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SUSCRIBITELas oportunidades perdidas no sólo son objeto de lamentos, sino también de replanteos. Uno de ellos implica indagar cuánto se aprovechaba la situación previa. Adentrarse en el caso español resulta extremadamente ilustrativo para resignificar el argentino, en referencia a quién es el actor que detenta actualmente la venta de zooterápicos al público -en España, los servicios farmacéuticos- y la importancia de esta fuente de ingresos para todos los profesionales.
La temática surgió en una conversación mantenida con Enrique Ynaraja, especialista madrileño en cardiología veterinaria, durante el último Congreso de AVEACA, en Buenos Aires.
Generada desde el estudio móvil de la Radio por Internet disponible en hablandodelonuestro.com.ar, la entrevista versó sobre la situación comercial de los médicos veterinarios en el país europeo, la concepción que tienen los profesionales de su trabajo y las disertaciones que brindó el especialista en el evento (Ver recuadro), entre otras cuestiones.
Uno de los temas interesantes que surgieron en el diálogo -y que dará el pie para abordar la venta de zooterápicos- se relacionó con la reticencia de los veterinarios a considerar su clínica como una empresa. «El trabajo es esfuerzo, dedicación y tiempo, y se hace a cambio de dinero. Es algo que hay que aceptar. Lo importante es que se rija por criterios científicos, por el bienestar de pacientes y clientes, y no únicamente por mi propio beneficio al seleccionar pruebas y tratamientos», aclaró.
“Se trata de una legislación restrictiva porque sólo se puede vivir de los ingresos por los honorarios profesionales”.
Según Ynaraja, es central comprender que una clínica implica inversión, obligaciones bancarias y personal que depende del crecimiento de la misma.
«Los clientes son los financiadores de uno para la compra de equipos o mantenimiento de la empresa», aseguró. Por eso mismo, se debe contar con un enfoque de gestión: planificar y organizar estrategias para financiar recursos. «Es imprescindible saber cuántos clientes se tiene o se pierden, la cantidad y el tipo de tratamientos que se realizan, los gastos anuales y los puntos de mejora», sostuvo.
Es de público conocimiento la crisis económica y financiera actual por la que atraviesa España, que conllevó un crecimiento alto de la tasa de desempleo.
“Los farmacéuticos no trabajan bien el mercado de medicamentos veterinarios en España; no están preparados para asumirlo”.
Según Ynaraja, para el rubro veterinario también trajo consecuencias desventajosas, ya que disminuyeron la cantidad de consultas.
Otro factor que resiente este número es la suba de un 13% del IVA para los servicios veterinarios.
«Sin incrementar su ganancia, el médico veterinario tiene que subir el precio de la consulta en un contexto de crisis. La gente está preocupada y, con respecto a la mascota, da un paso atrás, baja la calidad del alimento, hace menos visitas al veterinario, retrasa las vacunas, le realiza los tratamientos antiparasitarios de forma más esporádica. Incluso, se opta -en una mayor proporción de casos- por la eutanasia porque no se puede hacer frente a los gastos del tratamiento», puntualizó Ynaraja.
A este desalentador contexto se suma un hecho no menor: por decisión de la Unión Europea, se modificó la legislación y se determinó que la comercialización de los zooterápicos quede en manos de los servicios farmacéuticos.
Las disertaciones de Enrique Ynaraja en la última edición del Congreso de AVEACA, en Buenos Aires, tuvieron como objetivo derribar ciertos mitos sobre la especialidad. En una primera etapa, se consideraron los grupos más importantes de arritmias en perros y el protocolo que se debe utilizar para identificarlas y tratarlas, así como también la posibilidad de conocer las que representan casos terminales y suelen generar una frustración en el veterinario.
«Revisamos las sencillas para que puedan enfrentarlas y las otras para que sigan pautas y comprendan que si no obtienen buenos resultados, no siempre es culpa del profesional. El objetivo fue quitarles el miedo que sienten al tomar decisiones frente al tratamiento de la arritmia», sostuvo el español.
