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Industria

Caprove renovó autoridades en un escenario de mayor presión regulatoria

Alan Wauters y Diego Esborraz fueron reelectos como presidente y vicepresidente de la Cámara. La nueva etapa estará atravesada por los cambios normativos, la receta electrónica y el desafío de ampliar el mercado veterinario.

Por Luciano Aba 8 de octubre de 2026 - 13:14

Alan Wauters y Diego Esborraz fueron reelectos como presidente y vicepresidente de la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios (Caprove). La continuidad encuentra a la entidad en un momento diferente al del inicio de su primera gestión: con mayor participación de sus asociados y un vínculo más fluido con los organismos oficiales, pero también frente a una agenda regulatoria que exige respuestas cada vez más rápidas.

Primero ordenar la cámara

El primer paso fue escuchar.

Wauters y Esborraz señalaron que mantuvieron reuniones con buena parte de los socios para conocer qué esperaban de Caprove y establecer prioridades. A partir de ese relevamiento se avanzó en una reorganización destinada a poner nuevamente la estructura al servicio de las empresas asociadas.

“La Cámara es de los socios. No es del presidente, del vicepresidente ni de la Comisión Directiva”, resumió Wauters durante la entrevista con MOTIVAR. La idea se tradujo en nuevos espacios de participación, además de las reuniones mensuales de la CD.

Más diálogo con el Senasa

La relación con el organismo sanitario nacional fue uno de los ejes de la primera gestión.

Las autoridades de Caprove destacaron un diálogo más directo, aunque aclararon que ese vínculo no siempre permitió modificar las normas. En distintos casos, la Cámara intervino para discutir cómo llevarlas a la práctica, reducir dificultades y anticipar su impacto sobre los laboratorios.

Uno de los avances señalados estuvo vinculado con la renovación de registros de determinados productos.

El trabajo técnico permitió que, en casos justificados y para principios activos ampliamente conocidos, la información sobre residuos pudiera respaldarse con bibliografía reconocida, sin repetir automáticamente todos los estudios.

Vale decir que el alcance de cada presentación continúa sujeto a la evaluación del Senasa.

Ese resultado también mostró el valor del trabajo conjunto con la Cámara de Laboratorios Argentinos Medicinales Veterinarios (Clamevet). La articulación entre ambas entidades permitió llevar posiciones compartidas sobre cuestiones que afectan al conjunto de la industria.

Para Wauters y Esborraz, fue una demostración concreta de que un planteo canalizado institucionalmente tiene más posibilidades de encontrar respuesta que una sucesión de reclamos individuales.

Una cadena que avanza a distintas velocidades

La nueva gestión comienza con una agenda todavía más exigente. Normas GMP, registros, trazabilidad, receta electrónica y nuevos sistemas de información forman parte de los temas que ocupan a los laboratorios.

En ese marco, Wauters sostuvo que la industria suele incorporar con rapidez las exigencias establecidas por el Senasa, pero advirtió que su aplicación no depende únicamente de los laboratorios. Veterinarios, colegios profesionales y distribuidores también deben conocer los procedimientos y contar con

condiciones para utilizarlos. Cuando los eslabones no avanzan de manera coordinada, la presión termina concentrándose sobre quienes están en mejores condiciones de responder.

“En cuanto a la receta electrónica, estamos de acuerdo con que hay que implementarla sobre algunos productos. La preocupación es que todos los eslabones estén preparados”, sintetizó Wauters. Para la Cámara, una transición gradual será clave para evitar interrupciones en la comercialización.

Un mercado con realidades bien diferentes

A la presión regulatoria se suma un escenario económico que no impacta por igual sobre todos los segmentos.

Diego Esborraz señaló que los laboratorios vinculados con grandes animales transitan un año razonable en unidades y facturación, apoyados por la situación de la ganadería bovina y la producción porcina.

Sin embargo, la estabilidad cambiaria y el aumento de los costos medidos en moneda dura reducen márgenes y afectan la competitividad exportadora de la industria.

En animales de compañía, el panorama es más complejo. Aunque es un segmento que venía creciendo, este año comenzó a sentir con mayor intensidad la pérdida de poder adquisitivo. Esa realidad también expuso una cuenta pendiente de Caprove: ampliar el trabajo con los laboratorios orientados a perros y gatos. La posibilidad de crear una subcomisión específica forma parte de las alternativas analizadas para incorporar mejor sus necesidades a la agenda institucional.

Volver a discutir el crecimiento de la industria

Los cambios normativos ocupan buena parte del trabajo de Caprove, pero sus autoridades no quieren que absorban toda la agenda. El otro desafío será retomar una discusión histórica: cómo ampliar la utilización adecuada de productos veterinarios para mejorar la sanidad, el bienestar animal y los resultados productivos.

Por eso, analizan alternativas que van desde capacitaciones y congresos hasta acciones sectoriales destinadas a instalar el valor económico de la prevención. La intención no es promover un mayor consumo sin criterio, sino impulsar el uso responsable de tecnologías que contribuyan a la productividad y al cuidado de los animales.

Este nuevo mandato coincidirá además con el 80° aniversario de Caprove, entidad que avanza en el reto de sostener el diálogo regulatorio sin perder de vista el crecimiento y el aporte de la industria a la sanidad y la productividad.

Finalmente, Alan Wauters y Diego Esborraz coincidieron en su análisis para lo que resta de este 2026 para los laboratorios veterinarios en nuestro país, independientemente del segmento de mercado al cual se dediquen. “El de- sempeño dependerá de la capacidad de las empresas para adaptarse, invertir y competir en un mercado más estable y exigente”, concluyeron.

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