La American Animal Hospital Association (AAHA) publicó sus nuevas Guías 2026 para el manejo de la diabetes en perros, actualizando las recomendaciones para el diagnóstico veterinario, tratamiento y seguimiento de la enfermedad. Este documento incorpora los últimos avances en insulinoterapia y control de la glucosa, diferenciando por primera vez las pautas para perros y gatos.
La actualización de la AAHA responde a los significativos progresos en el manejo de la diabetes mellitus canina, especialmente en las opciones de tratamiento con insulina y las herramientas disponibles para la monitorización de la glucosa. La organización subraya que los perros desarrollan una forma de diabetes caracterizada por una deficiencia absoluta de insulina, lo que hace indispensable el tratamiento con insulina exógena de por vida.
Entre los cambios más relevantes, las guías destacan la creciente disponibilidad de monitores continuos de glucosa y el uso de insulinas basales de acción prolongada, como la degludec y la glargina U-300. Estas nuevas opciones pueden permitir, en algunos casos, una administración diaria de insulina, simplificando el manejo para los propietarios y mejorando la calidad de vida de los pacientes.
Para el diagnóstico veterinario de la diabetes mellitus en perros, la AAHA establece la documentación simultánea de hiperglucemia y glucosuria, junto con los signos clínicos característicos. Se considera un criterio una glucemia igual o superior a 200 mg/dL, acompañada de glucosuria y signos clínicos clásicos como poliuria, polidipsia, polifagia y pérdida de peso. Una evaluación diagnóstica integral es recomendada para detectar alteraciones metabólicas o enfermedades concomitantes.
En cuanto al tratamiento, la AAHA reitera que todos los perros diabéticos requieren insulina exógena, recomendando iniciar la terapia el mismo día del diagnóstico. Las nuevas guías enfatizan las insulinas basales de acción prolongada, como la degludec y la glargina U-300. Estas ofrecen un perfil de acción más plano y una duración prolongada, lo que puede reducir la variabilidad glucémica y, en algunos casos, permitir una única dosis diaria.
La monitorización continua de glucosa (CGM) representa otra transformación clave. Los sistemas CGM registran la glucosa intersticial durante varios días, ofreciendo una visión más completa de la respuesta del paciente al tratamiento. Dispositivos como FreeStyle Libre son mencionados, aunque la AAHA aconseja cautela y confirmar valores bajos con un glucómetro calibrado para uso veterinario, dado que estos monitores no están específicamente calibrados para pacientes animales.
Un punto central de las recomendaciones es que el objetivo principal del tratamiento es controlar los signos clínicos, mantener un peso corporal adecuado y evitar complicaciones como la hipoglucemia, más que lograr un control glucémico extremadamente estricto. Un perro se considera bien controlado si no presenta poliuria, polidipsia ni polifagia, y su peso corporal es estable. La Dra. Audrey K. Cook, miembro del grupo de trabajo, enfatiza la importancia de los monitores continuos de glucosa y el conocimiento sobre insulinas de acción prolongada.
Finalmente, el manejo nutricional constituye un pilar fundamental de las nuevas guías de nutrición veterinaria. Su propósito es alcanzar o mantener un peso corporal ideal y contribuir a la reducción de la hiperglucemia posprandial. La AAHA sugiere ventajas de los alimentos húmedos frente a los secos, como un menor contenido de carbohidratos simples y un mayor contenido de agua, factores que pueden ser beneficiosos para el control de la diabetes.
FUENTE: Animal's Health