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TRAZABILIDAD Y CERTIFICACIONES, CLAVES EN LO QUE VIENE PARA LA ACTIVIDAD

Argentina y la tendencia global del mercado de carne vacuna

El contexto internacional repercute en el accionar de empresas agroalimentarias que deben adaptarse, trabajando en eficiencia productiva, innovación e investigación y también en desarrollo.

Roberto Guercetti
CEO CONECAR

 

 

El mundo se encuentra ante una creciente demanda de proteína. En tal sentido, y citando al Ing. Agr. Fernando Vilella, director del Programa de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía – UBA, podemos decir que la tendencia en el consumo de carnes se dirigirá en un futuro hacia dos mercados de proteínas, las de consumo habitual, donde entra en juego la proteína vegetal; y otro más diferenciado, de proteína animal que incluye certificaciones y trazabilidad, para un consumidor exigente que (con disponibilidad de acceso a la información sumado a un cambio generacional) cuestiona las metodologías empleadas en la obtención de alimentos.
Esto sin duda repercute en el accionar de empresas agroalimentarias que deben adaptarse al nuevo contexto, trabajando en eficiencia productiva, innovación e investigación y también en desarrollo.
En relación a esto, Argentina con su potencial productor, puede contribuir a abastecer parte del mercado mundial y esto se ha visto reflejado en la apertura comercial que ha tenido el país en los últimos años, conllevando el aumento de exportaciones y alcanzando un crecimiento interanual del 47%, impulsado principalmente por la demanda de carne de China y Europa. Esto implicó el aumento de producción y la inversión en el sector ganadero en general, poniendo en marcha todos los eslabones de la cadena.

El caso de Conecar. En el feedlot con capacidad para 10.000 animales se terminan 30.000 animales por año y se producen alrededor de 4.000 Tn. de carne anuales.

En busca de hechos reales

En el informe del IPCVA, sobre faena y producción de carne vacuna de diciembre de 2019, se observa que la oferta de hacienda bovina terminada a corral salida con destino faena durante el primer trimestre del año 2020, será superior a la ofertada durante el período enero – marzo de 2019.
Esto refleja un panorama optimista para el sector que, con políticas públicas y condiciones externas a favor, debería consolidar la tendencia a un aumento de la producción de carne nacional, incrementando la oferta, condición sine qua non para ser protagonistas en el escenario mundial actual.
Es un hecho que, esta apertura de mercados y la firma de nuevos tratados comerciales debe ir acompañada de acontecimientos reales.
A modo de ejemplo, y llevándolo al plano conceptual, traemos a colación la situación con China durante el año 2019.
La cuestión de la fiebre porcina africana provocó entre otras cosas una caída del stock de carne de cerdo y una demanda abrupta por parte del mercado chino, que repentinamente “salió a buscar proteína animal”. El interés por los productos argentinos se concretó en habilitaciones de frigoríficos para exportar al gigante asiático y el aumento del flujo comercial entre ambos países. Esto causó la necesidad de replantear el sector productivo ganadero, entendiendo que para no desestabilizar la oferta y demanda interna y poder atender la demanda externa, es necesario una política de Estado bien establecida y a largo plazo.
Esta tendencia del mercado nacional y mundial de carnes se ha plasmado en Conecar, feedlot con capacidad para 10.000 animales, donde se terminan 30.000 animales por año y se producen alrededor de 4.000 Tn. de carne anuales. En este sentido, se observa que el porcentaje de ingresos de animales con destino a exportación ha pasado del 10% a un 40% del total en los últimos 3 años.

Oficializar la trazabilidad en la ganadería bovina en Argentina, debe ser política de Estado, en consenso con toda la cadena de ganados y carnes, inclusive involucrando a todos los actores de las actividades complementarias como el agro, laboratorios, bioenergías y demás.

La infraestructura adecuada, la calidad nutricional y la certificación de normas han posibilitado esta situación, debido a que desde el establecimiento se garantizan las condiciones para poder producir kilos de calidad, cumpliendo los requisitos de mercado (UE y CUOTA 481) y las demandas de un consumidor exigente. La terminación a corral de animales para exportación es un negocio en crecimiento que, utilizando genética de punta, con un buen plan nutricional y sanitario de origen, y un buen manejo, puede lograr excelentes parámetros productivos, los cuales se traducirán en un buen margen de rentabilidad.
Esto es posible en el marco de una política comercial competitiva y no restrictiva que incentive y acompañe a los productores a producir cada vez más kilos de carne.
Argentina es por esencia productor agroganadero, y solo faltaría ser lógicos y coherentes para generar una revolución de valor. Actualmente el mayor volumen de cereales y oleaginosas se exporta como materia prima.
Una economía circular, incorporará eslabones como la industria, las bioenergías, mediante el cual seguramente llegaremos a un producto con la calidad y cantidad que el mundo demanda.
La revolución del valor irá tomando forma si implementamos las certificaciones como principio básico para demostrar nuestros procesos.
Oficializar la trazabilidad en la ganadería bovina en Argentina, debe ser política de Estado en consenso con toda la cadena de ganados y carnes, inclusive involucrando a todos los actores de las actividades complementarias como el agro, laboratorios, bioenergías y demás.
Con el rodeo trazado, la tecnología tiene campo de acción para ser la herramienta clave para lograr la productividad y que pueda transformarse en una ganadería que se aggiorne a los nuevos tiempos en virtud de garantizar inocuidad sanitaria, bienestar animal, preservación del medio ambiente, entre otras exigencias.
Todo el trabajo interno se alinea con las demandas del mercado, en un contexto donde fenómenos de origen biológico y natural ponen en alerta a toda la sociedad. Esto mismo produce en los consumidores la necesidad de contar con garantías al momento de elegir el alimento. A la vez, pone en jaque a toda la oferta de proteína disponible, no solo por el stock existente sino también por las exigencias de los países, que aplican barreras pararancelarias relacionadas a la inocuidad alimentaria permitiendo o no el ingreso de productos o incluso disminuyendo el valor de los mismos.
En conclusión, la trazabilidad y las certificaciones determinan las posibilidades de los actores y posicionan a las empresas agroalimentarias para jugar en primera, agregando valor a su producción y llegando a los destinos más exigentes. Es una oportunidad que no debemos dejar pasar.

 

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