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LEJOS DE RETRAERSE, LA PROBLEMÁTICA AVANZA

“Los colegas nos reportan una enfermedad que antes no veían en los bovinos”

Analizamos junto al Vet. Adrián Lifschitz, de la FCV de Tandil y el CIVETAN, la presencia de sarna bovina en diferentes provincias ganaderas. ¿Qué pasa con los tratamientos? ¿Cómo abordar hoy el problema?

Por Luciano Aba 23 de mayo de 2022 - 08:55

Comentarios generales en relación a los frecuentes reportes de veterinarios y productores en cuanto a presencia de sarna bovina en campos de cría y recría, feedlot y tambos de regiones donde la problemática se había erradicado.
Decidimos entrevistar a Adrián Lifschitz, docente de la Cátedra de Farmacología en la FCV de la Universidad Nacional del Centro e investigador del CIVETAN (CONICET) en Tandil.
“La sarna bovina es una enfermedad que durante años estuvo ausente o con un nivel de aparición bajo en relación con lo que ocurría en nuestro país hasta fines de la década del 80 cuando se avanzó en su control, con un fuerte soporte técnico por parte del Dr. Jorge Núñez. Luego de esto, hubo generaciones de veterinarios que durante años no vimos sarna en los campos ganaderos”, nos introducía al tema Adrián Lifschitz en una entrevista realizada con MOTIVAR y que puede verse completa escaneando el Código QR que completa este artículo.
Y reforzó: “La situación ha empeorado año a año de forma masiva desde 2014 y 2015 cuando referentes del INTA de Rafaela, como Oscar Anziani, y la FCV de Tandil por medio del equipo de César Fiel, alertaron sobre una mayor incidencia”.
Más allá de esto, el profesional explicó que la problemática actual en cuanto a sarna bovina se refleja en distintos tipos de establecimientos productivos, sean estos feedlots, campos de cría y recría o tambos.

“Entendemos que, en toda la zona templada y templada – fría está habiendo problemas importantes de sarna. Empieza a bajar la temperatura con días húmedos y seguramente se incrementarán los problemas”.

“Entendemos que, en toda la zona templada y templada – fría está habiendo problemas importantes de sarna (Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y La Pampa)”, aseguró Lifschitz en diálogo con MOTIVAR. Y reforzó: “Los colegas nos reportan constantemente sobre la presencia de esta enfermedad que antes no veían. Ahora empieza a bajar la temperatura con días húmedos y seguramente se incrementarán los problemas. Incluso tuvimos reportes de sarna activa durante el verano, lo cual es un indicador del potencial aumento en la incidencia de la enfermedad”.

MOTIVAR: ¿Existen trabajos que confirmen la gravedad de la situación?

Adrián Lifschitz: La poca información actualizada con la que contamos hace que el abordaje de la sarna bovina sea hoy más complejo. Tenemos que ir generándola de manera estandarizada para poder luego hacer recomendaciones específicas basadas en la evidencia. Toda la información epidemiológica en los diferentes sistemas productivos que uno puede encontrar para las parasitosis internas o para el caso de la garrapata en el Norte, está faltando para sarna.

¿Cambió la enfermedad desde los años ´80?

En este punto ya entramos en el terreno de las hipótesis.
Entiendo que la enfermedad no cambió, sino que las que fueron cambiando son las poblaciones. Hemos ido gradualmente hacia poblaciones de susceptibilidad reducida, por no decir resistentes: soluciones que hasta hace poco respondían siempre bien, hoy no lo hacen del mismo modo en todos los casos.

¿Esto tiene que ver con fallas en los tratamientos?

