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Manejo

Alambrado ganadero: clave para la eficiencia productiva

El alambrado ganadero, clave para la eficiencia, se integra al pastoreo rotativo y la trazabilidad en la ganadería argentina.

20 de agosto de 2026 - 15:22

La función del alambrado ganadero ha evolucionado significativamente en el paisaje rural argentino. Lo que antes era principalmente un límite físico, hoy se considera una infraestructura productiva esencial para optimizar el uso del forraje y la gestión de los rodeos. Esta transformación se da en un contexto de búsqueda de mayor eficiencia, con indicadores reproductivos mejorados y exportaciones récord.

El rodeo bovino argentino cerró 2025 con 50.920.790 cabezas, lo que representó una disminución del 1,36% respecto al año anterior. Sin embargo, la relación entre terneros logrados y vacas del ciclo previo se mantuvo en 65,2%, superando el promedio de 62,3% registrado en la serie 2007-2025. El país contabilizó 14.405.022 terneros y terneras, un resultado que, a pesar de la reducción del stock, evidencia una constante búsqueda de eficiencia reproductiva.

Esta presión por mejorar la producción coincide con un negocio exportador en expansión. En 2025, Argentina alcanzó un récord de USD 3.700 millones en exportaciones de carne bovina, un 22,3% más que en 2024, con 853.183 toneladas equivalentes res con hueso. Entre enero y mayo de 2026, las ventas externas subieron 46% en valor, hasta USD 1.765 millones, y 11% en volumen. En mayo, el peso promedio de faena llegó a 240 kilos, el mayor registro mensual en más de tres décadas. Este escenario traslada el foco hacia decisiones de infraestructura que antes podían postergarse, como la planificación de los cercos.

Del perímetro al pastoreo modular

Una de las tendencias más visibles en la ganadería es el esquema híbrido, que combina perímetros permanentes y durables con subdivisiones internas flexibles. Esta lógica responde al avance del pastoreo rotativo y del apotreramiento, sistemas que requieren modificar la superficie disponible según la oferta forrajera, la categoría del rodeo y el tiempo de descanso previsto. En 2025, un estudio presentado en el Congreso Argentino de Producción Animal analizó el uso de boyeros eléctricos solares distribuidos mediante el Programa de Energías Renovables en Mercados Rurales (PERMER) en pequeñas producciones de Catamarca, donde se entregaron 406 dispositivos. La finalidad era facilitar los apotreramientos y el pastoreo rotativo, aunque el seguimiento detectó usos diversos según el ambiente y la escala productiva.

Otros trabajos publicados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) durante 2025 avanzaron en la misma dirección. En el sur de San Luis se evaluó un sistema de pastoreo rotativo con ciclos de 35 días sobre pasturas megatérmicas. En el norte santafesino, se utilizaron imágenes satelitales para estimar la producción de forraje dentro de un sistema rotativo. La tendencia es clara: dividir, medir y ajustar. En este modelo, el alambrado funciona como la interfaz material entre la planificación agronómica y el movimiento real de los animales. Marcelo Pascual, un especialista del sector, señala que la elección del alambre no debe basarse solo en la costumbre o el precio, sino en el tipo de animales, la presión del cerco, el terreno y si será permanente o móvil.

Diseño de cercos para la producción

El mercado ofrece alambres de alta resistencia, distintos calibres y tejidos adaptados a especies y usos específicos. La elección implica combinar componentes según la función del cerco, la especie, la presión de los animales y las condiciones del terreno. Para bovinos de gran porte, la resistencia, la tensión y la estabilidad estructural son clave. Para ovinos, caprinos o animales pequeños, la geometría del tejido y la separación de los hilos adquieren mayor relevancia. En las divisiones electrificadas, la conductividad, los aisladores, la puesta a tierra y el control de la vegetación son tan importantes como el diámetro del alambre. El costo real de un alambrado incluye no solo la instalación inicial, sino también las horas de trabajo, los traslados y las intervenciones que demandará durante toda su vida útil.

El nuevo criterio de diseño rural evita analizar cada elemento por separado. El punto de partida es el mapa de uso: dónde pastorea cada categoría, cómo llega al agua, qué recorridos realiza el personal, dónde se concentran los animales y qué sectores necesitan descanso. A partir de allí se define qué tramos deben ser permanentes, cuáles pueden ser móviles y dónde conviene reforzar esquineros, tranqueras o accesos. El diseño debe contemplar también la circulación de vehículos y maquinaria, la ubicación de mangas y corrales y la posibilidad de modificar el planteo productivo en el futuro. La modularidad tiene una dimensión económica, ya que un diseño que permite retensar, reparar por sectores o modificar subdivisiones reduce la necesidad de reemplazar instalaciones completas.

Trazabilidad y el alambrado ganadero

La transformación de los cercos ocurre al mismo tiempo que la ganadería incorpora más información. Desde el 1 de enero de 2026, los terneros y terneras deben ser identificados con dispositivos electrónicos oficiales al destete o antes de su primer movimiento. Esta medida forma parte del Sistema Nacional de Identificación Electrónica de Animales y busca fortalecer la trazabilidad individual. La trazabilidad digital no reemplaza la infraestructura física, sino que la vuelve más necesaria. Identificar individualmente a los animales resulta más útil cuando el establecimiento puede separar categorías, ordenar movimientos y registrar con precisión lo que ocurre en cada potrero.

Esta convergencia entre datos, energía y materiales redefine una tecnología centenaria. El perímetro robusto sigue siendo indispensable, pero se complementa con boyeros solares, subdivisiones móviles, sensores remotos, caravanas electrónicas y registros productivos. El objetivo no es llenar el campo de dispositivos, sino lograr que cada metro de cerco responda a una decisión de manejo. Para Marcelo Pascual, el especialista, el cambio es cultural además de técnico. «Durante mucho tiempo el alambrado se revisaba cuando se rompía. Hoy empieza a planificarse junto con la carga animal, el agua, el forraje y la circulación. Esa mirada preventiva permite usar mejor los recursos y evitar que un problema aparentemente menor termine afectando toda la operación», afirma.

Con un rodeo cercano a 51 millones de cabezas, exportaciones en expansión y una producción orientada a obtener más kilos por animal, la eficiencia ya no depende solamente de genética, nutrición o sanidad. También se construye en decisiones silenciosas: la ubicación de una tranquera, la tensión de un hilo, la geometría de un tejido o la posibilidad de dividir un lote en el momento adecuado. El alambrado ganadero sigue trazando fronteras, pero su función más moderna es otra: convertir el territorio en una infraestructura capaz de ser medida, administrada y rediseñada para una mayor productividad.

FUENTE: TodoAgro

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