas donde la vaca está enferma, donde baja el consumo, baja la producción, sino que hasta el resto de la lactancia". Esto se traduce en menor producción de leche, disminución de la tasa de concepción, aumento de pérdidas embrionarias y mayor probabilidad de rechazo.
Las limitaciones del monitoreo tradicional
Históricamente, los tambos han implementado diversas formas de monitoreo, desde la simple "observación visual, caminar el corral y apartar vacas que no estén bien" hasta chequeos más intensivos. Sin embargo, la variación en la frecuencia y tipo de evaluación es enorme.
La Dra. Rial subraya un problema central: "La mayoría de los tambos hacen solo observación visual para apartar una vaca para chequear, entonces el principal problema que hay con este tipo de manejo es que normalmente llegamos tarde". Gráficos de producción muestran que la caída en la producción de leche puede empezar "hasta una semana antes o más" de que la vaca sea diagnosticada clínicamente mediante observación visual. Los chequeos poco intensivos conllevan una "detección tardía de casos clínicos" y requieren "experiencia, un entrenamiento clínico, un ojo clínico".
Por otro lado, los chequeos intensivos, aunque más efectivos, son "consumo de tiempo, costosos, y generan mucha preocupación con la interrupción del comportamiento normal de los animales, lo que puede afectar el bienestar y la producción", apuntó la profesional.
Sensores: detectando lo imperceptible a tiempo
Frente a estas limitaciones, emergen los sistemas automatizados de monitoreo, definidos por Rial como "tecnologías diseñadas para monitorear parámetros de comportamiento fisiológicos y productivos que detectan cambios sutiles en el comportamiento de la vaca mucho antes de lo que nosotros podemos detectarlo visualmente".
Estos sistemas, que pueden ser fijos (collares, caravanas, bolos intrarruminales, podómetros) o no fijos (cámaras para condición corporal, medidores de leche), que permiten "priorizar el examen clínico al animal que realmente lo necesita y así optimizar el tiempo del veterinario", añadió.
La eficacia de los sensores radica en su capacidad para identificar que "la mayoría de los parámetros que estamos monitoreando cambian cuando las vacas están enfermas". Estos cambios son más drásticos "cuanto más severo es el caso o el cuadro clínico". Por ejemplo, en el caso de la mastitis, los cambios en la rumia son drásticos en cuadros severos.
Detección de enfermedades
En cuanto a la detección de enfermedades específicas, los sensores demuestran alta precisión para:
• Desplazamiento de abomaso: "Casi el 100% de esas vacas fueron detectadas por el sensor", dijo la disertante y aclaró que "el desplazamiento de abomaso es uno de los más severos, hay una caída muy grande, es una disrupción de comportamiento de la vaca muy grande, entonces es mucho más fácil para el sensor detectar ese tipo de cambios. El sensor detecta sí o sí los desplazamientos".
• Cetosis e indigestiones: detectaron el 90% y el 89% respectivamente.
Sin embargo, hay limitaciones:
• Metritis: Los sensores detectan solo el 50% de los casos. La Dra. Rial explica que "la metritis es una enfermedad que puede estar muy localizada, que puede afectar solamente el útero y no hay cambio en el comportamiento de la vaca, entonces es normal que el sensor no pueda detectar ese cambio".
• Mastitis: Si es una "mastitis leve no va a ser detectada por el sensor", aseguró. La detección mejora al 80% en casos de mastitis tóxicas (positivas a E. coli), mientras que para otras mastitis más localizadas baja al 50%.
Impacto en la productividad y rentabilidad
El impacto de basar el monitoreo de salud en las alertas de los sensores es significativo y depende de la estrategia previa del tambo. Rial enfatiza que "el valor potencial que tiene el uso de cualquier tipo de sensor para el monitoreo de la de salud de las vacas va a depender 100% de la estrategia que se usa".
Comparando el uso de sensores con un chequeo intensivo diario, un estudio mostró que, aunque la detección de vacas enfermas fue ligeramente mayor en el grupo intensivo, "no hubo diferencias en la cantidad de vacas vendidas o rechazadas, no hubo diferencias en la producción de leche y tampoco hubo diferencias en los resultados del primer servicio".
