Una reciente revisión científica ha puesto en evidencia que la erradicación mundial de la peste de los pequeños rumiantes para el año 2030 es improbable. Este objetivo, establecido por la FAO y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), enfrenta obstáculos significativos que comprometen la Sanidad animal global, especialmente en las poblaciones de ovinos y caprinos.
Los investigadores señalan que la principal dificultad no reside en la eficacia de las vacunas existentes, sino en los desafíos para su aplicación efectiva y el mantenimiento de una inmunidad sostenida en los rebaños. Entre los factores críticos se identifican las limitaciones en la cadena de frío, que dificultan la conservación y distribución de las dosis, así como las deficiencias en los sistemas de vigilancia epidemiológica, que impiden una detección temprana y precisa de los brotes. A esto se suman los constantes movimientos transfronterizos de animales, que facilitan la propagación del virus entre regiones y países.
La movilidad de los rebaños, el comercio informal y los conflictos en diversas regiones contribuyen a la circulación persistente del virus. Estos elementos pueden generar nuevas introducciones de la enfermedad incluso en áreas donde previamente se había logrado un control efectivo, dificultando los esfuerzos de erradicación de estas enfermedades infecciosas. La complejidad de estos factores hace que la meta de 2030 sea cada vez más difícil de alcanzar sin cambios sustanciales en las estrategias actuales.
Nueva hoja de ruta para la vacunación
A pesar de los desafíos, los expertos sostienen que la erradicación de la peste de los pequeños rumiantes sigue siendo técnicamente posible. Sin embargo, proponen que el año 2030 sea considerado un hito intermedio y que se desarrolle una nueva hoja de ruta por fases para alcanzar el objetivo final. Esta estrategia post-2030 debería enfocarse en reforzar la vacunación intensiva en las zonas de mayor riesgo, donde la prevalencia del virus es más alta o las condiciones socioeconómicas dificultan el control.
Además, la nueva fase requeriría una mejora sustancial en la detección de focos residuales del virus, utilizando herramientas de diagnóstico más avanzadas y una red de vigilancia más robusta. También es crucial un incremento en la coordinación regional e internacional para evitar reintroducciones del patógeno y asegurar que los esfuerzos de control sean sostenibles a largo plazo, consolidando así los avances en la Sanidad animal de los pequeños rumiantes y protegiendo la producción agropecuaria.
FUENTE: Animal's Health