El tratamiento mayormente utilizado en estos años contra la sarna bovina fue a base de lactonas macrocíclicas, principalmente ivermectina y por vía inyectable.
Teniendo una herramienta eficaz, de fácil manejo (desde la óptica del productor) y con un precio que en los últimos 20 años se redujo considerablemente, el potencial tratamiento al ingreso se hace con ivermectina y no se le da -a nivel general- ningún tipo de seguimiento.
Esta práctica desplazó a la otra opción de tratamiento que tiene la sarna bovina que son los baños de inmersión o de aspersión, siendo estos últimos de más difícil implementación frente a una enfermedad tan contagiosa que requiere el 100% de eficacia. Si quedan animales con ácaros vivos, se reestablece el ciclo.
Si bien los baños de inmersión son más efectivos, la realidad nos muestra que en muchas zonas ganaderas los establecimientos no los tienen construidos o están sin uso desde hace muchos años.
El control de la sarna requiere una acción terapéutica concreta y un componente importante de manejo: al tratarse de una enfermedad tan contagiosa es clave intervenir profesionalmente y de manera adecuada para evitar la reinfección.

Desde el CIVETAN realizaron un estudio sobre la eficacia de la ivermectina. ¿Cuáles son las conclusiones?

AL: En 2016 y junto al equipo del Dr. César Fiel llevamos adelante un trabajo en un engorde a corral con una importante cantidad de hacienda, en el cual probamos dos formulaciones diferentes y esquemas de tratamiento distintos a base de ivermectina. Uno con una dosis y otros con dos (repitiendo a los 7 días). Bajo situaciones controladas y teniendo todos los animales una alta concentración de ivermectina comprobada, ninguna opción de tratamiento llegó al 100% de eficacia.

¿Y fuera de los feedlots?

AL: Luego de realizar aquel trabajo, comenzamos a ir entonces a campos con sistemas extensivos de cría y recría, confirmando resultados similares.
No quiero decir con esto que en el 100% de los casos donde se emplean, las lactonas vayan a fallar. Pero hay lugares donde se hace un correcto tratamiento y seguimiento, con las respectivos raspajes, y a los 14 días seguimos viendo animales con un alto nivel de ácaros. Los tratamientos están empezando a fallar.

¿El tratamiento es más complejo en el tambo?

AL: En este sistema los profesionales tenemos una cantidad restringida de tratamientos: hay muchos fármacos que se eliminan por leche y para usarlos hay que considerar su período de retiro. En el caso por ejemplo de las lactonas inyectables, no está permitido su uso en animales en ordeñe ya que el período de retiro sería tan largo que su utilización es incluso económicamente inviable.
Es decir que, frente a una situación sanitaria compleja, incluso tenemos restringido el arsenal terapéutico.

¿Cuál es el mensaje en cuanto al comportamiento e impacto de la enfermedad en los distintos sistemas?

AL: Hablamos de una enfermedad que necesita un diagnóstico precoz porque es muy contagiosa. Si antes nos quedábamos tranquilos luego de realizar el tratamiento con lactonas inyectables al ingreso, ya no podemos hacerlo.
Se requiere una actualización profesional con mucho seguimiento.
La sarna entra a los lotes y produce enorme pérdidas en kilos. Se habla de 60 o más kilos en sistemas intensivos y hasta 20 kilos en dos meses en sistemas extensivos.
En nuestro caso particular, vimos que animales con un alto grado de infestación (trataos), no solo no ganaban peso, sino que perdían 20 kilos promedio en 28 días.
Más allá de esto y cuando la cobertura de las lesiones llega al 50 o 60% de piel del animal, podemos tener mortandades como las que han tenido algunos establecimientos recientemente, con cientos de terneros involucrados.
Los veterinarios rurales se van a tener que acostumbrar a raspar animales cuando vean lesiones en la piel, para hacer una observación cualitativa con una lupa o un microscopio. Habrá que volver a acostumbrarse a hacer seguimiento de tratamientos a través de raspajes.

¿Qué soluciones pueden hoy los veterinarios proponer a los productores en cuyo campo ya está el problema?

