El 17 de junio, la localidad de Margarita, en el norte de la provincia de Santa Fe, registró el cierre del último Tambo familiar. Este suceso, que marcó el fin de una tradición de tres generaciones para la familia Cancián, refleja las dificultades que enfrentan los pequeños productores en la región, según informó Bichos de Campo.
El establecimiento, iniciado por "Mito" Cancián en 1980 con la entrega de 80 litros de leche cruda a Milkaut, llegó a producir 200 litros diarios ordeñados a mano. En 1996, Mito comenzó a trabajar con uno de sus cuatro hijos, y en 2001, tras su jubilación, la producción alcanzaba los 300 litros diarios con 35 vacas. Este tambo fue el sustento que permitió a tres hijos de la familia cursar carreras universitarias, incluyendo Veterinaria y Agronomía.
Damián Cancián, hijo de Mito y veterinario, regresó al campo en 2013 con la intención de industrializar la leche. La producción creció a casi 2.000 litros diarios con unas 100 vacas. Sin embargo, en 2016, la corriente de El Niño provocó inundaciones que obligaron a la familia a vender la mitad de sus vacas y vaquillonas, reduciendo la frecuencia de ordeño a cada 3 días. Esta situación, sumada a un juicio laboral, llevó a la decisión de achicar la actividad.
Desafíos estructurales y económicos para la Lechería
Los motivos del cierre trascienden lo familiar e incluyen la falta de infraestructura, el deterioro de los caminos y un servicio eléctrico deficiente. Damián Cancián señaló que, tras 46 años de actividad, los caminos de tierra persisten y las líneas eléctricas están muy deterioradas, lo que genera interrupciones de hasta 5 días en el servicio durante tormentas. Estas condiciones hacen inviable la operación de un tambo moderno que requiere energía constante, especialmente para tecnologías como los robots de ordeño.
La complejidad de la comercialización de la leche también fue un factor determinante. La familia Cancián, que en los últimos años comercializaba en conjunto con otros 6 tambos, vio disminuir su competitividad a medida que los vecinos abandonaban la actividad. La negociación de los precios en solitario, sumada a la distancia y los caminos inadecuados, se volvió "engorrosa". Francisco Candiotti, especialista del sector, enfatiza que "en lechería la pregunta no es a qué precio voy a vender sino a qué costo voy a producir".
Actualmente, la familia Cancián ha optado por la ganadería de carne, una actividad que consideran más tranquila y menos dependiente de la mano de obra, que escasea en zonas rurales como Margarita. El cierre del último tambo en la localidad, que en los años 90 y 2000 albergaba 20 establecimientos, simboliza la concentración lechera y los retos que enfrentan los pequeños productores para mantener su rentabilidad y continuidad en el sector.
FUENTE: Bichos de Campo