Las lluvias persistentes afectan los sistemas de producción de leche, comprometiendo el bienestar animal y la operatividad de los establecimientos. Ante la previsión de que El Niño intensifique las precipitaciones, un informe de la Federación Internacional de Lechería (FIL) reúne recomendaciones para anticiparse al barro y adaptar el manejo del rodeo en el tambo.
El problema no se limita a la cantidad de agua caída, sino al tiempo que los suelos permanecen saturados y los sectores que se vuelven intransitables. Caminos deteriorados, corrales embarrados y accesos complicados pueden demorar el traslado de los animales, dificultar la distribución de alimentos y generar inconvenientes para el ingreso de maquinaria y el retiro de la leche. Estas condiciones también impactan al personal, que debe dedicar más tiempo a la limpieza y el mantenimiento, con un aumento de los riesgos de accidentes.
El barro no es solo un inconveniente operativo, sino que afecta directamente el bienestar animal. Las superficies húmedas y sucias dificultan el desplazamiento, deterioran la higiene y desalientan el descanso. Un experimento controlado citado en el informe mostró que vacas multíparas en condiciones de mayor barro descansaron 3,2 horas en 24 horas, frente a 12,5 horas cuando dispusieron de suelo seco. La suciedad persistente incrementa la exposición de ubres y pezones a patógenos ambientales, mientras que la humedad y el mayor tiempo de los animales de pie pueden agravar los problemas podales.
Anticipación y planificación en el tambo
La primera medida fundamental es la anticipación. Antes de la llegada de las lluvias más intensas, es crucial reparar baches, consolidar los sectores críticos de los caminos y revisar las pendientes, desagües y alcantarillas para facilitar la evacuación del agua. La FIL sugiere prestar especial atención a los lugares de concentración del tránsito animal, como entradas a potreros, tranqueras, alrededores de bebederos y comederos, y corrales de espera, donde el pisoteo genera barro rápidamente.
La planificación debe incluir un mapa de los sectores propensos a anegarse, rutas alternativas para el movimiento de las vacas y potreros con mejores condiciones de piso para uso en emergencias. Es igualmente importante proteger las reservas de forraje y los alimentos de la humedad, revisar los sistemas de bombeo y prever el manejo de los efluentes durante el período de lluvias. Organizar las tareas para reducir movimientos innecesarios de animales y maquinaria contribuye a disminuir riesgos para el personal y evitar daños adicionales en las pasturas.
Impacto en el bienestar animal y la producción láctea
Si un potrero o corral se vuelve intransitable, o si las vacas carecen de condiciones adecuadas para echarse, es necesario habilitar una alternativa que ofrezca piso seguro, agua, alimento y un espacio seco y confortable para el descanso. Trasladar los animales a superficies duras puede mitigar el problema del barro, pero la permanencia prolongada sobre hormigón desnudo también puede restringir el descanso. Por ello, la solución debe considerar tanto la circulación como las condiciones de reposo.
La alimentación también requiere ajustes. Cuando el barro impide el acceso normal a las pasturas, puede ser necesario aumentar la suplementación y reformular las dietas según los recursos disponibles. Las reservas deben mantener su calidad e inocuidad, y los cambios de ración deben evitarse de manera brusca. El informe advierte sobre el riesgo de acidosis ruminal subaguda al reemplazar una proporción importante del forraje por concentrados ricos en almidón. Los ajustes deben considerar el aporte energético, la fibra físicamente efectiva y el equilibrio general de la dieta.
Cuando las vacas llegan al tambo con ubres y pezones muy sucios, la preparación antes del ordeño adquiere mayor relevancia. La suciedad debe removerse, y si se utiliza agua, debe ser limpia y a baja presión, con un secado completo antes de colocar las pezoneras. El lavado indiscriminado de toda la ubre no es recomendable. Simultáneamente, se debe mantener la desinfección posterior al ordeño y reforzar la vigilancia de mastitis, rengueras y lesiones podales. La detección temprana de problemas permite actuar antes de que se agraven, evitando tratamientos antibióticos preventivos indiscriminados. El agua de bebida, el funcionamiento de los sistemas de manejo de efluentes y la seguridad de los trabajadores también deben ser parte de los controles diarios para asegurar la producción láctea y el bienestar animal.
FUENTE: Bichos de Campo