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SUSCRIBITE El concepto de microbiota se refiere al conjunto de microorganismos comensales autóctonos que coexisten dentro de un huésped sin causar daño al mismo. En general nos referimos a la microbiota del tracto gastrointestinal, pero comprende también a la existente en el sistema respiratorio, urinario, genital y la piel.
En el caso de la microbiota digestiva, en los rumiantes es de fundamental importancia la existente en el rumen, mientras que, en los monogástricos como cerdos, aves y equinos, lo es la microbiota intestinal colónica.
A la luz de nuevas investigaciones científicas, se considera a la microbiota como otro órgano funcional del cuerpo. Los microorganismos que la forman, principalmente las bacterias, establecen con su huésped una sociedad que se inicia desde el momento del nacimiento. Por lo que la pregunta a la hora de alimentar ya no es solamente sobre qué especie se trata, sino también sobre a qué microbiota se debe favorecer a fin de que esos microorganismos brinden los nutrientes necesarios al animal mediante la fermentación de los alimentos ingeridos.
Por ello, el concepto de nutrición ya no sólo apunta al organismo animal como se hizo en forma clásica, midiendo requerimientos y aportes de cada especie y etapa, sino que se debe tener en cuenta el equilibrio de la microbiota, para mantener la salud y optimizar la producción de los animales.
Esto comprende tanto una dieta saludable y balanceada, correctamente administrada, como evitar el mal uso de antibióticos que perjudican la microbiota normal, generando resistencia antibiótica y el sobrecrecimiento de microorganismos patógenos.
La alteración del equilibrio de la microbiota normal conduce a una baja producción, y una mayor prevalencia de enfermedades y mortalidad en los animales, con la consecuente pérdida económica para el productor y la pérdida del bienestar animal.
Pongamos un ejemplo donde disponemos de una partida de porotos de descarte como insumo para incluir en la ración.
Esto es habitual en el NOA, y como parte de nuestro trabajo en INTA Salta lo vemos habitualmente, en el cual existen tres aspectos a considerar. El primero es introducir un ingrediente nuevo a la dieta, y que debe hacerse en forma gradual en cualquier especie, en un lapso no menor a 21 días para garantizar la adaptación de la microbiota y prevenir efectos indeseables en la salud animal. Los valores máximos de inclusión de legumbres, tanto sea de soja como porotos, garbanzos, habas, rondan entre un 20% a 30% del peso total de la ración, según especie y categoría. El segundo, y donde cobra más importancia diferenciar especies animales, es que las legumbres poseen factores antinutricionales, que son sustancias presentes en la dieta que inhiben la función intestinal, generando consecuencias indeseables.
Entre otros factores, como las saponinas y los inhibidores de tripsina, tomaremos como ejemplo el ácido fítico o fitato, que es un ácido orgánico que contiene fósforo presente en las legumbres y otros alimentos.
La biodisponibilidad del fósforo a partir de los fitatos, se produce durante la digestión mediante la acción de la enzima fitasa de la que carecen los animales monogástricos, mientras que los rumiantes aprovechan el fitato por la acción de los microorganismos del rumen. Esta diferencia entre la microbiota ruminal y la colónica, es decir entre la microbiota “órgano funcional” de cada especie, vuelve indispensable la desactivación de las legumbres para incluirlas como parte de la dieta de un monogástrico.
Si no desactivamos los porotos, se afecta negativamente la microbiota digestiva, causando disminución del crecimiento, menor eficiencia alimenticia, daños al hígado y al páncreas y fermentaciones indeseables. En líneas generales, la desactivación se realiza mediante el uso de calor, como la cocción o el uso de desactivadores comerciales o caseros. La inclusión de soja en la alimentación animal se realiza habitualmente en forma de harina, expeller o pellets, por lo que ya se encuentra desactivada industrialmente, pero en el caso de utilizar el grano de soja crudo u otras legumbres, como por ejemplo porotos de descarte, garbanzos, etc. deben desactivarse previamente a administrarse a los cerdos, aves y equinos.