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Bienestar

Salud mental en veterinaria: una crisis silenciosa que exige visibilidad

Septiembre es el mes de concientización sobre prevención del suicidio y pone el foco en la salud mental en veterinaria y el bienestar de los veterinarios.

Por Redacción de MOTIVAR 4 de septiembre de 2026 - 11:11

El mes de septiembre marca el inicio de la campaña global de concientización sobre la prevención del suicidio, una problemática que golpea con especial dureza a la comunidad veterinaria.

Históricamente percibida como una profesión idílica y vinculada exclusivamente al afecto por los animales, la medicina veterinaria es, en realidad, una de las disciplinas con mayor riesgo de suicidio a nivel mundial, con tasas que superan ampliamente los promedios de la población general y de otras ciencias de la salud.

Detrás de la práctica clínica diaria se esconde una acumulación de factores de estrés sostenido que impactan de forma directa en el bienestar psicofísico de los profesionales. En la región, las condiciones macroeconómicas y la precarización laboral profundizan un escenario que la comunidad científica internacional ya define como una crisis de salud pública sectorial.

El desgaste invisible

Uno de los principales detonantes de esta situación es la fatiga por compasión, el desgaste emocional crónico derivado del cuidado constante de pacientes graves y el acompañamiento a familias en procesos de duelo.

A diferencia de la medicina humana, los profesionales veterinarios gestionan el final de la vida de manera rutinaria a través de la eutanasia, un procedimiento éticamente complejo. Este recurso, concebido para evitar el sufrimiento animal, se convierte en una fuente de sufrimiento moral cuando debe aplicarse por razones estrictamente económicas. La imposibilidad de los tutores para costear tratamientos de alta complejidad obliga a los profesionales a enfrentar encrucijadas éticas que erosionan sistemáticamente su resistencia emocional.

Presión multidimensional

Al desgaste afectivo se le suman condiciones estructurales severas, caracterizadas por jornadas laborales extenuantes, guardias nocturnas prolongadas y un nivel de remuneración que muchas veces no se condice con la responsabilidad médica ni con la inversión educativa. Esta asimetría financiera genera un estado de frustración y vulnerabilidad económica que cronifica el estrés.

En los últimos años, el ecosistema digital ha introducido un nuevo factor de riesgo: el ciberacoso. Las clínicas y los profesionales se ven expuestos con frecuencia a campañas de difamación en redes sociales por parte de clientes insatisfechos o disconformes con los costos operativos de la medicina privada, un fenómeno que destruye reputaciones y profundiza el aislamiento del veterinario.

Herramientas de letalidad

La literatura científica internacional coincide en señalar que el acceso directo a fármacos anestésicos y eutanásicos constituye un factor crítico de letalidad. El conocimiento técnico sobre farmacología, sumado a la disponibilidad de estos compuestos en el entorno de trabajo, eleva exponencialmente el riesgo de desenlaces fatales durante crisis emocionales agudas.

La conjunción de una alta carga psicológica, el estigma que aún rodea a la salud mental dentro de la profesión y la falta de protocolos de contención eficaces en los centros de trabajo genera un entorno de vulnerabilidad silenciosa.

Romper el aislamiento y hablar abiertamente de la problemática es el primer paso indispensable para revertir la tendencia.

Redes de contención veterinaria

Frente a este panorama, organizaciones globales como Not One More Vet (NOMV) trabajan de manera activa para ofrecer redes de apoyo entre pares, asistencia financiera en momentos de crisis y programas de formación en salud mental. En el ámbito regional, los colegios y consejos profesionales de Argentina comienzan a estructurar comisiones de bienestar para brindar asistencia psicológica especializada.

Resulta fundamental recordar que existen canales de ayuda institucionales y profesionales para quienes atraviesan situaciones de crisis. El abordaje integral de este flagelo requiere el compromiso conjunto de las instituciones académicas, las cámaras empresariales y las asociaciones profesionales para construir un entorno laboral más humano y sostenible.

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