La Paratuberculosis bovina (PTBC) es una enfermedad infecciosa crónica causada por Mycobacterium avium subsp. paratuberculosis (MAP), caracterizada por un deterioro progresivo del estado general. Sus principales signos clínicos incluyen diarrea, a menudo intermitente, pérdida de peso, emaciación y, en estadios avanzados, la muerte del animal.
La infección ocurre principalmente en los primeros días de vida, disminuyendo el riesgo a medida que el animal crece, en particular luego de los 6 meses.
La transmisión es fundamentalmente fecal-oral, aunque también puede producirse por vía intrauterina, ingiriendo calostro, leche de un animal infectado o por ingestión de alimentos contaminados con materia fecal proveniente de animales enfermos.
La enfermedad presenta un período de incubación prolongado y evoluciona en distintas etapas, siendo las iniciales de difícil diagnóstico.
A nivel patológico, genera una enteritis granulomatosa crónica, con lesiones localizadas principalmente en el íleon, la válvula ileocecal, el colon y los ganglios linfáticos asociados.
Importantes pérdidas
Desde el punto de vista productivo, la PTBC genera importantes pérdidas económicas tanto en sistemas lecheros como de carne, estimadas entre U$S 15 y 80 por vaca/año, pudiendo alcanzar valores promedio cercanos a U$S 33 por animal, lo que representa aproximadamente el 1% de los ingresos por producción láctea. Estas pérdidas no solo se deben a los animales con signos clínicos, para los cuales no existe tratamiento efectivo, sino también a los animales subclínicos.
Genera importantes pérdidas en sistemas lecheros y de carne, estimadas en un promedio de U$S 33 por vaca / año Genera importantes pérdidas en sistemas lecheros y de carne, estimadas en un promedio de U$S 33 por vaca / año
Entre las principales consecuencias se destacan la venta prematura de animales, la reducción de la vida productiva, el incremento de los costos de reposición, la disminución de la producción láctea, que puede alcanzar hasta un 25%, la menor eficiencia en la conversión alimenticia, la reducción en la ganancia de peso, la disminución del valor de faena y el aumento de los costos sanitarios.
El diagnóstico de referencia es el cultivo de materia fecal, que permite confirmar la presencia y viabilidad del agente, aunque presenta limitaciones debido a su baja sensibilidad en etapas tempranas y al prolongado tiempo de incubación, que puede extenderse entre 2 y 6 meses.
Por este motivo, adquieren relevancia técnicas complementarias como el ELISA, que detecta anticuerpos y permite identificar animales infectados en estadios más tempranos.
Hasta el momento, no existe un tratamiento efectivo para la enfermedad y las vacunas disponibles pueden reducir los signos clínicos, pero no previenen la infección y, además, interfieren con el diagnóstico de tuberculosis bovina, por lo que no han sido aprobadas por el Senasa.
¿Se puede controlar la paratuberculosis bovina?
El control de la enfermedad se basa en la implementación de estrategias de manejo que incluyen el diagnóstico sistemático, la eliminación de animales positivos y el control en el ingreso de nuevos animales al establecimiento.
El modelo propuesto tiene como principales objetivos disminuir la prevalencia de la enfermedad, reducir las pérdidas económicas mediante la implementación de un programa de saneamiento basado en la aplicación del test de ELISA, y lograr un rodeo sano a partir de animales de reposición provenientes de madres negativas.
Sus principales signos clínicos incluyen diarrea, a menudo intermitente, pérdida de peso y hasta la muerte del animal Sus principales signos clínicos incluyen diarrea, a menudo intermitente, pérdida de peso y hasta la muerte del animal
Entre las medidas recomendadas se incluye el muestreo de animales mayores de 2 años mediante la técnica de ELISA, pudiendo realizarse en forma conjunta con el saneamiento de brucelosis.
Cabe destacar que este ensayo constituye una técnica diagnóstica rápida, económica y de alta especificidad, ampliamente utilizada para el tamizaje y monitoreo de la paratuberculosis bovina a nivel de rodeo, permitiendo la identificación de animales infectados en etapas subclínicas y la implementación de medidas de control sanitario.
Asimismo, se recomienda el manejo separado de los animales infectados, los cuales no deben recibir servicio y deben ser enviados a faena de manera paulatina; del mismo modo, los toros deben destinarse a sacrificio. Las terneras hijas de madres positivas deberán ser destinadas a engorde.
En relación con la recría, se establece la crianza de terneros en áreas no contaminadas, evitando la dispersión de efluentes del tambo en los potreros destinados a tal fin.
Por otra parte, se recomienda la adquisición de reproductores con diagnóstico negativo. Dado que se trata de una enfermedad propia del establecimiento de origen (cabaña) y que los signos clínicos suelen manifestarse entre los 3 y 4 años de edad, resulta fundamental asegurar la negatividad de los animales al momento de la compra. En este sentido, las cabañas deben implementar programas de saneamiento que garanticen la comercialización de reproductores libres de PTBC.
Se sugiere, además, el remuestreo de animales sospechosos a los 6 meses, así como la realización de monitoreos anuales del rodeo para evaluar la evolución del programa, con especial énfasis en las hembras de reposición.
La disminución de la prevalencia de la enfermedad se traduce en una mejora económica significativa, evidenciada en una menor pérdida de animales, una reducción en el descarte, un incremento en la producción de carne y leche, y una mejora en la eficiencia reproductiva.
Autores: Clara Giovanini-Julio C Caione.
Laboratorio 9 de Julio.
[email protected]