Selección de vaquillonas
Todos los años, en los rodeos de cría, debemos descartar –y por consiguiente reponer– un 20% de las vacas madres en producción. Este descarte puede ser por diente (edad), problemas sanitarios, que no dé un ternero por año, aplomos, etc.
Los 10 mandamientos
1. Precocidad (peso al destete y al año)
Históricamente, se han seleccionado las vaquillonas con altos pesos al momento del destete por dos motivos:
a) Las vaquillonas más grandes tienden a ser las de mayor edad: provienen de las vacas que parieron más temprano (vacas cabeza de parición), las que en iguales condiciones de alimentación que el resto, si son Cabeza de parición es porque su fertilidad es alta; y este es un carácter de alta heredabilidad.
b) Las vaquillonas más grandes tienden a provenir de vacas de mayor producción de leche. Sin embargo, existe algún riesgo al seleccionar vaquillonas demasiado pesadas: si se pasan de gordura, su producción de leche puede verse reducida por la gran deposición de grasa en los tejidos mamarios.
Además, las vaquillonas con muy alto ritmo de ganancia de peso pueden tener un desbalance endócrino que puede afectar su fertilidad.
Se ha estudiado que, cuando una vaca es precoz, también lo serán sus crías. En el caso de las terneras también se hereda la habilidad materna.
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El temperamento de los animales es una variable a considerar.
2. Pubertad temprana
Cuanto más temprano empiece a ciclar una vaquillona, mejores serán sus chances de concebir a una edad que le permita parir su primer ternero a los 33 meses de edad –siempre y cuando hablemos de un entore a los 24 meses–.
La edad a la que llegan a la pubertad es de moderada a altamente heredable, y parece estar positivamente relacionada con la eficiencia reproductiva futura de la vaquillona.
Se ha desarrollado un sistema de palpación rectal en vaquillonas un mes antes de su primera época de servicios para la calificación del tracto genital, lo que resultó en una estimación del estado puberal.
Las calificaciones se situaron entre 1 y 5, siendo -1- “Infantil” y -5- “Vaquillonas ciclando”, con cuerpo lúteo palpable o visible si fuera mediante ecografía.
Esta calificación mostró ser medianamente heredable. Las vaquillonas “1” –y probablemente las “2”– fueron consideradas candidatas a ser rechazadas.
Las investigaciones también demuestran que los toros con mayor circunferencia escrotal tienden a dar crías hembras que alcanzan la pubertad a edades más tempranas que las de los toros con menor circunferencia escrotal.
3. Fertilidad
Al evaluar visualmente a las vaquillonas deben descartarse las que muestren demasiada apariencia masculina; pueden ser de baja fertilidad. La verdadera prueba de fertilidad para un grupo de vaquillonas es un alto porcentaje de preñez al final del primer servicio.
4. Facilidad de parto
Hay que considerarla un factor importante ya que solo si la vaquillona tuvo problemas al parir (parto distócico), podemos perder la vaquillona y al ternero. Es muy factible que tengamos que descartar a esa vaquillona como vientre porque quedará con secuelas y, por lo tanto, es probable que no vuelva a quedar preñada.
También se puede tomar como medida preventiva, medir el área pélvica de sus vaquillonas antes del servicio, descartando aquellas que muestran medidas por debajo de determinados niveles, que variará según frame.
5. Aptitud lechera
Es la aptitud de producir buena cantidad de leche para amamantar a su cría. Esta característica puede seleccionarse a través del historial de su madre o si compramos un toro de cabaña, con sus datos. Es importante la buena lactancia del ternero para que crezca sano y rápido.
6. Aplomos y estructura
Una correcta línea de aplomos, y sin otros defectos físicos, es lo que debemos tener en cuenta al momento de la selección. No olvidemos que una vaquillona que camina bien, comerá bien, tomará estado corporal óptimo y quedará preñada.
7. Temperamento (disposición)
El ganado con mal temperamento es más difícil de manejar, y más peligroso.
Las hembras extremadamente nerviosas tienen menos posibilidades de quedar preñadas por inseminación artificial, en comparación con las más tranquilas. Por esta razón, es aconsejable descartar las vaquillonas con temperamento malo o inadecuado.
No debemos olvidar que la mayoría de las veces ese temperamento, además de ser natural, depende mucho del manejo y el tratamiento de nuestra parte.
8. Facilidad de engorde
Debemos considerar que la hembra aporte este carácter genéticamente para que la cría que dé tenga un buen peso al destete y una muy buena aptitud al momento de entrar a su ciclo de engorde. De esta forma, aquel que compre nuestros terneros al destete, los engordará más rápido y con menos cantidad de comida. Esto significa que costará menos dinero para que alcance su peso de faena.
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Ni muy gordas, ni muy chicas, ni muy grandes.
9. Espesor de musculatura
En los últimos años se ha prestado mucha atención a la búsqueda de mayor espesor de la musculatura (carne), lo que está relacionado con la relación músculo/grasa en la res.
Algunas investigaciones sugieren que la selección intensa para esta característica podría tener un impacto negativo sobre los atributos reproductivos (pubertad, fertilidad y facilidad de parto).
10. Frame o Tamaño Corporal
Debemos tener en cuenta que las vaquillonas que vayamos a elegir como futuras madres, no deben ser ni muy chicas, ni muy grandes. Si son muy chicas, traerán la complicación de dar crías chicas y también pueden generar problemas de parto.
Y si son muy grandes, demorarán más en llegar a su pubertad y/o peso óptimo de entore. En este caso, considerando a aquellos establecimientos que cuentan solo con recursos forrajeros naturales o establecimientos de zonas críticas de lluvias (árido y semiárido).
Cuando las vaquillonas tienden a tener frame muy grande es factible que su fertilidad sea baja y, además, requerirán de mayor alimentación (más pasto) para lograr producciones óptimas.
Lo abordado por el MV Fernando Grippaldi, está a disposición en charlas destinadas a productores, técnicos y operarios.
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