AL: Tenemos productos que están aprobados como acaricidas y son los que debemos usar. Lamentablemente y en la búsqueda de alternativas, padecemos que la biología corre más rápido que la generación del conocimiento. Para hacer nuevas recomendaciones de forma masiva deberemos poder validarlas científicamente para no empezar a hacer tratamientos empíricos “porque el vecino lo hace” o un colega que cree que un producto no aprobado le anduvo bien.
La recomendación para el colega es que esté cerca del tema. Tenemos todavía la posibilidad de evaluar en cada caso las lactonas macrocíclicas aprobadas. Asimismo, se empiezan a construir bañaderos en distintas regiones, en lo que actúa como un reposicionamiento de los tratamientos de inmersión propiciados por el Dr. Núñez para lograr la erradicación en los establecimientos.
La sarna es una enfermedad del campo, con la cual es muy difícil convivir. No podemos dejarla dentro del campo, es necesario hacer los tratamientos que en cada caso se decidan a los animales que ingresan y apartarlos dos semanas para controlar vía observación y raspaje la evolución del tratamiento.
Si el profesional nota fallas, existen otras opciones de tratamientos dentro de las lactonas, como puede ser la doramectina, o en algunos casos formulaciones de larga acción que estén aprobadas como acaricidas.

¿Cuál es la problemática en cuanto a emplear productos que no están específicamente aprobados como antisárnico en este caso?

AL: En primer lugar, que no hicieron la prueba oficial como acaricidas. Luego, el problema es la conclusión errónea de los colegas sobre una eficacia que puede no ser tal, difundiendo tratamientos no comprobados científicamente.
El problema lo tienen ahora y necesitan resolverlo. Eso es entendible, pero las formas que mencionamos son las que hoy se deberían emplear; por eso hoy hay feedlots construyendo bañaderos de inmersión.
En cuanto a la prueba oficial para los productos, vale decir que es exigente, pero fue pensada antes que surgieran las formulaciones concentradas de larga acción: enfrentamos un problema que no teníamos hace décadas, que volvió renovado y para el cual no hemos actualizado las herramientas para enfrentarlo.

¿Qué soluciones vislumbrás a futuro?

Ya es tiempo de que se produzca una reunión o confluencia entre diferentes sectores para abordar la problemática, con la visión del Senasa, la Academia, los INTA, la industria de laboratorios farmacéuticos y los veterinarios, para aunar visiones para empezar a encontrar soluciones concretas.
En esta nueva era del rebrote de la sarna bovina los colegas veterinarios requieren recomendaciones para su control y para eso es necesario poder generar la evidencia de que algún producto no aprobado como acaricida aún, pueda tener efecto.
No se vislumbra la posible aparición de un fármaco nuevo contra la sarna. Por lo cual deberemos avanzar en la hipótesis del reposicionamiento de tratamientos o evaluar otros fármacos.
Otra alternativa a mediano plazo es que alguna nueva aprobación de producto contra la garrapata tenga un efecto contra la problemática, como lo nuevos comprimidos pulguicidas y garrapaticidas para los perros, donde se revolucionó el tratamiento de la sarna demodécica, lo cual nos tienta de pensar en un paralelismo con la sarna de los bovinos. Si bien es cierto que algunos laboratorios han realizado pruebas al respecto, aún no está probada su eficacia.
Es necesario brindar recomendaciones claras que permitan actuar dentro de un marco donde se pueda estar seguro de qué producto y cómo se debe usar.

¿Y al productor, cómo se lo involucra?

Hay que involucrarlo en la información y en la necesidad de que apoye a su veterinaria, si es que lo tiene. No es una pérdida de tiempo encerrar a la hacienda para revisar la presencia de sarna. Es clave que el ganadero entienda que hablamos de un problema que requiere la participación de un veterinario. No se pueden hacer las cosas por la recomendación de un vecino.
Necesitamos generar un ámbito de discusión con los diferentes actores involucrados en el sistema para encontrar las mejores soluciones.

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