Las olas de calor han dejado de ser eventos aislados para convertirse en la norma de los veranos argentinos. Sin embargo, la falta de previsión en las instalaciones sigue cobrándose un alto precio productivo: el estrés térmico no solo genera sed, sino que reduce drásticamente el consumo de alimento, la ganancia de peso y la eficiencia reproductiva en vacas de cría, recría y feedlot.
¿Cuántos kilos de carne que se "evaporan" cuando la infraestructura no acompaña?
Sin sombra, el ganado jadea y no come. ¿Cuál es el el impacto del calor en kilos de carne y cómo la tecnología salva a la producción ganadera de las pérdidas?
El agua es el principal mecanismo del bovino para regular su temperatura. Una vaca de 500 kilos que en condiciones normales consume 40 litros diarios, puede disparar su demanda a 70 litros durante una ola de calor.
La vaca y la sombrilla
Pero el dato más alarmante para la producción es que los animales que no cuentan con sombra artificial beben entre un 15 % y un 25 % más de agua que los que sí la tienen. ¿El motivo? Acumulan más calor corporal, pasan más tiempo jadeando para sobrevivir y reducen su tiempo de ingesta.
Garantizar entre 4 y 6 metros cuadrados de sombra por vaca es, hoy, una inversión directa en la ganancia de peso. A esto se suma el desafío de la dieta. En sistemas basados en forrajes secos, rastrojos o dietas de feedlot con alta proporción de grano, el agua se vuelve el principal factor limitante. Como regla práctica, un bovino requiere entre 3 y 5 litros de agua por cada kilo de materia seca que ingiere.
Tecnología y dimensionamiento: el fin de las excusas
Un rodeo de apenas 200 vacas exige hasta 16.000 litros de agua por día en picos de calor. Ante este escenario, depender exclusivamente del viento o de recorridas manuales es un riesgo productivo inaceptable.
Hoy, la tecnología en la producción ganadera no deja margen para la inacción. Para evitar que los problemas se detecten cuando el daño en la producción ya está hecho, los establecimientos están adoptando tres herramientas clave:
- Sensores remotos: Equipos conectados a WiFi o 4G que miden el nivel de los tanques y alertan en tiempo real al celular sobre consumos anormales.
- Cámaras autónomas de alta definición: Permiten monitorear el movimiento de los rodeos en los bebederos, anticipando fallas sin necesidad de multiplicar las recorridas.
- Bombas solares sumergibles: Sistemas capaces de garantizar caudales constantes de entre 18.000 y 40.000 litros diarios, independizándose de la variabilidad del viento.
La infraestructura debe estar diseñada para los picos de verano, asegurando reservas para al menos tres días y entre 5 y 7 centímetros lineales de bebedero por animal para evitar la competencia. Ignorar estos parámetros ya no es un simple descuido en el manejo; es, directamente, elegir perder producción.
FUENTE: INTA