Para continuar, suscribite a Motivar. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEA comienzos de octubre se realizó -en Madison, Estados Unidos- una nueva edición de la World Dairy Expo. Allí se reunieron los principales referentes de la industria láctea mundial, incluido un grupo de representantes argentinos. Entre ellos estuvo presente Oscar González, director de la división Sanidad Animal de Boehringer Ingelheim, con quien este Periódico MOTIVAR pudo dialogar.
«Los motivos por los cuales la empresa participó del evento fueron dos. Por un lado, acompañar a nuestro compatriota Pedro Testa -fundador de la empresa Reproductores, también integrante del Grupo Proleche- a quien se distinguió como la personalidad internacional del año por su trabajo en la difusión de los avances genéticos en Argentina, vinculado con la inseminación artificial y los cruzamientos correctivos, entre otros», explicó González. Y agregó: «También fue importante asistir al encuentro con los ganadores de nuestro Premio Mamyzin para que puedan apreciar las últimas tendencias mundiales. De la muestra participan más de 850 empresas que ofrecen tecnología específica para la producción y se ofrece la posibilidad de apreciar más de 2.500 vacas de distintas variables genéticas».
Claro que esto no fue todo, ya que más allá de poder intercambiar opiniones con técnicos y productores locales respecto de la falta de acuerdo sobre los presupuestos que -por aquellos días- bloqueaba y «cerraba» el Gobierno de los Estados Unidos, en la previa a la Expo desde Boehringer se generó el ámbito para recorrer una serie de tambos ubicados en Illinois y Wisconsin.
Antes de introducirnos en las visitas propiamente dichas, corresponde mencionar que el país del Norte dispone de unos 53.000 tambos, con 9 millones de vacas que logran una producción individual estimada en 9.000 litros al año. Otro dato interesante tiene que ver con que el número de unidades productivas se ve cada vez más concentrado en aquellos que disponen más de 2.000 vientres.
Para ser más concretos: en el 2% de los tambos se concentra el 50% de la producción local. «Los altos precios no les aseguran una mayor rentabilidad si se tienen altos costos. La eficiencia es la clave para crecer y en ese objetivo es esencial avanzar hacia una mayor escala», explicó nuestro entrevistado.
Interesante es mencionar que, detrás de California, Wisconsin es el segundo Estado en producción de leche. Allí se logran 11.800 millones de litros anuales, con 1,3 millones de vacas, en 12.000 tambos (105 vacas por tambo, en promedio).
Boehringer recorrió junto con los ganadores de la última edición del Premio Mamyzin unos 10 tambos ubicados en la zona de Illinois y Wisconsin, donde la actividad lechera se integra con la producción agrícola, principalmente de maíz.
«Pudimos ver que las explotaciones más tradicionales son llevadas adelante por sus propios dueños (matrimonio e hijos), los cuales viven en el establecimiento y trabajan en la producción entre 10 y 14 horas diarias», explicó González, al tiempo que profundizaba en cuanto al rol de cada uno de los integrantes de la familia.
«Es común que uno de los hijos se especialice en temas de nutrición, mientras que son las mujeres las que se ocupan de guacheras que se encuentran bajo techo y disponen de ambiente controlado de temperatura», agregó.
Vale mencionar también que estos «farmers» norteamericanos padecieron no sólo la crisis económica de 2009, sino también una dura sequía a lo largo de 2012, razón por la cual el hecho de ser eficientes en el manejo de la rentabilidad de su negocio cobra un rol trascendental para la viabilidad de los tambos.
«Recorrimos establecimientos con entre 500 y 1.000 vacas en producción, cuyas principales preocupaciones están ligadas a las regulaciones en materia de tratamientos de efluentes, tema que -en algunos casos- genera demoras en las aprobaciones oficiales para el uso de nuevas instalaciones. A ello también se suma la falta de personal», explicó el directivo. Y agregó: «Los problemas más comunes de la producción son similares a los nuestros: las enfermedades podales ocupan un lugar destacado dentro de ellos».
En este sentido, los profesionales, tamberos y productores argentinos pudieron presenciar el trabajo realizado por un grupo de técnicos en un potro neumático, llevando adelante el «service» de patas en los animales. «Son acciones que se realizan de rutina y que requieren de una inversión de entre US$10 y US$ 16 por animal; se realizan cuando se genera un inconveniente o bien al momento del secado de las vacas», sostuvo el representante de Boehringer.
Otro de los temas que llamó la atención del contingente argentino fue el uso de anticuerpos no solamente calostral sino también por vía medicamentosa, con el objetivo de asegurar la inmunidad del terneros desde el punto de vista terapéutico.
«Más allá de que pudimos ver que la intensificación es una realidad innegociable, en algunos casos también se pueden apreciar acciones de selección genética por resistencia a las mastitis, los cuales están dando resultados», agregó.
A lo largo de la visita, el grupo argentino también visitó la Universidad de Wisconsin, donde Pamela Ruegg compartió una serie de mensajes centrales referidos a las mastitis. «Una vez más, se nos dejó en claro que si bien tratar las mastitis representa un costo para el productor, prevenirlas sigue siendo una muy buena inversión, aplicando medidas como el sellado y la desinfección de pezones y fundamentalmente el secado terapéutico», resumió Oscar González.
Otro de los temas destacados estuvo ligado al uso de protocolos para distintas acciones en los tambos visitados. «Lo más interesante es que -al menos en el caso de la región de Madison- los mismos son establecidos por los departamentos de extensión de la Universidad. De esta manera, todos aquellos que intervienen con los animales o con los servicios que ellos requieren saben perfectamente qué y cómo deben hacerlo», explicó el entrevistado.
También sorprendió a los argentinos el vínculo que percibieron entre la producción y la electrónica.
Es que pudieron ver cómo todos los rodeos disponían de collares o chips individuales, no sólo para identificar a las vacas en producción, sino también para seguir su actividad ruminal, de celo y de los parámetros productivos.
«Los productores hacen un control electrónico de estos parámetros (también según un protocolo) y es así como determinan cuáles son los animales que tienen un problema para solicitar el asesoramiento específico de un veterinario», mencionó. Pero esto no es todo, ya que según los visitantes existen también sistemas más avanzados en los puntos de ordeño, con los cuales se miden muestras de leche y se realizan análisis para determinar la potencial problemática que puede tener una vaca en el futuro. Vale mencionar que en esos lugares ya se trabaja en una conexión ´on line´ para que los resultados que se logren estén disponibles en las universidades de la región en cuestión.
Por último, Oscar González destacó el alto nivel de reemplazo de vacas que implementan los productores cuyos tambos recorrió el grupo argentino.
«En estos tambos generalmente la reposición es propia. Sin embargo, los farmers que hacen la diferencia son aquellos que producen vaquillonas no sólo para su rodeo, sino también para comercializar a terceros. Estos son los que hoy marcan la diferencia», concluyó el representante de Boehringer Ingelheim.
