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Nuevas perspectivas

Avances en Medicina felina para el manejo de la enfermedad renal crónica

Un especialista en Medicina felina detalla estrategias innovadoras para tratar anemia, anorexia y controlar el fósforo en gatos con enfermedad renal crónica.

1 de julio de 2026 - 13:25

La enfermedad renal crónica (ERC) en gatos es una de las afecciones más frecuentes en la práctica de la Medicina felina, y su manejo requiere un enfoque integral. Un experto en la materia, Mark J. Acierno, DVM, MBA, DACVIM (SAIM), compartió con DVM360 estrategias actualizadas para abordar la anemia, la pérdida de apetito y el control del fósforo en pacientes felinos con esta condición.

Tradicionalmente, la anemia asociada a la ERC se ha tratado con fármacos como Epogen y darbepoetina. Si bien Epogen es accesible, puede inducir la formación de anticuerpos que destruyen tanto el fármaco exógeno como la eritropoyetina endógena, empeorando la anemia. La darbepoetina, por su parte, no se asocia con la misma respuesta autoinmune. Recientemente, ha surgido Varenzin-CA1, un medicamento con aprobación condicional que busca restaurar la producción endógena de eritropoyetina en el organismo del gato.

El manejo de la anorexia y las náuseas en gatos con ERC implica tanto estrategias de alimentación como farmacológicas. En cuanto a la alimentación, se recomienda ofrecer comidas pequeñas y frecuentes, así como rotar las dietas para mantener el interés del paciente. A nivel farmacológico, aunque el maropitant es un antiemético eficaz, estudios sugieren que no mejora significativamente el apetito o el aumento de peso. En contraste, la mirtazapina, disponible en formulación transdérmica, no solo reduce las náuseas sino que también promueve el aumento de peso. Otra opción es Elura, un fármaco que ha demostrado incrementar el apetito en gatos.

FGF-23 y el control de fósforo en felinos

Un avance significativo en el manejo de la ERC es la comprensión del factor de crecimiento de fibroblastos 23 (FGF-23). Anteriormente, la restricción dietética de fósforo se iniciaba cuando los niveles plasmáticos de este mineral ya estaban elevados. Sin embargo, investigaciones recientes indican que el cuerpo mantiene niveles normales de fósforo a expensas de un aumento en la producción de FGF-23, que estimula al riñón a excretar el exceso. Este proceso de excreción forzada, sin embargo, puede dañar los riñones. La medición de FGF-23 permite determinar el momento óptimo para iniciar la restricción de fósforo, con la literatura sugiriendo un nivel superior a 400 como indicador. Además, el monitoreo de FGF-23 post-intervención ayuda a evaluar la efectividad de la dieta y la necesidad de terapias más agresivas, como el uso de quelantes de fósforo.

La implementación de estas estrategias farmacológicas y de nutrición veterinaria, basadas en la evidencia, es fundamental para mejorar la calidad de vida y prolongar la supervivencia de los gatos afectados por la enfermedad renal crónica.

FUENTE: DVM360

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