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Sanidad

Bioseguridad en el tambo: gestión correcta de cadáveres

Implementar protocolos para el manejo de animales muertos es vital para la bioseguridad en la ganadería y reduce riesgos para la salud pública y el ambiente.

13 de diciembre de 2025 - 08:00

La bioseguridad es un conjunto de prácticas de manejo que, al mantenerse en el tiempo, reducen la posibilidad de introducción y transmisión de enfermedades en el rodeo. Se trata de una actitud y comportamiento humano, más que de una tecnología, para lograr conductas preventivas.

Para garantizar la sanidad en el establecimiento y minimizar el impacto en la salud pública y el medio ambiente, es fundamental gestionar correctamente los cadáveres mediante un protocolo que defina su traslado, destino final y procesamiento.

Según el tamaño del animal, el destino varía: si es un feto o ternero, se aconseja el entierro en el lugar (in situ), mientras que para un animal adulto se recomienda el traslado a un cementerio. Estas acciones deben realizarse dentro de las 48 horas de la muerte.

Recomendaciones de manejo

Es crucial evitar arrastrar a los animales muertos por el campo, ya que esta práctica frecuente puede diseminar agentes infecciosos como Carbunclo, Tuberculosis o Salmonelosis. Lo correcto es utilizar una pala mecánica, pinche o balsa de arrastre y, si el cadáver elimina fluidos, cubrirlo con una bolsa embebida en desinfectante. Asimismo, se recomienda desinfectar las superficies de las máquinas que tuvieron contacto con los cuerpos, especialmente si luego manipularán alimentos.

Para el enterramiento in situ de animales pequeños, se debe cavar un pozo de al menos un metro de profundidad y aplicar desinfectante previo al entierro. En el caso del cementerio para adultos, este debe ubicarse lejos de zonas habitadas, en un lugar elevado y cercado. Se sugiere una fosa de no más de un metro de profundidad para evitar la contaminación de napas, cubriendo los restos con al menos 40 cm de tierra.

Es recomendable desinfectar las superficies de las máquinas que estuvieron en contacto con los cadáveres para evitar la propagación de microorganismos patógenos. Especialmente si esas máquinas son las que se utilizan para manipular alimentos o forrajes. Los desinfectantes más utilizados son el formol, fenoles, cresoles, iodo con ácido fosfórico y ácidos orgánicos de última generación.

Finalmente, no se recomienda la quema de cadáveres, ya que es una tarea compleja que puede expandir esporas y genera contaminación ambiental.

FUENTE: Todo Lechería

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