"Sin agua, la ganadería se aleja cada vez más de su potencial productivo"
Aún sabiendo que alrededor del 70% del cuerpo del bovino está conformado por agua, en la ganadería se subestiman las acciones concretas para mejorar su disponibilidad y calidad. ¿Por qué pasa esto? ¿Qué podemos cambiar?
El agua, elemento tan vital como el alimento en la ganadería.
En la planificación de la producción en ganadería, ya sea para carne o leche, es común que la calidad de la pastura, los minerales o la genética ocupen los primeros lugares de la lista. Sin embargo, un elemento fundamental y, paradójicamente, el más subestimado, sigue siendo el agua.
El Dr. Ricardo Sager, médico veterinario con experiencia en este tema, es categórico al respecto en su diálogo exclusivo con MOTIVAR: “El agua no es importante, es indispensable".
A pesar de esta obviedad biológica, la gestión hídrica suele ser uno de los últimos ítems considerados, una negligencia que, según el profesional, es "sinónimo de fracaso productivo".
Más que un nutriente, un alimento vital para el ganado
El agua es, en esencia, "el alimento más importante que tiene el ganado". Esta afirmación se sostiene en la composición biológica del animal: "Alrededor del 70% de su peso es agua. De hecho, si se compra un kilogramo de carne, se está adquiriendo 700 centímetros cúbicos de agua en un envase natural", graficó Ricardo Sager, quien es graduado y doctorado en la UNLP. Además, estudió Ciencias en la Colorado State University y se jubiló en 2022, al frente de la EEA INTA en San Luis.
Nota de Tapa 2 - Ricardo Sager
Ricardo Sager, graduado y doctorado en la UNLP. Estudió Ciencias en la Colorado State University y se jubiló en 2022, estando al frente de la EEA INTA en San Luis.
Ya en el caso de la producción láctea, no se debe perder de vista que el 80% de un litro de leche es agua. El consumo es masivo y directo: una vaca de tambo adulta, de unos 500 kilos, necesita entre 50 y 70 litros de agua diarios sólo para mantener sus funciones vitales, dependiendo de la época del año (obviamente, necesita más en verano).
A ello se suma la necesidad productiva: "Por cada litro de leche que esa vaca produce, necesita tomar entre 3 y 5 litros de agua". Esto significa que una vaca promedio que produce unos 20 litros diarios de leche requiere 100 litros de agua adicionales por día.
“Si el animal no consume la cantidad de agua de calidad suficiente, nunca van a poder producir ese potencial", advirtió Sager.
Una ironía: es el último recurso a considerar
“La subestimación del agua es tan profunda en el sector de la producción ganadera que su importancia y calidad está al final de la lista a la hora de evaluar, emprender o gestionar una empresa o emprendimiento de cría o tambo. Es la mentalidad dominante del productor. Y es así porque en Argentina el agua es fácil de obtener y económica, está muy disponible", razonó el especialista mano a mano con MOTIVAR.
Sager señala que este "olvido" u omisión se extiende incluso a la sanidad y el bienestar animal. “A muchos productores, cuyas familias han tenido campos por 60 o 70 años, nunca se les ocurrió hacer un análisis de calidad del agua que están bebiendo sus animales". Algo que, en el caso de que la provisión surja de napas, es preciso realizar dos veces al año, según Sager, dado que la composición del agua cambia constantemente por diversos factores.
Una vaca necesita 50 a 70 litros de agua diarios sólo para mantener sus funciones vitales Una vaca necesita 50 a 70 litros de agua diarios sólo para mantener sus funciones vitales
Esta desidia se agrava con el argumento de que “el agua no se paga, a diferencia del alimento, donde el productor se asegura que el animal lo consuma porque hay un costo directo involucrado. "Solo cuando los animales no alcanzan los rendimientos esperados (por ejemplo, si no llegan a los 40 litros de leche o a los 180 kilos de ternero al destete) se preguntan... ¿y no será el agua?, agregó".
Para más pruebas de esto, Sager recordó casos de inversores comprando campos a inicios de los 2000 en San Luis o Mendoza sin prestarle atención a este tema y "descubriendo" posteriormente que ese agua disponible no servía más que para hacer sal, llevando al fracaso productivo de esos emprendimientos.
Nota de Tapa 4
La geografía del agua
La calidad y la cantidad de las fuentes hídricas varían drásticamente a lo largo del país. En zonas como el norte de Santa Fe o sectores de Corrientes, en los bajos submeridionales, la única agua disponible es la proveniente de los esteros alimentados por lluvias. Si ésta se acaba, no hay perforaciones ni pozos disponibles.
