El verano 2026 quedará marcado por un fenómeno del clima que condicionó al agro argentino desde diciembre: un bloqueo atmosférico persistente sobre el este del país, que mantuvo alejadas las lluvias y generó reiteradas olas de calor.
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SUSCRIBITEAunque el clima muestra una leve mejora, la sequía sigue condicionando al agro y exige ajustar la planificación productiva.
El verano 2026 quedará marcado por un fenómeno del clima que condicionó al agro argentino desde diciembre: un bloqueo atmosférico persistente sobre el este del país, que mantuvo alejadas las lluvias y generó reiteradas olas de calor.
"Durante gran parte del verano, el este del territorio nacional ha estado dominado por un patrón atmosférico muy persistente, caracterizado por la ausencia de sistemas de precipitación de escala regional", explicó el meteorólogo Leonardo De Benedictis.
Este patrón provocó altas temperaturas sostenidas y un marcado déficit hídrico, especialmente en regiones clave como el Litoral, Córdoba, el noreste argentino y gran parte de la provincia de Buenos Aires. “La combinación entre déficit hídrico y altas temperaturas ha generado un impacto significativo en distintos sectores productivos y ambientales”, advirtió el especialista.
El bloqueo atmosférico —asociado a sistemas de alta presión estacionarios— impidió el avance de frentes fríos y redujo casi por completo las lluvias generalizadas. Esto no solo favoreció el deterioro de cultivos estivales en pleno desarrollo, sino que también potenció eventos extremos en otras regiones, como incendios forestales en Patagonia e inundaciones puntuales en el oeste del país.
“Se destacaron no solo los valores máximos alcanzados, sino también la duración de estos eventos, con varios días consecutivos de calor extremo”, señaló De Benedictis, quien destacó la aparición de récords térmicos históricos en sectores de la Patagonia.
De cara a la segunda semana de febrero, los modelos comienzan a mostrar una ruptura del bloqueo. “Este bloqueo podría comenzar a debilitarse hacia el cierre de la primera semana de febrero”, sostuvo De Benedictis. Aunque no se espera una recuperación inmediata, hay señales alentadoras: “Se observa una anomalía positiva de precipitaciones sobre el noreste argentino y gran parte del Litoral”.
Esto marcaría un giro luego de más de 30 días sin eventos de lluvia generalizados. Sin embargo, el especialista es cauteloso: no se trata del fin de la sequía, sino de un alivio parcial. Zonas como Córdoba y el norte bonaerense seguirían con lluvias “levemente por debajo de los valores normales”.
El otro dato relevante es la temperatura. “Por primera vez desde enero, la segunda semana de febrero podría presentar temperaturas por debajo de los niveles medios en la Patagonia y en la porción central del país”, afirmó De Benedictis. Este descenso térmico no implicaría una recomposición inmediata, pero sí puede aliviar el estrés hídrico de cultivos y sistemas ganaderos intensivos, especialmente si viene acompañado por algunas lluvias.
Región núcleo: se mantiene el estrés hídrico, pero podrían registrarse lluvias puntuales desde la segunda semana.
Patagonia: leve descenso térmico tras semanas de calor extremo e incendios.
Litoral y NEA: probabilidad de lluvias superiores a lo normal.
En síntesis, el verano sigue siendo hostil, pero el clima comienza a dar señales de cambio. Para el agro, esto representa una ventana de oportunidad para ajustar la planificación y reforzar el monitoreo, a la espera de que la atmósfera finalmente libere la presión.
FUENTE: Meteored