La gran diferencia fue la reducción de la carga laboral: 8.700 vacas menos chequeadas al año, lo que representa "400 horas menos del trabajador dedicadas a encontrar estas vacas enfermas", calculó.
La diferencia es aún más notoria al comparar los sensores con la observación visual simple:
• Hubo "14 puntos porcentuales de diferencia en la proporción de vacas enfermas en el grupo de los sensores comparado con el observación visual".
• Se detectaron más casos de metritis, indigestión, cetosis y una "pequeña diferencia" en desplazamiento de abomaso.
• Esto se tradujo en una mayor producción de leche: "Las vacas enfermas, las del sensor, produjeron como 3 litros más que las vacas de la observación visual". En total, una diferencia de "1 kilo y medio por vaca por día, que básicamente es 30 kg en los primeros 21 días a favor del uso de los sensores".
• "La mayor producción de leche fue suficiente para generar un mayor ingreso a pesar de mayores gastos en tratamientos y del sensor".
Estrategias de manejo y desafíos futuros
La clave para el éxito de los sensores es la estrategia de implementación. Se puede optar por "usar solo los sensores, una combinación del sensor con la observación visual o el uso del sensor con un chequeo fijo a todas las vacas", selaló Rial. Por ejemplo, se pueden suprimir las alertas en los primeros 3-4 días en leche (donde hay más falsos positivos) y complementarlo con observación visual, o hacer chequeos fijos para enfermedades específicas como la metritis en días clave.
Otro factor es definir el punto de corte de las alertas, balanceando entre sensibilidad (detectar la mayor cantidad de vacas enfermas, aunque se chequeen más vacas sanas) y especificidad (chequear menos vacas, pero que las alertas sean más precisas). Además, es crucial "seguir las vacas con alerta", ya que "más del 50 % de las vacas van a estar enfermas hasta una semana después de la primera alerta".
Existen desafíos importantes. El parto genera "grandes cambios de comportamiento" que "genera un ruido importantísimo para los sensores". También hay "mucha variabilidad individual entre las vacas" y "gran variabilidad ante la enfermedad".
Un punto intrigante es la existencia de "vacas con alertas de salud y sin signos clínicos". Un 54% de las vacas que generan una alerta no tendrán un diagnóstico clínico asociado. Sin embargo, la investigación de la Dra. Rial mostró que estas vacas con alerta pero sin signos clínicos, aunque no estén "enfermas" de forma evidente, "producen casi 200 litros menos en toda la en los primeros 100 días en leche que las vacas sanas".
Esto sugiere que "la alerta me está diciendo algo por más que no encuentre un signo clínico", posiblemente indicando que "nos están seleccionando un subgrupo de vacas que ya se comporta distinto y que puede ser algo que es ajeno a la salud y a la inflamación y al al curso metabólico de esas vacas que está haciendo que produzcan menos".
Entre otras limitaciones, la disertante mencionó el costo de implementación y la "falta de soporte técnico" en el sector.
Veterinarios del futuro: más estrategia, menos cansancio
El uso de sensores no solo mejora la salud del rodeo, sino que también "genera una reducción de la carga laboral" y "reduce la manipulación de las vacas 100%". No se trata de reemplazar al profesional, sino de "cambiar un poco su actitud ante el trabajo" y necesitar "un entrenamiento".
Finalmente, Rial destacó la necesidad de mejorar los sensores, señalando que "hay mucha falta de conexión todavía entre lo que pasa a campo y las investigaciones. La gente que los desarrolla en su mayoría trabaja con datos y no tiene idea de cómo funciona el sensor a campo". Esto sugiere que se puede mejorar si las empresas invierten más en investigación aplicada en el campo.
En resumen, los sensores representan una herramienta poderosa para el monitoreo de la salud del rodeo lechero, permitiendo diagnósticos tempranos, optimización de recursos y mejora de la rentabilidad del tambo. Su implementación, sin embargo, debe ser estratégica y considerar la variabilidad del ganado y las limitaciones actuales, mientras se impulsa una mayor conexión entre la investigación y la aplicación práctica para un futuro más eficiente y saludable en la producción láctea.
FUENTE: INTA