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INFORME ESPECIAL - PRODUCCION AVICOLA EN ARGENTINA

¡Quiero ser granjero!

Contrariamente a lo que ocurre en la industria automotriz, donde las piezas se emplazan para configurar un producto final, el sector avícola se hace fuerte en la generación de subproductos que giran alrededor del pollo: el negocio pasa por la comercialización de trozos, patas y pechugas, hasta las vísceras y garras.
1 de junio de 2017 - 00:17

Sin embargo, mucho antes de llegar a los consumidores, la cadena avícola reúne a sus integrados: un grupo de granjas que reciben los pollos bebés y, al cabo de 45 días, los devuelven listos para que el frigorífico continúe el proceso.
El médico veterinario Horacio Gamero, gerente de Producción en Granja Tres Arroyos (empresa líder del sector), repasó junto a

Domenech. El presidente de CEPA describió los pormenores de la actividad. Domenech. El presidente de CEPA describió los pormenores de la actividad.

los números de un negocio “made in” Argentina.
“Al cavo de 21 días, el 85% de los huevos que generamos se transforma en pollitos, los cuales son recibidos por más de 400 integrados para desarrollarlos a lo largo de 45 días, contemplando una mortandad del 4%”. Así resume el profesional el rol de los integrados, que no son otros que los propietarios de la granja a la cual las empresas faenadoras le aportan no solo este insumo estratégico, sino también alimento y asesoramiento técnico.
“El pollo llega con 45 gramos y a partir de allí gana su propio peso diario hasta sumar unos 2,7 kg”, señaló Gamero y amplió: “la nutrición se compone de maíz (60%), los distintos derivados de soja, como harina y poroto (33%), enzimas, minerales, vitaminas y algunas drogas y promotores de crecimiento”.
En la estructura de costos de Granja Tres Arroyos, la nutrición representa más del 62%, mientras que la incubación de los pollos bebés, se lleva un 18%.
“El servicio de granja ronda el 11% y el flete, tanto de los pollos bebés hasta los galpones, como desde allí a las plantas de faena, un 3%”, completa la descripción.

Integrarse al sistema

# EL NUMERO #

220.000

Son los dólares que cuesta montar una granja de ambiente controlado con capacidad para 28.000 aves.

A partir de la módica suma de US$ 170.000 se puede acceder a una granja tradicional con capacidad para 18.000 aves que -al cabo de 365 días- representarán hasta 6 camadas de pollos, y por ende, ingresos por unos $500.000.
Para quienes tengan planes aún más ambiciosos, pueden invertir en una estructura de ambiente controlado (alrededor de US$ 220.000) y así despachar 150.000 aves al año y obtener un plus en su precio, que lleva la ecuación de ingresos hasta el millón de pesos cada 12 meses.
“El integrado aporta la energía y la mano de obra”, apunta Gamero y explica: “hoy, al granjero se le paga unos $4,30 + IVA por cada pollo que sale de una granja tradicional y $5,20 + IVA, si lo hace de los galpones de ambiente controlado. En cualquier caso, el recupero de la inversión se estima en una década”.

El peso de los genes
“En el mundo hay solo tres grandes actores en el desarrollo genético avícola (Cobbs, Aviagen y Hubbard) y al igual que la escala generacional humana, están los animales que inician el entrecruzamiento, luego los bisabuelos, abuelos y reproductores”, describe el escenario Roberto Domenech, presidente de CEPA.
“En Argentina tenemos desde abuelos, por una cuestión de escala: son unos 350.000 y producen unas 7 millones de reproductoras, que generan cerca de 1.000 millones de pollitos al año. Brasil, logra estas cifras por mes y tiene bisabuelos”, graficó el referente sectorial.
En el país, Granja Tres Arroyos es el representante de Cobbs, con una planta de operación en Santa Elena (Entre Ríos) y no solo abastece su demanda, sino que también vende a terceros; Ross (Aviagen) está presente a través de Proteinsa (ex Rasic) y Arbor Acres (Aviagen) lo hace vía una alianza de Aves Soychú y Las Camelias, que opera en San Luis.
A su vez, la Pyme familiar Aveguay trajo la genética de Hubbard.
“Sin ninguna duda la genética es un negocio y, a medida que se avanza en la cadena, es más importante. Cuando comencé en avicultura hace más de 50 años se apoyaba en la suma de una buena genética, nutrición, sanidad y manejo. Pero ahora hay que englobar todos esos puntos con la tecnología”, afirmó Domenech.

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