Además, si el clínico general se interioriza en este tipo de enfermedades -y cuenta con el equipamiento necesario- puede ayudar a numerosos pacientes, ya que en el 95% de los casos se topa con arritmias sencillas de tratar. Parte del porcentaje restante puede ser resuelto por especialistas, mientras que -en algunos casos- se trata de casos terminales. Además, el veterinario resaltó que el electrocardiógrafo necesario para el diagnóstico no representa costos «astronómicos». Tiene un valor inferior respecto a otros equipos -el profesional lo sitúo en aproximadamente mil dólares- y se amortiza rápidamente, teniendo en cuenta su larga vida útil.
Los gatos no son perros pequeños
«Al egresar de la facultad, los veterinarios se encuentran con una cifra comparable de consultas sobre perros y gatos. Pero en otras épocas, uno se formaba atendiendo canes. Es necesario cambiar la mentalidad y el enfoque cuando se trata de un felino», explicó Ynaraja.
Como analizó el experto, las cardiologías de perros y de gatos se diferencian en torno a enfermedades más frecuentes, síntomas, presentación, evolución, tratamiento y pronóstico. A modo de ejemplo, mencionó: «Los gatos con problemas cardíacos no tosen. Este es el primer síntoma que presentan los perros, porque generalmente el 70 u 80% de las enfermedades cardíacas se producen en canes de edad avanzada por problemas degenerativos de las válvulas del corazón. En los felinos, este caso no se da prácticamente nunca: presentan patologías cardíacas que no tienen problemas valvulares». Por otro lado, en perros, el 80% de los problemas de corazón pueden manejarse sin recurrir a pruebas complejas como ultrasonidos; pero esto no es así en gatos, que además presentan mayores inconvenientes a la hora de prescribirles fármacos.
«Era una fuente de ingresos y ha desaparecido. Es una legislación restrictiva, porque sólo se puede vivir de los ingresos por honorarios profesionales, que encima se tornaron más costosos sin repercutir en ganancias. El propietario sólo ve cuantos dólares más paga y eso le obliga a replantearse la atención veterinaria y los cuidados preventivos que le da a su mascota. Y, desgraciadamente, se nota», sentenció el especialista.
Siguiendo la ley 13/2007, que rige en España, quien prescribe no vende.
Es un sistema que pretende ejercer un control frente a conductas antiéticas como la venta de medicamentos regida meramente por criterios comerciales. Como quien prescribe no gana plata por ello, va a prescribir lo que verdaderamente se necesita. Y el que vende, sólo puede comercializar aquello que está prescrito. En la teoría, suena lógico.
Sin embargo, adentrándose en su aplicación, comienzan a presentarse ciertos problemas. Al respecto, Ynaraja resaltó: «El mercado de medicamentos veterinarios en España no le interesa a los farmacéuticos: no lo trabajan bien, no están preparados para asumirlo». El profesional marcó la existencia de una clara grieta entre la filosofía legislativa y la realidad.
Los dueños de los animales se ven inmiscuidos en un problema, ya que el local que expende medicamentos puede no tener el que se pidió específicamente. «Pareciera que los funcionarios pierden contacto con la realidad. Que una farmacia normal tenga que tener en stock todos los medicamentos para perros y gatos existentes, y almacenados no se sabe cuántos cientos de miles de medicamentos para corderos por si ocurre un brote de coccidiosis, es irrisorio», sostuvo.
Volviendo a un punto ya mencionado, la preocupación que acecha a ciertos veterinarios españoles es no poder contar con la fuente de ingresos que le representaría la venta de zooterápicos al público para contrarrestar las consecuencias de la crisis española que se atraviesa. Y no, precisamente, porque su visión sea antiética, sino por causas meramente lógicas: si una veterinaria deja de ser rentable, cierra.

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