La bioseguridad es un conjunto de prácticas de manejo, que cuando son mantenidas en el tiempo, reducen la posibilidad de introducción y transmisión de enfermedades en un rodeo. Se trata de una actitud, más que una gran tecnología y apunta al comportamiento de la gente para lograr actitudes y conductas.
Para llevar a cabo un plan de bioseguridad es clave realizar un análisis de riesgos y revisarlo periódicamente. En este articulo sólo haremos hincapié en cómo minimizar el riesgo de introducir nuevas enfermedades al rodeo.
A mis estudiantes de grado les insistía que, “la mayoría de las enfermedades entran al campo caminando”, indicando que ingresan al introducir animales infectados. También les decía que “billetera mata sanidad”, entendiendo que un buen negocio no siempre lo es.
Una de las principales medidas es mantener un rodeo cerrado, asegurándose la reposición con animales nacidos y criados en el propio establecimiento. Pero cuando se quiere comprar animales por necesidad de reponer o para agrandar el rodeo, se deberían implementar medidas para minimizar el ingreso de enfermedades.
Cabe destacar que estas medidas también deberían aplicarse cuando la cría y recría de terneras se realice en otro establecimiento, ya se propio o de terceros.
¿Qué enfermedades pueden ingresar al incorporar animales al tambo?
Los animales que ingresan al tambo deberían estar libres de Brucelosis, Tuberculosis, Paratuberculosis, Anaplasmosis, Leucosis, Diarrea Viral (PI:Infectado Persistente) y Neosporosis.
Otras dos enfermedades, de gran impacto económico, que también deberían considerarse, son la Salmonelosis y la Mycoplamosis.
¿Cómo minimizar el ingreso de estas enfermedades?
Antes de ingresar los animales se deberían sangrar y enviarla a un laboratorio, solicitando el estudio serológico de las enfermedades indicadas y tuberculinizar para identificar enfermas de Tuberculosis. Para detectar portadores de Salmonelosis y Mycoplasmosis no existen técnicas confiables, por lo que es muy importante conocer si en el establecimiento proveedor existieron casos clínicos con diagnósticos de laboratorio, en los últimos años.
Los animales ingresados deberían ubicarse en un corral o potrero que no contacte con bovinos propios, por al menos durante 20 días. Pasado este tiempo se volverían a sangrar para repetir los análisis anteriores y tuberculinizar. Recién después de obtener negatividad a los mismos se podrían juntar.
En futuros artículos analizaremos los factores de riesgo para otras áreas vulnerables de un programa de bioseguridad, como son el personal del establecimiento y las visitas, instalaciones, control de roedores e insectos y planes sanitarios que permitan el control de enfermedades endémicas del rodeo y el control del alimento que consumen los animales.
* El Dr. José Angel Giraudo es Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Río Cuarto y director del Laboratorio de Salud Animal (LASA), en Córdoba.