El interés global por productos con alto contenido proteico ha impulsado una saturación en la cadena láctea, especialmente en la producción de concentrados de suero. Según un informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina ( OCLA), esta tendencia modificó la dinámica del negocio lácteo internacional, llevando a las empresas a enfrentar limitaciones de capacidad.
Frente a esta situación, los procesadores destinan una proporción creciente de leche a la fabricación quesera, buscando mejores márgenes. Simultáneamente, aprovechan el suero resultante para producir concentrado de proteína de suero (WPC) y aislado de proteína de suero (WPI). Sin embargo, la rápida expansión comercial ha restringido la oferta, y algunas compañías ya reciben solicitudes con varios meses de antelación, lo que evidencia una competencia por acceder a cantidades limitadas.
Los actores del sector están ampliando sus establecimientos y realizando mejoras de eficiencia. No obstante, estos proyectos requieren largos plazos antes de comenzar a operar. En este escenario, la optimización del equipamiento existente se ha convertido en una alternativa para elevar el rendimiento. Según Rachel McGinness, líder del programa de I+D+i de Ecolab, las instalaciones pueden ganar capacidad mediante ajustes en los sistemas de membranas, los ciclos de limpieza in situ (CIP), los pasteurizadores y los secadores.
McGinness explicó que la mayoría de los clientes tienen limitaciones de capacidad, sobre todo en instalaciones antiguas donde se instalaron sistemas de membrana hace años. Estos equipos, que inicialmente podían funcionar al 60%, actualmente operan al máximo, aunque el margen para seguir creciendo es reducido. La especialista advirtió que la superficie disponible para filtrar y concentrar la proteína es limitada, afectando la Producción láctea.
Desafíos en la cadena láctea y el procesamiento de suero
La elaboración de ingredientes altamente concentrados no depende únicamente de las membranas. Para obtener proteína de suero, las fábricas también necesitan pasteurizar el producto y completar procesos de evaporación y secado. Por este motivo, ahorrar tiempo en la filtración no garantiza una mayor producción, ya que el embotellamiento puede trasladarse a las etapas posteriores. Esto representa oportunidades comerciales perdidas para una actividad que ya enfrenta recursos restringidos.
McGinness señaló que la mayoría de las plantas operan las 24 horas, lo que implica más de 20 horas de funcionamiento en sistemas de membranas y otros equipos. Así, el desafío de la agroindustria no pasa solamente por disponer de materia prima, sino por ampliar el potencial de transformación necesario para acompañar un mercado global en plena expansión, según informó Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) el 17 de julio de 2026.
FUENTE: Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)