En los sistemas de cría de la Cuenca del Salado, los partos se concentran hacia el final del invierno, coincidiendo con una oferta forrajera restringida en cantidad y calidad. En este periodo de alta exigencia fisiológica, la vaca debe cubrir sus requerimientos de mantenimiento y la producción de leche para los terneros, lo que suele provocar una severa pérdida de peso y condición corporal.
¿Cuál es el impacto de suplementar la vaca en lactancia?
Un ensayo del INTA reveló que suplementar la vaca durante la lactancia mejora su condición corporal y el crecimiento de los terneros, aunque los beneficios no siempre llegan al destete.
Para atenuar este impacto, la suplementación energética con grano de maíz entero surge como una alternativa habitual en la región. Sin embargo, resulta clave determinar si el aporte energético adicional durante los primeros meses de lactancia logra traducirse en mejoras duraderas sobre la respuesta reproductiva y el peso al destete de los terneros.
Un ensayo riguroso sobre vaca Angus
Para responder a esta inquietud técnica, profesionales de la EEA Cuenca del Salado del INTA realizaron un ensayo en la Colonia Ortiz Basualdo (Ayacucho). Se evaluaron 72 vacas multíparas Angus, todas preñadas mediante inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) con semen de un mismo toro, distribuibles a los 22 días posparto en 12 corrales durante un periodo experimental de 80 días.
Todos los animales dispusieron de heno de pastura de festuca ad libitum (9,1 % de proteína bruta y 53,1 % de digestibilidad). La mitad de los corrales recibió una suplementación diaria de 4 kg de grano de maíz entero por vaca, mientras que la otra mitad constituyó el grupo control sin grano. Cumplido el periodo a corral, ambos lotes se manejaron en conjunto sobre pastizal natural hasta el destete.
Protección del estado corporal materno
Al finalizar los 80 días de tratamiento, el impacto sobre el estado de las madres fue contundente. Mientras el grupo control perdió peso y descendió de 419 kg a 405 kg, las vacas suplementadas sostuvieron su masa corporal, pasando de 421 kg a 418 kg. En condición corporal, las vacas sin suplemento cayeron de 2,8 a 2,3 puntos, en tanto las suplementadas finalizaron con 2,7 puntos.
No obstante, este beneficio fue temporal a nivel del peso final. Al regresar al pastizal natural y llegar al destete, ambos rodeos igualaron sus registros: 428 kg en las vacas control y 426 kg en las suplementadas, con idéntica condición corporal (2,7 puntos). La suplementación protegió a la vaca en su pico de demanda, aunque el pastizal posterior permitió la recuperación compensatoria del grupo control.
Estímulo en la respuesta ovárica
En el ámbito reproductivo, la evaluación ecográfica efectuada a los 35 días de ensayo reflejó un efecto positivo sobre la dinámica ovárica. Aunque la presencia de cuerpo lúteo previa al protocolo no registró diferencias significativas, las vacas suplementadas alcanzaron una tasa de ovulación del 97,1 % tras la sincronización, frente al 77,5 % del grupo control.
Asimismo, el área del cuerpo lúteo resultó considerablemente mayor en las vacas que recibieron maíz (338,5 mm² frente a 268,4 mm²). Pese a esta clara ventaja en la funcionalidad ovárica, la tasa de preñez a la IATF no mostró diferencias estadísticamente significativas (51,5 % en suplementadas vs. 46,7 % en control), en parte atribuible a la escala del ensayo pero confirmando una tendencia fisiológica promisoria.
Desarrollo de los terneros y convergencia final
La respuesta de las crías acompañó el mejor estado materno durante la intervención nutricional. En los 80 días con suplemento, los terneros de vacas alimentadas con maíz lograron una ganancia diaria de 0,684 kg/día frente a los 0,557 kg/día del grupo control, representando 127 gramos adicionales por día y una diferencia acumulada de 8,5 kg a favor del lote suplementado.
Sin embargo, al retirar el grano y compartir el pastizal natural, la ganancia posterior de peso se igualó (0,578 kg/día en el control y 0,577 kg/día en el suplementado). Debido a esta convergencia en las tasas de crecimiento, la ventaja inicial se diluyó y el peso al destete (181,9 kg vs. 176,6 kg) no arrojó diferencias estadísticamente significativas.
Criterios clave para la decisión productiva
El análisis también consideró el sexo de la cría: los machos resultaron más pesados al nacer (31,1 kg vs. 28,3 kg) y al término de los 80 días de suplementación. Sin embargo, la respuesta al tratamiento nutricional no estuvo condicionada por el sexo del ternero, descartándose interacciones entre ambas variables.
En síntesis, la investigación del INTA demuestra que la suplementación energética en lactancia temprana es una excelente herramienta sanitaria y nutricional para preservar las reservas maternas y favorecer la actividad ovárica. Sin embargo, si la meta exclusiva del establecimiento es obtener terneros más pesados al destete, el beneficio no perdura sin continuidad nutricional, por lo que su aplicación debe responder a un claro objetivo técnico y económico dentro del ciclo completo de producción.