La epidemia de achaparramiento por la Chicharrita del maíz en la campaña 2023/24 dejó una clara lección sobre la importancia de la prevención. Con nuevos registros de incremento poblacional de Dalbulus maidis, la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid difundió recomendaciones para reducir el riesgo de una nueva expansión del vector.
El frío no es garantía contra la Chicharrita
Aunque la campaña 2024/25 ofreció un respiro, el monitoreo de la Red Nacional de Monitoreo detectó aumentos tempranos de la plaga en diversas regiones. Ante este escenario, la REM enfatiza que ninguna medida aislada es suficiente. La estrategia debe ser un manejo integrado, coordinado entre productores y adaptado a las condiciones regionales. Las bajas temperaturas, históricamente consideradas un factor de control natural, ya no garantizan la reducción de poblaciones, pues el insecto posee mecanismos para sobrevivir el invierno.
Vacío sanitario y coordinación en el Manejo
Los especialistas subrayan que el verdadero factor limitante para la plaga es la falta de alimento. Una recomendación clave es eliminar los puentes verdes, es decir, los maíces voluntarios o guachos que permiten a la Chicharrita completar su ciclo biológico en invierno. Otra herramienta fundamental es respetar un vacío sanitario o veda de maíz de al menos 3 meses, evitando la presencia continua del cultivo en una misma región. Esta práctica es crucial en zonas endémicas del NEA y NOA.
La coordinación entre productores es tan importante como las decisiones individuales. Concentrar las fechas de siembra en ventanas definidas interrumpe el ciclo del vector y reduce el riesgo de infecciones. A estas prácticas se suma la utilización de híbridos con mejor comportamiento frente al complejo de achaparramiento, el tratamiento profesional de semillas y el monitoreo constante desde las primeras etapas del cultivo, especialmente en lotes tempranos y áreas de mayor riesgo.
El informe también destaca el uso de trampas para monitorear la presencia de la Chicharrita, una herramienta esencial para anticipar movimientos del vector. Sin embargo, la REM advierte que una elevada cantidad de capturas no implica necesariamente un mayor riesgo sanitario. El número de insectos debe analizarse junto con el nivel de infectividad de esas poblaciones, un parámetro con diferencias regionales significativas.
Por ello, cualquier estrategia de producción agrícola debe considerar simultáneamente la dinámica poblacional del insecto, las condiciones climáticas, la presencia de plantas hospedantes y el grado de coordinación entre los productores. Este enfoque transforma la prevención en una estrategia colectiva, donde cada decisión antes y durante la campaña es determinante para evitar que la Chicharrita impacte nuevamente en el maíz argentino.
FUENTE: Infocampo