Aumentar la producción de carne vacuna es hoy el gran objetivo del sector ganadero argentino. Un reciente estudio elaborado para la Fundación Producir Conservando revela que el país podría alcanzar un volumen de 5 millones de toneladas de carnes por año. De lograrse, se podrían exportar hasta 2,5 millones de toneladas, generando ingresos por 12.000 millones de dólares.
Sin embargo, el principal impedimento para alcanzar ese potencial es tan básico como insoslayable: falta comida. Falta pasto.
Actualmente, el porcentaje de terneros por vaca ronda entre el 62% y el 64%, cayendo al 55% en años de sequía, consecuencia directa de la escasez forrajera. El déficit de pasto limita el índice de destete: hoy alcanza apenas al 66%, lejos del objetivo del 72% o 75% que plantea el sistema productivo. La “cruzada por más pasto” se impone como una prioridad absoluta.
Para revertir esta realidad, la eficiencia en la producción de forraje emerge como un punto central. Así lo destaca el especialista Mateo Hopff, socio de Fernando Canosa en la consultora Conocimiento Ganadero, quien insiste en la importancia de "planificar adecuadamente cada ambiente del campo para decidir qué especies pasturas utilizar.
En ese sentido, contrasta la poca atención que recibe la siembra de pasturas frente a cultivos como el maíz. Aún en las mejores condiciones, solo el 30% de las semillas logra implantarse exitosamente", señaló, en el marco de una charla organizada por Agropharma en el marco de la Expo Rural.
Invertir y capacitar
La implantación de pasturas presenta una enorme oportunidad para mejorar la eficiencia productiva de la ganadería. Y ahí es donde entra la capacitación: "el personal que maneja el pasto debe estar formado y contar con herramientas adecuadas. Aunque muchos productores ven con recelo el cultivo de alfalfa, con apoyo técnico, el éxito está al alcance", aseguró el experto.
La sanidad y la nutrición no pueden verse como gastos individuales, sino como partes de un paquete de inversión completo, especialmente en un contexto donde los precios relativos de la carne son muy favorables para quienes invierten.
Una revolución pendiente
"El sector forrajero necesita su propia revolución tecnológica, similar a la que vivió la agricultura en los ‘90. En aquella década, la producción agrícola saltó de 35-40 millones a 140 millones de toneladas, sin aumentar la superficie sembrada. La clave fue la incorporación de tecnología", recordó Hopff.
Hoy, con herramientas como la información satelital, es posible determinar el potencial forrajero de cada lote y planificar siembras estratégicas. "Esto podría permitir pasar de una vaca por hectárea a tres, generando un círculo virtuoso de mayor producción, rentabilidad y sustentabilidad", auguró.