En un escenario de alta producción lechera, mayores exigencias reproductivas y restricciones al uso de antibióticos, el secado de vacas se ha transformado en un nuevo punto crítico en la gestión sanitaria de los tambos. Esta etapa, fundamental para la regeneración mamaria y la prevención de mastitis, requiere cada vez más de decisiones técnicas ajustadas, integrales y personalizadas.
Desde los años '60, el tradicional "plan de los cinco puntos" para el control de la mastitis ubicó al secado como eje del abordaje preventivo. Sin embargo, la implementación del Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos (PRAN) en Europa y la regulación UE 2019/6, desplazaron el uso rutinario de antibióticos intramamarios, imponiendo nuevos criterios: higiene, selladores a base de bismuto y diagnóstico individualizado.
En este marco, la medicina veterinaria de producción asume un rol protagónico. El periodo seco, idealmente de 60 días, no solo garantiza un buen calostro y una lactancia eficaz, sino que también permite abordar infecciones subclínicas que serían invisibles sin una correcta evaluación sanitaria.
Desafíos actuales
El mayor obstáculo sanitario actual radica en vacas de altísima producción que deben ser secadas cuando aún producen más de 25 o 30 litros diarios. Este volumen compromete la formación del tapón de queratina, eleva el riesgo de infecciones y exige estrategias para reducir la producción antes del secado. ¿Cómo? Desde reducir la frecuencia de ordeño, hasta modificar la dieta o incluso emplear bolos acidogénicos para disminuir el apetito de manera controlada.
El uso de paja como único alimento, por ejemplo, puede generar cuadros graves de impactación digestiva si no se acompaña de una formulación nutricional balanceada. En tanto, prácticas como restringir el agua están absolutamente desaconsejadas por sus efectos negativos sobre el bienestar animal.
Una nueva urgencia: hipocalcemia post-secado
Cada vez más veterinarios reportan vacas caídas por hipocalcemia en las primeras horas tras el secado. Esto se debe a un desajuste entre las necesidades de calcio para la gestación avanzada y el abrupto cambio de dieta. La identificación precoz y el manejo adecuado son esenciales para evitar lesiones irreversibles y pérdidas reproductivas.
Hacia un manejo sanitario más complejo
Hoy el secado dejó de ser un simple corte de lactancia para transformarse en un proceso sanitario complejo, que exige diagnóstico, manejo individual y seguimiento possecado. La reducción de antibióticos impone un mayor protagonismo veterinario, no solo en lo técnico, sino también en el diseño de protocolos preventivos y en la formación del equipo a campo.
Porque en definitiva, la salud mamaria no se construye al inicio de la lactancia, sino que empieza —precisamente— al momento del secado.
FUENTE: Juan Vicente González Martín - Revista Frisona Española (2025), adaptado por Redacción MOTIVAR.