El delito de abigeato continúa afectando a la ganadería en Corrientes, especialmente en los departamentos que limitan con Brasil. Se ha denunciado la operación de "mafias organizadas" que, en los últimos años, han provocado que unas 60.000 hectáreas históricamente destinadas a la producción ganadera hayan cesado su actividad o se hayan reconvertido a la forestación.
Ante esta situación, la semana pasada se realizó una reunión en Santo Tomé, Corrientes, con la participación de representantes de la Policía provincial, Prefectura Naval Argentina y la Brigada Militar de Río Grande do Sul. Durante el encuentro, se acordó fortalecer el trabajo conjunto para enfrentar los robos de ganado que impactan a los productores de la zona fronteriza, particularmente en Santo Tomé y Alvear. La Policía Rural e Islas y Ambiente Rural (PRIAR) indicó que el eje central fue analizar los casos de abigeato registrados en la costa del río Uruguay, especialmente aquellos con posible participación de cuatreros provenientes de Brasil.
Carlos Roldán, presidente de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes (ASRC), afirmó que los problemas en la frontera son "muy graves" y están relacionados con bandas organizadas tanto del lado argentino como del brasileño. Señaló que, en ocasiones, el objetivo no es solo el robo de animales, sino desplazar al productor agropecuario para liberar campos con otros fines delictivos. Esta persistencia del abigeato ha llevado a la transformación de áreas tradicionalmente ganaderas, como los 20 kilómetros de la ruta 36 en Alvear, donde la actividad ha disminuido significativamente en los últimos 5 o 6 años.
Impacto del abigeato en la ganadería regional
Marco Grisetti, presidente de la Sociedad Rural de Santo Tomé, describió que el departamento ha sido "asediado" por el abigeato durante más de 40 años, pero que en el último tiempo operan "mafias organizadas" con una logística e inteligencia superiores a las de las fuerzas de seguridad. Estas redes incluyen desde entrenadores de hacienda reclutados en los campos hasta empresas de transporte, lugares de faena clandestina y bocas de expendio estratégicamente distribuidas. Los robos suelen ser de más de una cabeza, a menudo jaulas enteras, generando grandes faltantes en los recuentos mensuales.
Grisetti enfatizó que la costa del Uruguay es una zona particularmente afectada, con golpes que implican la faena de 7 a 10 animales por vez, lo que sugiere la participación de delincuentes brasileños en vinculación con mafias locales. Consideró que las fuerzas de seguridad provinciales y nacionales carecen de la estructura necesaria para combatir eficazmente este problema, señalando la falta de vehículos, tecnología y, sobre todo, trabajo de inteligencia. Sugirió una colaboración más estrecha con los municipios para atacar el flagelo desde sus bases, controlando las bocas de expendio y los locales de faena clandestina.
Álvaro Pellegrini, productor agropecuario de Santo Tomé e integrante del Foro de Seguridad Rural Argentino, destacó que la inseguridad ha resurgido tras el abandono de un puesto de vigilancia de Prefectura en el Paraje Cuay Grande. Aunque se realizan operativos policiales y de Prefectura, la falta de presencia permanente en el lugar permite que el robo de hacienda persista, afectando a toda la zona. En un incidente reciente, se faenaron 8 cabezas en un solo campo a 3.000 metros del puesto abandonado, y 2 más al día siguiente en el mismo lugar.
FUENTE: Clarin Rural