Por el contrario, en otras regiones como el sur de Córdoba, algunas partes de San Luis y el sur de Buenos Aires, existe la posibilidad de encontrar napas subterráneas de calidad variable (malas, regulares o buenas).
Sin embargo, el agua subterránea no garantiza la potabilidad: "El hecho que sea subterránea no quiere decir que sea buena". Es que hay vastas regiones donde "la salinidad o la toxicidad del agua es tan limitante que directamente no podés hacer una producción animal", advirtió el entrevistado.
Como solución a este problema de calidad en zonas aptas para la ganadería, provincias como San Luis y Mendoza, desarrollaron acueductos para uso ganadero, llevando agua de buena calidad a zonas de cría bovina que carecen de ella.
La calidad del agua es un pilar de la sanidad animal. "La eficiencia de la producción ganadera, sea de carne o leche, entra por la boca. Si un nutricionista formula una ración precisa, un agua de mala calidad puede destruir todo el trabajo, ya que interfiere con la digestión y limita la capacidad del bovino de transformar el alimento en producto”, explicó Ricardo Sager.
Análisis y suplementación
Antes de iniciar la producción en un campo, lo primero que hay que revisar es la calidad del agua. Para ello, el profesional sugiere cuatro pasos:
1. Muestreo: Sacar una muestra de 1 litro de cada fuente de agua.
2. Análisis de rutina: Enviar la muestra a laboratorios estandarizados y especializados para un análisis químico de rutina, determinando pH, sólidos disueltos totales, cloruros, sulfatos, entre otros elementos.
3. Análisis bacteriológico: Se recomienda un análisis bacteriológico con los mismos parámetros que se usan para consumo humano.
4. Periodicidad: El agua puede cambiar si está influenciada por lluvias. En estos casos, el análisis debe repetirse como mínimo dos veces al año (verano e invierno).
Para la producción de carne (cría bovina), un agua con una salinidad total de entre 2 y a 4 gramos de sales totales por litro “es muy aceptable. Si la salinidad está por debajo de 2 g/L, el agua es deficiente y habría que suplementar. Si está por encima de los 4 g/L, comenzará a limitar el consumo, reduciendo el potencial óptimo de producción”, dijo el profesional.
Bebederos: ¿Por qué es clave la ubicación, diseño e higiene?
El manejo adecuado de los bebederos es crucial en la producción ganadera. Sager indica que el principio básico es que los mismos "deben estar donde están las vacas. Ellas no tienen que ir a buscar el agua".
» Ubicación: En sistemas intensivos (tambos, engordes a pasto, feedlots), el bebedero debe estar "en la parcela donde está comiendo el animal". Para vacas de tambo, la distancia del mismo no debería exceder los 100 o 200 metros de la comida. En sistemas extensivos de cría, aunque la vaca necesita caminar más, la distancia entre el alimento y el agua "no debería exceder de 2.000 metros".
» Riesgo de distancia: Si el animal tiene que salir a beber lejos, se rompe el ciclo de crecimiento y reposición de nutrientes, ya que mucha materia fecal y orina se queda fuera del potrero.
» Almacenamiento/presión:
• Extensivo: Se prioriza la capacidad de almacenar agua, por ejemplo, en tanques australianos, para al menos una semana, previendo roturas de bombas o molinos.
• Intensivo (feedlots, tambos estabulados): Se requiere "muy buena presión". Los bebederos deben ser más chicos y fáciles de limpiar, pero la alta presión evita que los animales tengan que hacer cola esperando el llenado.
» Higiene: Es vital proteger el almacenamiento y mantener el agua "circulando siempre lo más fresca posible". Los tanques australianos deben estar "frescos y limpios" y suficientemente elevados para que no les entre tierra o materia fecal. Los bebederos, que son los más expuestos, deben ser limpiados periódicamente, en el campo. "Aunque sea una vez al mes hay que pasarle algún tipo de cepillos, como mínimo", señaló el especialista. También se debe evitar el crecimiento excesivo de algas y la formación de barros.
Nota de Tapa 3
No sólo de pasto se vive
En definitiva, la atención al agua es un desafío constante que requiere romper la desaprensión histórica. Como sugiere Sager, las vacas "no solo viven de pasto".
Además, reconoció al agua como factor productivo y sanitario clave. Con su buena gestión, se podrá alcanzar la eficiencia y el bienestar animal deseados.