La cría de búfalos se consolida como una opción estratégica para diversificar la ganadería en Corrientes, transformando suelos inundables en áreas de alta productividad. Esta especie aprovecha al máximo los recursos de zonas ribereñas y humedales del Iberá, donde el ganado vacuno tradicional encuentra limitaciones. El sector de búfalos registra una expansión sostenida del 15% anual.
La Asociación Civil Búfalos del Iberá, impulsada por una convocatoria del INTA de Ituzaingó, Corrientes, ha sido clave en este desarrollo. Cristian Burna, presidente de la Asociación, detalló que el stock de búfalos en el departamento Ituzaingó pasó de 3.000 a 13.000 cabezas en cinco años. La entidad, que comenzó con nueve miembros, ahora cuenta con 36 productores asociados.
Las características geográficas de la región, con suelos bajos o muy inundables en los bordes de los Esteros del Iberá y el margen del río Paraná, son ideales para la producción bubalina. En estos ambientes, la cría de vacunos presenta una producción muy baja o deficiente, lo que resalta la ventaja competitiva de los búfalos.
Alta eficiencia y rusticidad en la producción bubalina
El búfalo se distingue por su asombrosa capacidad de conversión alimentaria, digiriendo pastizales ordinarios y de baja calidad para transformarlos en proteínas. Mientras que las vacas en la región de Ituzaingó apenas alcanzan un 40% de procreo, el búfalo registra índices de destete de entre el 70% y 75% en el mismo ambiente restrictivo.
A su adaptabilidad natural se suma una notable rusticidad sanitaria, ya que no sufre por bicheras ni es afectado por garrapatas. Además, tienen una longevidad extrema, con madres que extienden su vida útil hasta los 25 años, logrando dejar entre 16 y 18 crías por vientre. Un bubillo genera entre 80 y 100 kilos de diferencia a favor en comparación con un ternero vacuno tradicional.
Ciclo completo y valor agregado de la carne
Históricamente, los campos bajos correntinos obligaban a los productores a malvender el ternero para su recría y engorde en otras regiones. Con el búfalo, es posible realizar el ciclo completo en origen. Los animales se destetan a los 9 o 10 meses con 240 kilos, y alcanzan los 420 a 450 kilos listos para faena a los dos años de vida, alimentados exclusivamente a base de campos naturales.
Cristian Burna señaló que algunos productores eligen hacer la terminación en suelos superiores con pasturas, logrando una terminación perfecta. Esto reduce la necesidad de importar carne fría al departamento, ya que el animal vacuno no se termina en invierno en la zona, pero el búfalo sí.
La producción regional ya no solo comercializa cortes envasados al vacío, hamburguesas y chorizos. En los últimos meses, el sector se expandió hacia la elaboración de subproductos gourmet, como salames artesanales y quesos de pequeños tambos bubalinos, con alta aceptación en ferias.
El rodeo correntino de búfalos, liderado por las razas Murrah y Mediterráneo, abastece un mercado interno en crecimiento. La carne de búfalo tiene un sabor muy similar al vacuno, pero con ventajas nutricionales críticas: posee un 40% menos de colesterol, más hierro y un mayor nivel de proteínas.
Burna mencionó que un productor de la Asociación incursionó en subproductos como salames y quesos de búfalos hace 8 o 10 meses, con muy buena aceptación. Esto demuestra el crecimiento en productos derivados de la carne y la leche.
Un trabajo importante está realizando la familia Mayer-Silva, quienes lideran en Paso Florentín (cerca de Caá Catí, Corrientes) el único centro de inseminación artificial de búfalos de Argentina y el primero de América Latina.
El búfalo ha dejado de ser una alternativa de subsistencia para consolidarse como un motor económico y de producción sustentable en el subtrópico húmedo argentino.
FUENTE: AgroSitio