Las enfermedades cutáneas autoinmunes e inmunomediadas representan uno de los desafíos más complejos en la dermatología veterinaria de pequeños animales. El Dr. Pablo Manzuc aborda de manera integral cómo el clínico debe interpretar, diagnosticar y tratar estas patologías.
En el marco de una charla virtual organizada por el Colegio Veterinario de Uruguay, el especialista comenzó redefiniendo la lógica del sistema inmune y los mecanismos que desencadenan el daño tisular cuando la tolerancia propia se quiebra.
Manzuc explicó que el sistema inmunitario de los mamíferos enfrenta continuamente dos grandes tareas biológicas. "El sistema inmune tiene dos enormes desafíos: distinguir lo propio de lo ajeno y decidir, frente a lo ajeno, qué justifica pelear y qué requiere tolerancia", afirmó el especialista. Cuando el primer mecanismo falla, se originan las enfermedades autoinmunes; mientras que el fracaso en el segundo da lugar a las alergias. Asimismo, destacó que los linfocitos y los anticuerpos son los verdaderos orquestadores de estas patologías.
Clasificación según el blanco del ataque
Entender la diana molecular que ataca el sistema inmune resulta fundamental para predecir la presentación clínica. En las enfermedades mediadas por anticuerpos, como los pénfigos, las inmunoglobulinas atacan los desmosomas —las proteínas que unen a los queratinocitos— provocando la separación celular o acantolisis. Por el contrario, cuando el daño es mediado por células, como ocurre en el lupus, los linfocitos atacan directamente los queratinocitos de la capa basal, desencadenando un eritema característico y la pérdida de la estructura tisular.
Dentro del espectro patológico, el pénfigo foliáceo se consolida como la enfermedad autoinmune más frecuente en perros y gatos. Afecta principalmente el puente nasal, los párpados, los pabellones auriculares y las almohadillas plantares, mostrándose como una dermatitis pústulocostrosa generalizada. "En el pénfigo foliáceo, al retirar la costra no encontramos una úlcera ni un agujero profundo; debajo sigue habiendo piel exudativa que cicatriza velozmente", subrayó el disertante para distinguirla de procesos destructivos más profundos.
Claves para un diagnóstico veterinario certero
Dado que el pénfigo foliáceo suele confundirse fácilmente con piodermias bacterianas, el Dr. Manzuc enfatizó la urgencia de realizar citologías e improntas cutáneas de rutina. Al retirar la costra y presionar el portaobjetos sobre el lecho exudativo, el hallazgo de células acantolíticas rodeadas de neutrófilos no degenerados y sin bacterias confirma las sospechas. "El diagnóstico definitivo se basa en la citología y la histopatología: la presencia de células acantolíticas y neutrófilos en ausencia de bacterias es la clave", aseveró el médico veterinario.
Para la histopatología, el profesional advirtió sobre un error común en la práctica clínica: remover la costra antes de tomar la biopsia. Dado que la lesión subcórnea y las células acantolíticas suelen quedar atrapadas en la superficie córnea, la muestra debe conservar la costra adherida para que el patólogo pueda emitir un diagnóstico certero. En el caso de sospechar lupus o patologías de membrana basal, la biopsia debe tomarse en los bordes de la lesión para observar la transición entre el tejido sano y la zona afectada.
Estrategias de tratamiento y mantenimiento
El abordaje terapéutico de estas condiciones se divide estratégicamente en tres fases: inducción, mantenimiento y rescate. Para la inducción en pénfigo foliáceo canino, Manzuc destacó el uso de corticosteroides a dosis altas o mediante protocolos en pulsos de prednisolona, los cuales han demostrado una alta tasa de remisión clínica con baja incidencia de efectos adversos graves si se aplican con supervisión. Una vez lograda la remisión, se busca espaciar la dosis e incorporar inmunosupresores como azatioprina en perros o clorambucilo en gatos.
En cuanto al lupus discoide, caracterizado por la pérdida del patrón empalizado o "adoquinado" de la trufa nasal y eritema persistente, la fotoprotección es un pilar insustituible. "Si el paciente con lupus no logra ser apartado de la radiación solar, cualquier esquema terapéutico terminará fracasando", advirtió el profesional. Finalmente, Manzuc recordó que el objetivo principal en todo paciente crónico es mantener el control clínico sin descuidar la seguridad médica: "Nuestra premisa siempre debe ser no dañar: buscamos la terapia que mejor controle la enfermedad y garantice una buena calidad de vida para el paciente".