Noviembre y diciembre marcan el inicio de la época de secado en muchos tambos, especialmente en aquellos que manejan un servicio estacionado. Lejos de ser “un tramo más”, este periodo es fundamental, ya que de un buen manejo de la vaca seca y su transición depende directamente la lactancia futura.
Por eso, MOTIVAR tomó contacto con la MV Carolina Ledesma, integrante de Quality Milk y consultora de tambos, especializada en calidad de leche, quien destacó que, si se expone a la vaca a una infección durante este tiempo, se condena la próxima lactancia. Por ello, concientizar a producto productores y operarios sobre la real importancia de esta tarea es el desafío principal.
Las claves del éxito
El proceso de secado debe ser cuidadosamente planeado. Según Ledesma, uno de los errores frecuentes es la falta de organización. “El secado es una tarea que no debe dejarse para el final, sobre todo en tambos de servicio estacionado, donde el número de vacas a secar es considerable”, explicó. Se deben garantizar suficientes operarios para un tratamiento, que incluye desinfectar los pezones, aplicar el sello interno y realizar un control posterior.
“El uso de los implementos adecuados y la correcta manipulación de los pomos son clave para evitar infecciones. La higiene en este proceso es crítica, ya que una vaca que entra al secado con una infección intramamaria podría desencadenar mastitis graves, afectando la calidad de la leche a futuro”, agregó.
Evitar el estrés
Otro de los errores más comunes que tarea de secado para el final del ordeñe, lo cual puede comprometer la calidad del procedimiento. En ese sentido, especificó que la planificación debe abordar varios frentes:
- Personal y ejecución de la maniobra: La maniobra de secado es engorrosa y requiere tiempo para ser bien ejecutada. Se debe asegurar un número de operarios acorde a la cantidad de vacas a secar para realizar el tratamiento adecuado, que incluye la preparación de pezones, desinfección, colocación de pomos y sellado. “Una sugerencia es trabajar en equipos de a dos: uno se encarga de abrir toallitas y alcanzar pomos, y el otro, de manipular los pezones. Este sistema es más higiénico, más rápido y reduce el riesgo de contaminación”, destacó la especialista.
- Reducción del estrés: El secado en sí es un momento estresante para la vaca, ya que deja de ordeñarse (generando potencialmente dolor) y cambia su grupo social y de piquete. Si a esto se suman otras maniobras como vacunaciones, suplementación y tacto de confirmación, el estrés se agrava. “Lo ideal es planificar y separar estas tareas para no realizarlas todas juntas. Esto es crucial, dado que el estrés puede afectar la respuesta inmunitaria deseada de la vacunación”, agregó nuestra entrevistada.
- Ambiente y confort: La situación climática obliga a prever las condiciones ambientales de los corrales o piquetes a los que irán las vacas. Es fundamental evitar la exposición a condiciones extremas, como el barro, que incrementan el riesgo de mastitis. Se debe asegurar que las aguadas estén bien, que la dimensión del corral sea apropiada y que el piso esté mínimamente trabajado.
- Preparación para el verano: Dado que el secado arranca al inicio de la temporada estival, es vital pensar en las sombras. Las dimensiones e inclinación de estas deben ser apropiadas para la cantidad de vacas en el corral, y el piso debajo de las sombras también debe estar en condiciones óptimas. “Los veranos, especialmente si son húmedos, son críticos porque se crea un ambiente propicio para la proliferación de patógenos, exigiendo mayor mantenimiento y cuidado del ambiente. El estrés calórico también deja al rodeo predispuesto a problemas de salud”, explicó la veterinaria.
Sanidad, productos y monitoreo
Ledesma explicó que la estrategia de secado tiene 2 objetivos sanitarios clave: curar las infecciones intramamarias preexistentes y prevenir nuevas infecciones durante el periodo de seca.
- Higiene rigurosa en la maniobra: Es indispensable mantener una higiene óptima de los implementos y de los pomos de secado. “Está totalmente contraindicado el uso de agua para sumergir los pomos o durante la limpieza de los pezones”, remarcó.
- Selección de la terapia: La elección del antibiótico a usar en el pomo de secado debe preverse rigurosamente basándose en la casuística de patógenos del establecimiento y, de forma crucial, en el perfil de resistencia antimicrobiana de dichos patógenos. “La selección debe estar basada en el perfil microbiológico del tambo y el historial de infecciones en la unidad. Es crucial utilizar productos que curen infecciones preexistentes y prevengan nuevas durante el periodo seco”, destacó.
- Uso del sellador interno: Es clave considerar la utilización de un sellador interno de pezones. Este actúa como un tapón físico para prevenir nuevas infecciones. “El uso de selladores internos es una herramienta fundamental cuya eficacia ha sido probada y que se recomienda en el 100% de los tambos, siendo una inversión que se recontra paga”, dijo. Y agregó: “El sellador actúa como una barrera, evitando que los patógenos ingresen al pezón durante el periodo de secado”, indicó Ledesma. Y agregó que esto reduce significativamente el riesgo de mastitis y mejora la salud mamaria en el largo plazo.
- Manejo de la vaca clínica: Como regla base, solo deben secarse vacas clínicamente sanas. Si una vaca presenta mastitis clínica al momento del secado, debe atenderse primero según el protocolo del establecimiento y luego proceder al secado, ya que el vaciado de la ubre es necesario para su curación. Sin embargo, el secado es un momento estratégico para atacar ciertas mastitis subclínicas, donde tienen una mayor posibilidad de cura que durante la lactancia, dependiendo del patógeno y las condiciones de la vaca. En ese sentido, el costo de una terapia de secado completa (incluyendo 4 pomos de secado con antibióticos y 4 selladores internos), ronda los 42 litros de leche por vaca.
Consecuencias de un manejo incorrecto
El manejo inapropiado del secado puede tener consecuencias severas en la producción de leche. De esta forma, Ledesma manifestó que uno de los principales problemas que se observan es la falta de recorridas frecuentes de las vacas durante los primeros días del secado.
“A menudo, cuando las vacas ya no son ordeñadas, el control de su salud disminuye, lo que puede llevar a la aparición de mastitis no detectadas a tiempo”, señaló.
El costo de una terapia de completa (4 pomos de secado y 4 selladores internos), ronda los 42 litros de leche por vaca El costo de una terapia de completa (4 pomos de secado y 4 selladores internos), ronda los 42 litros de leche por vaca
Por otro lado, el mal manejo en esta etapa no solo afecta la salud de las vacas, sino que también puede impactar en la calidad de la leche en la próxima lactancia.
“Las vacas que sufren infecciones durante el secado a menudo desarrollan mastitis en el primer tercio de la lactancia, lo que reduce la producción y la calidad de la leche. Los problemas de salud que se originan en el periodo de secado pueden generar un retraso en la reanudación de la producción lechera”, especificó la experta.
Pilar de la productividad
El secado no debe ser visto como una tarea secundaria en lechería, sino como un proceso que impacta directamente en la productividad del tambo.
Una planificación adecuada, el manejo del estrés, el uso de tratamientos antimicrobianos efectivos y la atención a las condiciones del corral son fundamentales para asegurar una transición exitosa hacia la siguiente lactancia.
Si bien el manejo adecuado del secado requiere tiempo y recursos, los beneficios a largo plazo, tanto para la salud animal como para la rentabilidad del tambo, son invaluables.
“A través de la concientización y la implementación de prácticas adecuadas, los tambos pueden evitar pérdidas y asegurar una producción lechera de alta calidad. El secado es un momento clave en el ciclo de producción, y como tal, debe ser manejado con la máxima precisión y cuidado”, concluyó Ledesma.