La era de la simplificación, desburocratización y del “no hay plata” impactó de lleno en este caso en un drástico desfinanciamiento y retiro de personal que, otrora, recorría los campos fiscalizando y a su vez asesorando y asistiendo a los productores afectados, a la vez que controlaba la circulación de tropas.
Hoy, a duras penas, queda un representante del Senasa por distrito, que debe lidiar con el papeleo y los controles, una tarea lisa y llanamente, imposible.
Así, si bien ya vienen trabajando en conjunto con Senasa desde hace años, las mencionadas organizaciones de Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos toman la posta, organizan el trabajo y cada uno, de acuerdo a su realidad y a su manera, interpreta y maneja la situación.
Así es como Corrientes conformó una mesa técnica junto a Senasa y productores, “para bajar un mismo mensaje en el control de la garrapata”, dijo a MOTIVAR Omar Ricardo Senosiain, presidente de Fucosa.
En Entre Ríos, Fucofa tiene una fuerte presencia entre los productores, pero en la lucha por hacer “una barrera” para evitar que sigan bajando tropas infestadas desde Corrientes, “hemos tenido que pedir la ayuda de la policía de Abigeato”, comentó a este medio su presidente, Héctor Reniero.
Desde el departamento Garay, en el centro-este de Santa Fe, el MV y corresponsable sanitario Matías Dusso, quien encabeza la lucha contra la garrapata desde 2014 en su zona, no ocultó su desasosiego ante una batalla “politizada” en la que “los productores le perdieron el miedo y el respeto al Senasa, que no está a la altura de las circunstancias, ni dimensiona el problema”, consideró.
¿Qué pasa con la garrapata bovina en Corrientes?
Sobre el abordaje en Corrientes de la garrapata y la tristeza bovina, Senosiain destacó que el paso de una estrategia de erradicación a una de control “fue clave y demandó un cambio cultural importante para los productores, quienes hoy deben asumir un rol activo en el manejo sanitario”.
“Ante la falla de los acaricidas y la creciente resistencia, se optó por un abordaje integral que incluye diagnóstico de resistencia, tratamientos racionales, inmunización de terneros, capacitación a productores y control del movimiento de animales”, señaló.
“La garrapata representa una amenaza para más de 14 millones de cabezas en el norte argentino. Para enfrentarla, se requiere no solo voluntad del productor, sino también recursos, capacitación técnica y una estrategia basada en la convivencia con el parásito para que la explotación ganadera siga siendo rentable”, aseguró Senosiain.
Desde Fucosa se insiste en que los productores reconozcan el problema, actúen con responsabilidad y se sumen a un sistema técnico estructurado, orientado a bajar la carga del parásito en el ambiente más que a eliminarlo completamente.
¿Y en Entre Ríos?
Reniero atribuyó la expansión de la garrapata al traslado de animales infectados desde otras regiones, lo que generó brotes de tristeza bovina con alta mortandad.
La propagación también “se ve favorecida por la informalidad en el movimiento de hacienda: animales sin documentación, operados por intermediarios sin controles adecuados, y prácticas que eluden los sistemas sanitarios”, denunció.
“Hay productores que limpian solo los animales, pero no el campo, o incluso ocultan la presencia de garrapata. Aunque no es delito tenerla si se denuncia, persiste la reticencia a reportar los casos”, sostuvo Reniero.
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"La lucha no es sólo química, es técnica y cultural", dice Fernando Fader.
Fucofa colabora con los productores enviando paratécnicos para supervisar tratamientos y ofrece análisis gratuitos de resistencia. Aunque no tiene poder sancionador, solicitó al Senasa un incremento en las multas para reforzar la conciencia sanitaria.
“Entre Ríos mantiene una estrategia de erradicación y a reforzado sus controles, actuando como barrera sanitaria: ha devuelto 70 camiones con animales infectados en lo que va del año”, graficó el directivo.
Atento Santa Fe
El MV Matías Dusso, corresponsable sanitario en el departamento Garay, expresó su preocupación por el avance descontrolado de la garrapata en su región y otras zonas de Santa Fe.
Los inviernos más templados, la falta de controles efectivos y el constante movimiento de animales entre islas favorecen la propagación.
Dusso criticó la pasividad de muchos productores que priorizan el costo inmediato por sobre la prevención, y que ya no perciben al Senasa como autoridad. “El productor evita invertir si su vecino no lo hace, y prefiere soluciones prácticas como los productos pour-on”.
También lamentó que las normativas actuales permitan enviar animales infestados a frigoríficos, lo que desalienta los esfuerzos de erradicación.
Advirtió, además, sobre la creciente resistencia de la garrapata a productos comunes como la ivermectina y el fipronil. “Hoy quedan pocas moléculas eficaces. Si no se racionaliza su uso, también las perderemos. Estamos en un círculo vicioso”, resumió.
Las claves: diagnóstico, rotación y biocontrol
Para el Dr. Fernando Fader, especialista en ectoparásitos, el escenario ideal para combatir la garrapata bovina en el Litoral argentino debe comenzar con un cambio de mentalidad: dejar atrás el uso empírico de productos y avanzar hacia una estrategia profesional, basada en diagnóstico y planificación.
“Cada campo debería iniciar su plan sanitario con un bioensayo que determine la sensibilidad de la garrapata a los principios activos disponibles. Con esa información, se podrían establecer tratamientos racionales y alternados, evitando el desgaste prematuro de las moléculas. En paralelo, estudios serológicos permitirían conocer el grado de inmunidad del rodeo frente a las enfermedades transmitidas por la garrapata”, señaló el profesional a MOTIVAR.
Fader insiste en que los tratamientos sin diagnóstico son un “tiro de escopeta”, que solo alimenta la multirresistencia.
El uso estratégico de bañaderos, la rotación de drogas y, en el mediano plazo, la incorporación de vacunas y hongos como controladores biológicos —ya en fase de desarrollo avanzada en Uruguay— serían pilares de una gestión integrada.
“La lucha no es sólo química, es técnica y cultural”, resume el especialista, quien remarca que el cambio debe venir tanto desde las instituciones como desde los propios productores.
Solo así será posible recuperar el control sobre este parásito que amenaza la sanidad y la economía de la ganadería regional.