La gestión de conflictos en los equipos veterinarios es determinante para el bienestar profesional de sus integrantes. Un manejo inadecuado de las tensiones puede derivar en un ambiente laboral tóxico, afectando la moral y la productividad. Reconocer los signos tempranos de frustración y aplicar estrategias de comunicación efectivas resulta esencial para fortalecer las relaciones y prevenir escaladas innecesarias.
Gestionar conflictos mejora el bienestar profesional en equipos
La gestión efectiva de conflictos es clave para el bienestar profesional y la productividad en la profesión veterinaria, reduciendo el estrés y el agotamiento.
Bridget Rollins, ejecutiva senior de salud, junto a Adam Christman, DVM y MBA, abordaron este tema en un reciente episodio de un podcast especializado. Ambos expertos destacaron la importancia de la inteligencia emocional para interpretar las propias emociones y las de los demás, un requisito fundamental para entablar un conflicto productivo.
Los especialistas describieron la "zona roja" como el momento en que la frustración domina y la comunicación reflexiva se anula. En este estado, las personas suelen reaccionar de forma emocional, con defensividad o atribuyendo intenciones negativas. Los signos tempranos pueden ser sutiles, como irritación o una sensación de amenaza emocional o pérdida de control, que a menudo se pasan por alto hasta que la situación escala a un ciclo reaccionario.
Identificación de los disparadores en la gestión
Los disparadores emocionales son profundamente personales y suelen estar arraigados en experiencias pasadas o patrones emocionales previos. Pueden ser percibidos como una amenaza a la identidad, los valores o un comportamiento específico que resulta provocador. Por ejemplo, una interrupción constante durante una conversación puede ser un disparador para algunos individuos. La fatiga crónica, el agotamiento y la escasez de personal en la profesión veterinaria aumentan significativamente la vulnerabilidad a estos disparadores, haciendo que los profesionales reaccionen más rápidamente.
Rollins sugiere que, para identificar los propios disparadores, es útil reflexionar sobre situaciones de conflicto pasadas. Analizar qué causó el malestar o la reacción emocional permite construir un patrón y reconocer qué escenarios específicos desencadenan una respuesta. Por ejemplo, si la integridad es un valor central, una acusación de mentira puede ser un potente disparador.
Impacto en la profesión veterinaria y soluciones
El costo del conflicto no gestionado en el ámbito veterinario es considerable. Se manifiesta en el deterioro de la moral del equipo, estrés crónico, agotamiento emocional, pérdida de productividad y aumento de la rotación de personal. Un entorno donde los conflictos se evitan o se manejan de forma deficiente fomenta una cultura de negatividad y mala comunicación, lo que impacta directamente en la calidad del servicio y el bienestar profesional.
Por el contrario, una cultura que abraza la resolución de conflictos ofrece beneficios sustanciales. Estos incluyen una mejora en la comunicación, mayor seguridad psicológica, fortalecimiento de las relaciones interpersonales, intercambio abierto de información y una reducción del estrés. Al abordar las conversaciones incómodas con la premisa de asumir la mejor intención de ambas partes, se construyen vínculos más sólidos y un ambiente de trabajo más saludable.
Respecto al momento adecuado para abordar un conflicto, los expertos enfatizan la importancia de no hacerlo mientras se está en la "zona roja". Es crucial permitirse un tiempo para calmarse y reflexionar sobre la situación. Intentar resolver un problema bajo el influjo de las emociones primarias de "lucha o huida" rara vez conduce a un resultado positivo. Bridget Rollins compartió su experiencia personal, destacando que aprender a esperar y articular claramente el problema una vez que la calma regresa es fundamental para una resolución efectiva.
Además, se advierte contra la práctica de "hacer campaña", es decir, evitar a la persona con la que se tiene el conflicto y, en su lugar, quejarse con otros colegas. Esta conducta no solo no resuelve el problema, sino que lo agrava y contamina el ambiente laboral, generando un clima de negatividad y desconfianza entre los miembros del equipo. La clave reside en la comunicación directa y constructiva, una vez que se ha recuperado la capacidad de razonamiento y se puede expresar la preocupación de manera clara y objetiva.
FUENTE: DVM360