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La leishmaniasis en el Nordeste

31 de agosto de 2009 - 23:22

» A continuación, un resumen del trabajo realizado por el Dr. José Octavio Estévez. Importante desafío para la profesión.

Estévez disertó, invitado por el Círculo de Veterinarios de la Zona Norte. Estévez disertó, invitado por el Círculo de Veterinarios de la Zona Norte.

Desde el primer caso autóctono de la enfermedad, diagnosticado en nuestro país en marzo del año 2006 en la ciudad de Posadas, Misiones, el número de animales con esta patología se ha incrementado de manera exponencial, verificándose a la fecha y solamente en nuestro laboratorio, unos 2.450 animales diagnosticados (hasta el mes de marzo de 2009).
Si bien la mayoría de los mismos corresponde a perros de Posadas, en el último año se ha diagnosticado una cantidad creciente en otras localidades del  interior de la provincia, así como de las localidades vecinas de la provincia de Corrientes. Esto es probablemente atribuible a dos motivos: por un lado, a la tendencia a la expansión de la enfermedad en la región; así como también a una mayor sensibilización respecto de su presencia de parte de los colegas, con el aumento de los diagnósticos presuntivos derivados para confirmación.

La enfermedad
La leishmaniasis visceral canina es una enfermedad producida en América, por un parásito intracelular de la familia Tripanosomatidae (la Leishmania chagasi) y es transmitida por la hembra de un insecto flebótomo llamado Lutzomyia longipalpis (huésped intermediario obligado en el ciclo de la enfermedad).
En el perro, la misma adquiere especial importancia dado que el mismo posee una gran susceptibilidad, lo que provoca una rápida diseminación en la población canina de un área dada y se convierte en el principal reservorio urbano.
Habitualmente están presentes numerosos signos cutáneos, tales como dermatitis exfoliativa difusa, onicogrifosis, seborrea seca, nódulos cutáneos, y presencia de costras y heridas en hocico, orejas y miembros. Acompañando estos signos, es común observar un deterioro variable de la condición física general, con adelgazamiento progresivo, atrofia muscular, adenomegalia generalizada, esplenomegalia y afectación ocular (habitualmente queratoconjuntivitis y/o uveítis).
Otros signos de aparición frecuente suelen ser trastornos locomotores principalmente del tren posterior, epistaxis y debilidad generalizada.
A nivel bioquímico, los principales cambios que se verifican son: anemia, hiperglobulinemia y elevación de los  valores de urea y creatinina, así como una proteinuria marcada.
El curso de la enfermedad puede ser muy variable, desde encontrarse animales prácticamente asintomáticos, hasta individuos que sufren un deterioro progresivo y fulminante que, generalmente, termina con la muerte por falla renal.
Respecto del diagnóstico, además de un riguroso examen clínico, se requiere la confirmación por medio de la identificación de los característicos amastigotes de Leishmania en el estudio citológico de muestras colectadas en lesiones cutáneas y mucosas, ganglios, médula ósea y/o   bazo. Existen también distintos métodos serológicos y moleculares disponibles, con diferentes grados de especificidad y sensibilidad, que pueden tener variada utilidad en estudios clínicos o epidemiológicos según el caso (IFI, ELISA, Western Blot, Inmunocromatografía, PCR, etc.)
Para la terapéutica de la enfermedad se han ensayado y utilizado una gran  variedad de productos leishmanicidas y leishmaniostáticos, que se deben administrar a largo plazo. Algunos de estos, como el Antimoniato de N metil glucamina (Glucantime), considerada unánimemente la droga de elección, y actualmente también la Miltefosina, no se encuentran disponibles en nuestro país.
Por lo tanto, la principal droga utilizada en este medio es el Allopurinol, como leishmaniostático, acompañado de otras drogas como inmunoestimulantes, vitamínicos y toda la terapia dirigida a neutralizar los diferentes trastornos orgánicos tales como glomerulonefritis, uveítis, piodermias, incluyendo el uso de corticoides, antibióticos, etc.
En nuestra experiencia, con el uso criterioso de los elementos disponibles y un meticuloso seguimiento individual, se  obtiene una alta frecuencia de resultados satisfactorios al mediano y largo plazo.
Asimismo, ante casos particulares, se debe considerar el uso de otras drogas    alternativas, tales como la Anfotericina, Quinolonas, Metronidazol, que pueden ser útiles también en algunas ocasiones.
Con respecto a la inmunoprofilaxis, si bien se han desarrollado algunas vacunas (en Brasil, por ejemplo) que han   demostrado ser eficaces, por el momento existen ciertas limitaciones de tipo legal para su uso extendido, por lo que   escapa a nuestras posibilidades actuales.

Desafío
En este momento, para los clínicos veterinarios, esta enfermedad representa un verdadero desafío. Desde el punto de vista del diagnóstico, por la gran variedad de manifestaciones que puede presentar en los pacientes caninos (y en menor medida felinos), es algo que se debe considerar en   numerosos diagnósticos diferenciales con patologías comunes en la zona. Igualmente, es frecuente encontrar coinfección de leishmania con otras enfermedades (demodeccia, micosis, piodermias, etc.).
Desde el punto de vista sanitario y al ser ésta una zoonosis, es tarea del veterinario comprender y transmitir a la sociedad en general, cuál es el verdadero papel del perro en este contexto, así como la responsabilidad que lleva implícita la decisión de tratar un animal enfermo crónico, que además de ser una víctima más de la enfermedad, con un adecuado manejo, no tiene por qué comprometer la salud humana en la medida en que se apliquen las estrategias sanitarias adecuadas.
Estas deben ir dirigidas a evitar la picadura de flebótomos a humanos y    animales, y reducir la población de los mismos mediante un adecuado manejo de productos químicos y medios físicos en el ambiente y sobre los animales    (pipetas y collares insecticidas en base a piretroides, fumigaciones, mosquiteros, higiene ambiental, etc.).
Tampoco debe olvidarse que debido a la frecuente e intensa movilidad de personas y animales entre distintas regiones del país, la presencia de animales afectados en áreas donde no está descripta la enfermedad es algo completamente    posible y seguramente será cada vez más común en la práctica clínica diaria; por lo que el conocimiento acabado de esta patología, debería ser una prioridad.
Por último, teniendo en cuenta la gran capacidad de adaptación de los vectores, y el proceso de cambio climático que lleva a un desplazamiento de las áreas cálidas hacia el sur de nuestro país, no se puede dejar de considerar la posibilidad de una expansión de la enfermedad hacia regiones hasta ahora impensadas, tales como los grandes centros urbanos del centro de la Argentina.

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