En el célebre libro Raymond Carver “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, el autor expresa, a través de diferentes relatos, una “antítesis” de los clichés sobre cuestiones relacionadas a la afectividad.
El autor desenmascara lo romántico para poner en evidencia una mirada más crítica o ácida, dependiendo de cómo se vea, sobre las relaciones interpersonales.
Lejos de cuestiones tan profundas e intrínsecas, hay que “desenmascarar” y replantearnos algunas cosas cuando hablamos de pulgas en el mundo de las mascotas.
Las pulgas, en particular Ctenocephalides felis felis, son los ectoparásitos más frecuentes de las mascotas a nivel mundial (Rust M, 2017). Aquejan a millones de perros y gatos alrededor del globo y en ocasiones, a las personas.
Generan irritación, molestia, problemas dermatológicos, anemia, entre otras dolencias. Creo que todo propietario de perro o de gato ha tenido que lidiar con ellas y ni hablar de los veterinarios.
Debido a esto, hay que resaltar algunos aspectos sobre pulgas y mascotas.
Las pulgas son vectores de diferentes enfermedades para los animales y el hombre. Podemos enumerar al cestode Dipylidium caninum, que frecuentemente es diagnosticado por el propietario al ver “granitos de arroz” que se mueve por las heces del animal o a la bacteria Bartonella henselae. Los gatos actúan como reservorios naturales de esta bacteria. Hasta lo que se conoce actualmente, la mayoría de los gatos son asintomáticos, aunque en ocasiones este patógeno puede producir ciertas patologías como endocarditis o uveítis, entre otras (Lappin et al., 2020). Las pulgas la transmiten a través de sus heces.
Cuando los gatos se rascan, la materia fecal de las pulgas queda en sus uñas.
Los gatos al rasguñarse entre ellos se la transmiten entre sí. Esto puede ocurrir, a su vez, en el humano generando una patología conocida como Enfermedad del arañazo del gato caracterizada por linfoadenopatías regionales al sitio de inoculación, fiebre y decaimiento. En pacientes inmunosuprimidos produce cuadros clínicos más severos como Angiomatosis bacilar o Peliosis hepática.
De esto se desprende que la presencia de pulgas en las mascotas representa un riesgo para la salud de los propietarios (Bitam et al., 2010) y la necesidad de tratar a las mascotas en forma regular y sostenida es imperante.
Muchas veces se habla de que las pulgas son resistentes a todo, que ya no sirve más nada, que pronto dominarán el mundo. Más allá que se ha descripto un tipo de pulgas naturalmente resistentes conocidas como KS1, lo que plantean los especialistas es que hay una resistencia por fallas en el tratamiento (Coles et al., 2014). Hay una serie de factores que abarca este concepto: la pérdida de la periodicidad, la forma inadecuada de administración de los productos, la ausencia de una mirada global del problema y la frustración de los propietarios.
Se estima, que haciendo todas las cosas bien, se tardan meses en erradicar las pulgas de un hogar (Coles et al., 2014).
Y ni hablar, que siempre está el riesgo de las “re-introducciones” de las pulgas al ambiente.
viernes 05 de diciembre de 2025



