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IMPACTOS INDESEADOS EN EL MERCADOS INTERNACIONAL

Suspensión a frigoríficos locales: ¿sigue el Ractopaminagate?

Rusia sancionó a cinco establecimientos argentinos por detectar ractopamina en envíos de carne vacuna. La industria ganadera teme y la porcina presiona. ¿Por qué aquí no se puede usar y sí lo hacen otros?

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

A comienzos de diciembre, Rusia decidió restringir las importaciones de carne bovina provenientes de cinco frigoríficos argentinos porque, según declaraciones del Servicio Federal de Control Veterinario y Fitosanitario (Rosseljoznadzor), se encontró ractopamina en la carne.
La medida fue tomada en base a la prohibición que existe en aquel país en cuanto a importar carnes en las cuales se haya empleado este producto y entró en vigencia el 18 de diciembre. También afectó a frigoríficos paraguayos. El impacto para la Argentina puede ser realmente grande.
Todavía no están echadas las últimas cartas; las conversaciones entre los rusos y el Senasa están en curso.
Pero la industria está expectante.
La Federación Rusa es hoy uno de los principales destinos de la carne vacuna argentina. Además de los cinco sancionados, hay 41 frigoríficos nacionales que exportan productos bovinos a ese país, y la expectativa es que el mercado siga creciendo en el corto y mediano plazo. De comprobarse la presencia de ractopamina en la carne argentina, se correría el riesgo de perder otros mercados, como los de la Unión Europea, cuya política al respecto es clara: el uso de la ractopamina está prohibido.

¿Qué es?

La ractopamina es un promotor de crecimiento que favorece la productividad en el último tramo del engorde del animal al mejorar la conversión del alimento en carne. Ofrece ventajas como aumentar el tejido magro en 34% y la deposición de músculo en 24%. Se utiliza principalmente en la industria porcina, ya que es la única en que los beneficios justifican la inversión: por su alta eficiencia.
En Estados Unidos este insumo fue aprobado en diciembre de 1999 por la Administración de Alimentos y Medicamentos, y también se utiliza en otros más de 20 países.
Sin embargo, en la Unión Europea y 150 países está prohibida, junto con el resto de los betaadrenérgicos, por considerarse nocivo para el consumo humano.

¿Qué pasa en la Argentina?

La Argentina fue un país libre de ractopamina hasta el 2011, cuando Julián Domínguez, en ese entonces Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, firmó la resolución 1458 en la que se excluyó a esta tecnología sanitaria de la lista de betaadrenérgicos, una clasificación de promotores de crecimiento que están prohibidos para su uso en la ganadería argentina.
Esa resolución, en cuya promulgación fue clave el rol de la Asociación Argentina de Productores Porcinos, aclara en su artículo 1º que está permitida “exclusivamente para su uso en cerdos”.
Pero en su artículo 2º señala que: “La comercialización y el uso exclusivo de la ractopamina en cerdos requiere la aprobación por la autoridad de aplicación, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, de un Programa de Trazabilidad que regulará el canal comercial que el producto deberá seguir a los fines de garantizar su uso”.
Y aclaraba que el decreto reglamentario debía ser aprobado en un plazo de 120 días.
Si bien, tal como establece la norma, el Ministerio y el Senasa, con la colaboración de la AAPP, empezaron a trabajar en la elaboración del sistema de trazabilidad requerido, el proyecto quedó frenado a instancias de las presiones de los productores de ganadería bovina, quienes entendían que la medida dificultaría sus exportaciones a la Unión Europea, donde la ractopamina está prohibida junto con el resto de los betaadrenérgicos.
Es decir, en la Argentina la ractopamina no está prohibida pero tampoco está habilitada.
Esta situación afecta directamente a los productores porcinos, quienes no pueden usar este promotor del crecimiento, mientras que está permitido el ingreso de carne desde Brasil, por ejemplo, donde el uso es moneda corriente, generando una competencia desigual.
La Asociación Argentina de Productores de Porcinos (AAPP) declaró que “en estos años de idas y venidas y sin poder usarlo localmente, continuó el ingreso de carne proveniente desde Brasil donde a los cerdos sí se les da ractopamina, generando una competencia desleal que si se cuantifica en diferencial, puede llegar al 30%”.

Futuro incierto

Vale la pena destacar también que, en el pasado, Rusia recurrió a la ractopamina y a las inquietudes que genera en los mercados internacionales para favorecer negociaciones de precio o de habilitaciones.
Esto ocurrió a fines del 2017, cuando el país de Europa Oriental pujaba por abrir los mercados de pescados y de trigo de Brasil. En ese momento, en coincidencia con lo que hoy atraviesa la industria argentina, Rusia detectó ractopamina en una serie de envíos y suspendió las importaciones del gigante del Mercosur.
La consecuencia de esta medida la sufrieron los criadores de cerdo debido a la caída del precio pagado por animal vivo después del embargo ruso.
MOTIVAR consultó a funcionarios del Senasa, quienes confirmaron que la suspensión de los cinco frigoríficos implicados está en firme.
Además, el organismo está elaborando la información solicitada por Rusia en la última reunión por video conferencia. A partir de allí, será necesario esperar si los rusos adoptan alguna medida o si requieren más información.
Quedan por conocerse los resultados de estos intercambios y qué resolución tomarán las nuevas autoridades, si es que toman alguna, respecto del permiso o prohibición de la ractopamina en el país.

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