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Ganadería

¿Cómo tiene que ser la genética bovina para acompañar la tendencia mundial?

Roque Cassini, de La Cassina, destaca el rol de los centros de inseminación artificial y plantea el desafío de seleccionar animales más grandes, con mayor marmoreo y plasticidad para abastecer al mercado interno y externo.

27 de agosto de 2026 - 13:29

“Hoy la buena genética bovina está al alcance de cualquier productor grande, mediano o chico”. La frase de Roque Cassini sintetiza uno de los cambios más profundos que atravesó la ganadería argentina en las últimas décadas y, al mismo tiempo, plantea una enorme oportunidad para los centros de inseminación artificial: acelerar el progreso genético de los rodeos y acompañar a los productores en una etapa en la que también están cambiando las demandas de los mercados.

Cassini es productor y cabañero al frente de La Cassina, una cabaña ubicada en Guaminí, en el oeste bonaerense, que trabaja con las cuatro principales razas —Angus, Hereford, Braford y Brangus— y que comercializa cerca de 1.000 reproductores por año en ocho remates, en distintas regiones y junto a diferentes casas consignatarias. Desde esa experiencia, considera que los centros de inseminación artificial ocupan un lugar estratégico en el futuro de la ganadería.

“Son actores fundamentales en el devenir de la ganadería argentina, son una fábrica de progreso genético, ya que con la inseminación y otras técnicas reproductivas se puede lograr el crecimiento y mejoramiento del rodeo en poco tiempo, y ni hablar con la transferencia embrionaria”, afirma.

Acceso a genética bovina de calidad

Para Cassini, uno de los grandes cambios producidos por la expansión de estas tecnologías fue la democratización del acceso a genética bovina de calidad. “Antes, un toro Gran Campeón podía valer el equivalente a cien Ford Falcon, era algo que solo estaba al alcance de unos pocos. Hoy la buena genética está al alcance de cualquiera”, compara. Pero entiende que el valor de los centros de inseminación no se limita a poner genética de elite a disposición de los productores. También cumplen, según explica, un papel cada vez más importante en el asesoramiento y el seguimiento. “Hay que ver si esa genética que querés o que te gustó realmente sirve para las condiciones y objetivos de tu campo. Eso lo han entendido muy bien los centros”, sostiene.

Cassini también destaca el impacto de las empresas de genética bovina sobre la sanidad animal. Los controles exhaustivos que realizan antes de cada inseminación, señala, contribuyeron a elevar los estándares sanitarios y a mejorar la calidad de los rodeos.

Desafío: abastecer al mercado interno y externo

Pero mientras la genética se vuelve más accesible, también cambia la pregunta que debe responder. Para Cassini, el próximo desafío no pasa solamente por producir animales eficientes, sino por seleccionar aquellos capaces de responder al mercado interno y, simultáneamente, a una demanda internacional cada vez más exigente.

“El mercado está cambiando, tenemos que apuntar a producir animales que puedan terminarse con más kilos y con marmoreo”, advierte. A su entender, la Argentina todavía tiene un margen importante para avanzar en grasa intramuscular frente a algunos de los grandes países productores.

“Estamos en un momento de transformación del mercado mundial. La carne magra y hecha a campo ya no es únicamente la que tiene sinónimo de calidad en los mercados premium como Estados Unidos. Ahí inclusive hay partidas de algunos cortes de esa carne magra que la mezclan con otra mucho más grasosa de sus producciones para buscar equilibrios”, explica.

En ese escenario, el marmoreo aparece como una característica que puede ganar peso en los programas de selección. “Hoy incluso hay consenso en la ciencia médica de que la grasa intramuscular no es dañina para la salud y que le agrega palatabilidad y sabor a la carne”, sostiene.

La estrategia de La Cassina

La propia estrategia genética de La Cassina busca responder a esa necesidad de adaptación. En Angus, su raza principal, el programa de La Cassina (en Angus negro) se construyó a partir del toro Líder, un importante reproductor de la cabaña norteamericana OCC, con más de un millón de dosis comercializadas.

Cassini destaca una genética de líneas moderadas, con animales “blandos” para engordar y, especialmente, con una característica que considera clave para la Argentina: la posibilidad de ser “binorma”, que dan tanto la raza Angus como la también excelente Hereford. Es decir, animales que puedan terminarse rápidamente para el mercado interno o que tengan capacidad para alcanzar mayores pesos de faena cuando el destino sea la exportación. “Esa plasticidad es muy valiosa”, resume.

Desde su perspectiva, la oportunidad que tiene la ganadería argentina no exige una transformación completa de los sistemas productivos, pero sí una revisión de algunas variables. “El ganadero no está acostumbrado a la bonanza, es más, creo que la actual hasta lo sorprendió, pero ahora sí es momento de asumir el cambio”, afirma. Y allí vuelve a aparecer el rol de la genética.

“Sin irnos a un extremo, creo que es momento de invertir en una genética que aporte buen marmoreo y de apuntar a producir animales que puedan terminarse con pesos mayores y con más días de terminación a corral”, plantea.

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